¿Estancados?

Buena parte de la producción de Monet en sus últimos años tuvo en los estanques a uno de sus máximos protagonistas. Bellas estampas repletas de nenúfares con frondosos árboles que casi alcanzan el agua y se entremezclan con la maleza quedan reflejados en sus lienzos que retratan un escenario idílico e ideal, un paraíso embriagador en apariencia y superficie. Sin embargo, tras esa exuberante y aparente belleza, uno no puede dejar de observar la melancolía de una naturaleza casi artificiosa, limitada a un reducto que no fluye. Una naturaleza que vive pero que está detenida, que se reproduce pero que se encuentra limitada, que es consciente de su fragilidad, de su peligro cierto de desaparecer ante cualquier pequeño vaivén que seque sus aguas.

Y cuánto nos parecemos nosotros como sociedad a esos estanques bellos por fuera, esplendorosos, pero a la vez artificiosos y limitados por dentro. Un mundo en constante movimiento, en acción continuada que parece, paradójicamente, dejarnos siempre en el mismo lugar. Un universo ensimismado y obsesionado con su afán de exuberancia, pero que esconde tras de sí esa melancolía y tristeza de saberse limitado, de no tener más sentido que permanecer siempre allí. Un lugar que a primera vista atrapa y convence, pero que termina por angustiar. Leer más “¿Estancados?”

Cuando la intención es la acción

Dentro de la infinidad de paradojas que nos regala nuestro mundo actual, llama poderosamente la atención la curiosa relación alumbrada entre la acción y la intención. Habitamos un mundo en el que la actividad, el movimiento y el ponerse en marcha son valores al alza. En el que las personas de acción se han transfigurado en las principales referencias y espejos sociales. Son a ellas a las que parece que todos debemos que el mundo gire, que las cosas sucedan, que lo que se piensa e imagina tome forma y se haga realidad. Por el contrario, lo contemplativo, lo que es aparentemente estático, carece de esa idea de poder transformador que tiene la acción y de esa idea de dinamismo que tanto nos deslumbra. Leer más “Cuando la intención es la acción”

Todos somos un poco K

En El proceso de Kafka, K es sacado de su casa y detenido una tranquila noche sin saber muy bien a qué se debe. Se inicia un proceso contra él, sin conocer el acusado causas y razones por las que es enjuiciado. Todo el transcurrir de la obra es una lucha infructuosa por descubrir si quiera una circunstancia por la que está siendo procesado. Solo la necesidad justifica el proceso. Y sobre esa necesidad, se crea un artificio de leyes, normas, reglas, puestos, instituciones que funcionan de manera mecánica y autómata para perpetuar una situación que nadie sabe muy bien de dónde viene ni porqué. Y en esa dinámica, K empieza a aceptar su destino, comienza a resignarse y la culpa acaba conquistándole para al final llegar a asumir, entender e incluso justificar su propia ejecución. Leer más “Todos somos un poco K”

La mediocridad y el principio de Peter. Cuando todos somos mediocres potenciales

La mediocridad está en el ambiente, está en el aire. Podemos respirarla, escucharla y oírla, tocarla y palparla. Se ha instalado en nuestras percepciones y en nuestras conversaciones. Ahora todo parece ser mediocre sin salvación. Como si de una de las plagas bíblicas se tratara, tenemos la sensación de que ha asolado todo espacio y lugar, desde lo político a lo educativo, desde lo empresarial a lo cultural. Todo lo que nos rodea, nos dicen y decimos, es mediocre, salvo nosotros mismos, claro. La mediocridad es la nueva palabra refugio, y la mediocracia su nuevo sistema.

La mediocridad es el nuevo vocablo hegemón que nos domina. En el reino de lo mediocre, nos repetimos, poco importa lo que hagamos porque siempre toparemos con algún mediocre que arruinará cualquier idea o iniciativa. Esa visión sistémica y despersonalizada de lo mediocre que se impone nos coloca en una cómoda resignación, en un no hacer y no intentar. Los culpables son los otros, los mediocres. Leer más “La mediocridad y el principio de Peter. Cuando todos somos mediocres potenciales”

Cuanto peor, peor

Están por todas partes. En las empresas y grupos de trabajo, en la política y en las administraciones, en la cultura y en la educación, en los medios de comunicación y en las redes sociales, en nuestros círculos más íntimos… Son seres peculiares que parecen sentir una extraña alegría, muy cercana a lo masoquista, cuando aparecen las malas noticias. Se regodean y retozan en ellas. Disfrutan cuando aparecen y no dudan en realimentarlas, engordarlas y extenderlas. Las siembran y las crean cuando no existen. Su reino es el de la discordia, el malentendido y el rumor. Permanecen al acecho de la negrura para capturarla y expandirla, mientras se deslizan como pez en el agua por el lado oscuro de las cosas. Leer más “Cuanto peor, peor”

Lo real, lo financiero y las desigualdades

El mundo siempre ha sido desigual. La desigualdad es inherente a la vida, desde el momento en el que los seres vivos en general, y los humanos en particular, somos diferentes. Nuestra unicidad nos hace por fortuna distintos, pero nuestro ser único porta en su envés la desigualdad. La humanidad, desde la inclusión del ámbito privado en la esfera de lo social, ha ideado artificios y mecanismos para intentar rebajar las desigualdades, mientras potenciaba ese ser únicos de cada individuo. Una dinámica tensa, interrumpida a veces por la irrupción de acontecimientos diversos que ha dejado en nuestros días una concienciación y sensibilidad mayor que nunca a la hora de combatir esas desigualdades, pero a la vez una percepción de que los últimos tiempos vuelven a acrecentarla. Leer más “Lo real, lo financiero y las desigualdades”

La acción infinita y los modernos Penélope

Acción y reacción. Son estas dos palabras que capitalizan nuestra forma de ser y estar en la sociedad de nuestros días. Ser calificado como hombre o mujer de acción contiene siempre un cariz positivo e incluso de admiración. Nuestro mundo desarrollado no contempla la inacción. Nos exaspera, nos lleva a la desconfianza, la tildamos de poco útil y la consideramos de escasa productividad.  E indisolublemente unida a esa acción, surge la reacción o la contra acción como algo esperado y deseado. Entregados a la actividad frenética como forma característica y esencial de desempeñarnos, apenas podemos estar parados y consecuentemente, contraemos los tiempos entre la acción y la reacción a límites minúsculos. Leer más “La acción infinita y los modernos Penélope”