Muerte a la excepción, viva la regularidad

Amamos el hype y el sobresalto. Nos encantan los héroes y los villanos, las grandes hazañas y las grandes tragedias, lo nuevo frente a lo gastado, lo desconocido frente a lo conocido, nos morimos por un buen titular, adoramos cualquier cosa que venga con el marchamo de ‘lo nunca visto’, cuanto más se grite es mejor y todo es o blanco o negro. Lo fuera de lo común es ahora nuestro común y la excepción es la norma. Nos movemos entre polos extremos, bueno o malo, útil o inútil, etc. y entre medias, la nada, un desierto donde ahogarse, donde no ser escuchado y sentirse invisible. Un lugar poco recomendable en unos tiempos donde se elevan a los altares la marca personal, la visibilidad, la relevancia y el ser encontrable en las redes. Somos buscadores ansiosos de retuits, recomendaciones, me gustas y nos encantaría habitar siempre en los primeros resultados de búsqueda. Esteroides para nuestro ego. Leer más “Muerte a la excepción, viva la regularidad”

Ni estamos locos ni sabemos lo que queremos. Recuperar la brújula interior

La sociedad del postmoralismo que denomina Lipovetzky o de la liquidez como la califica Bauman posee una característica fundamental que abarca todos los valores imperantes en la actualidad y afecta a cómo pensamos, sentimos, hacemos y nos relacionamos. La bipolaridad. Somos una sociedad capaz de decir lo suyo y lo contrario en un tan solo metro cuadrado. Se nos exige responsabilidad en el consumo y conciencia ecológica, pero por otra parte se nos pide comprar más porque es nuestro principal motor económico y quien sostiene el sistema. Se nos invita a darnos caprichos porque nos lo merecemos y a la vez aparece una cultura higienista que proclama la importancia de cuidarse más que nunca. Se nos empuja a vivir el presente y disfrutar el momento mientras se dibujan catastróficas imágenes del futuro que nos previenen de los peligros de preocuparse solo por el momento actual. Cultivamos nuestro interior, pero enseguida acudimos a las redes sociales para contar a los demás nuestros progresos. Hacemos de la intimidad el tesoro más preciado, pero la exponemos con pelos y señales en los distintos medios de comunicación y sociales. Queremos el Estado del Bienestar, pero entendemos que los impuestos son una carga de la que nos encantaría desprendernos. Leer más “Ni estamos locos ni sabemos lo que queremos. Recuperar la brújula interior”

La vida es demasiado seria como para tomársela en serio

Si hay un vencedor en los últimos tiempos en nuestra sociedad, ese es el drama. Hay drama en los medios de comunicación y las noticias, en los cada vez más frecuentes rumores que inundan las oficinas y el trabajo, en las relaciones sociales y sentimentales que mantenemos, en la idea de futuro y en la forma de vivir el presente. Los tiempos posmodernos han edificado parte de su acercamiento y entendimiento del mundo a través de la incertidumbre, el miedo y el drama. Lo dramático nos ayuda a empatizar con otras situaciones, nos sitúa en el lugar de otros, e incluso nos proporciona felicidad porque nos hace apreciar lo bueno que tenemos en nuestras vidas en comparación con esos dramas que se nos muestran. Sin embargo, cuando la dramatización se lleva al extremo y nos rodea de manera constante, los beneficios se tornan en desventajas. Nos convertimos en seres adictos a él y a esa sobre excitación emocional que mantiene en constante funcionamiento nuestra amígdala cerebral. Leer más “La vida es demasiado seria como para tomársela en serio”