Mantente alerta con la experiencia. No es oro todo lo que reluce

Siempre hemos considerado la experiencia como un valor. “La voz de la experiencia” es una sentencia que todos aceptamos y a quien la posee le damos un plus de respetabilidad. Y es que la experiencia, que no es lo mismo que ser experto, nos proporciona confianza, seguridad y nos permite responder con rapidez, fiabilidad y eficacia a situaciones muy determinadas. Experiencia es garantía de sentirnos seguros, confiados y cómodos. Externamente, aporta tranquilidad y referencias a aquellos que nos rodean. Como un trabajado tesoro, la vamos acumulando a lo largo del tiempo y de los distintos acontecimientos que nos suceden.

En nuestro cerebro, se crean conexiones neuronales como si fueran autopistas que, a base de emplearlas de manera continuada, acaban mecanizándose y hacen que apenas sin reflexión ni esfuerzo, demos una respuesta veloz.

En definitiva, parece un estado ideal porque, sin apenas dificultad, somos capaces de resolver determinadas circunstancias (algo que nuestro cerebro siempre desea, economizar esfuerzos y ahorrar energía), interiormente nos mostramos cómodos y seguros, y externamente somos reconocidos y respetados.  Además, aparece otra variable que realza el valor de la experiencia que está relacionada con el concepto de coste hundido que tanto se maneja en la ciencia económica. Adquirir experiencia nos ha llevado una importante inversión de tiempo y de trabajo, así que salir de esa zona de experiencia supondría “en teoría” echar por la borda dicha inversión. Esto supone que sigamos invirtiendo en ella aunque la rentabilidad de la misma sea  mucho menor, y a veces negativa.

Sin embargo, no es oro todo lo que reluce y debemos mantenernos alerta respecto a algunos vicios que la experiencia lleva aparejados. Leer más “Mantente alerta con la experiencia. No es oro todo lo que reluce”

El fracaso está sobrevalorado. De falsos mitos acerca de lo que representa el fracaso en nuestros días

Observamos en nuestra sociedad un hecho contradictorio. De una parte, hemos entronizado al fracaso, hablamos de él como peaje inevitable e insoslayable para obtener el éxito, lo consideramos una escuela de vida y de aprendizaje, y lo identificamos como la auténtica fuente para desarrollar nuestra perseverancia y nuestra resistencia. Si cotizara en bolsa, sin duda alguna sería uno de los valores al alza. Hasta aquí, todo perfecto e idílico. El quiz de la cuestión viene cuando, si miramos con detenimiento, observamos que todas las historias de fracasos son contadas por personas que finalmente han tenido éxito. Como en una moderna recreación del famoso “viaje del héroe” griego, todo comienza con una serie de visicitudes y fracasos que con voluntad, tenacidad, tesón y enfoque se superan, y acaban tornándose en triunfo. Pero, ¿cuántas narraciones escuchamos de fracasos continuados que no acaban en éxito y que, lamentablemente, son las más numerosas? Cero tendente a cero. A todos nos gustan poco o más bien nada los finales poco felices. El fracaso tiene buena prensa cuando acaba en éxito y muy mala cuando continúa con otro fracaso. Como sociedad, volteamos nuestro rostro cuando nos encontramos con estos segundos casos y los dejamos solos ante el peligro, mientras en un ejercicio de malabarismo seguimos alabando el fracaso.

La coronación del fracaso es el mecanismo que nos hemos dado para encubrir una verdad dolorosa, y es que en el trono del “éxito socialmente prescrito” solo hay espacio para unos pocos, muy pocos. Y esto es complicado de hacerlo casar con la idea prevalente del “puedes conseguir lo que deseas”. Así que la solución que nos hemos dado como sociedad es calificar el fracaso como un peldaño más para el éxito. El resultado es una legión millonaria de personas frustradas porque no acceden a ese trono deseado, a pesar de que no dejan de ir peldaño tras peldaño. Error, aprendizaje, perseverancia, deseo o propósito, entre otras muchas, son maravillosas palabras que pervertimos porque las hemos usado para alcanzar un trono y un éxito que, quizás, no sea el que realmente queramos ni necesitemos. Hacemos una travesía estéril de fracaso en fracaso hacia un éxito que probablemente no deseemos. Leer más “El fracaso está sobrevalorado. De falsos mitos acerca de lo que representa el fracaso en nuestros días”

Videoblog. Cómo mejorar en lo que lo realmente nos importa

Navegar de manera armónica entre la zona de desempeño y la de aprendizaje, manejar las expectativas y fomentar la práctica deliberada son claves para mejorar nuestro rendimiento. Descúbrelo en este vídeo.

 

La paradoja del big data. Porqué cuanto más “saben” de nosotros, menos nos conocen y las consecuencias que tiene en nuestro día a día

Vivimos en un entorno ubicuo donde buena parte de las interacciones se producen de manera indistinta entre el mundo on y offline, lo que hace que nuestra actividad pueda ser registrada, categorizada, ordenada y segmentada cada vez en mayor medida. Apenas nada de lo que hagamos queda fuera de ese “gran hermano” que todo lo recoge, porque casi todas nuestras acciones llevan aparejadas alguna transacción electrónica que deja rastro.

Todo ello para alcanzar la distópica y falaz idea de la personalización máxima. Una ecuación tramposa basada en que todos ganamos. Si recogen nuestros datos, nos conocen mejor y pueden darnos aquello que realmente necesitamos, mientras las empresas e instituciones también ganan porque suministran exactamente aquello que se desea, eliminando cualquier desperdicio. Esta premisa, además de ser angustiosa y peligrosa (la personalización crea burbujas aisladas que nos impiden conocer nuevas perspectivas, nos aleja de la diversidad y rebaja nuestras competencias relacionadas con las relaciones sociales provechosas, la empatía o la creatividad, aunque eso es otro artículo…), es del todo irreal e infructuosa pero, al creerla, las organizaciones han convertido la captura del dato en un objetivo en sí mismo (cuando solo es un medio) y se han lanzado a competir por ver quién tiene más. La derivada inmediata es que ahora poseen millones de datos que se han transmutado en basura tóxica que genera más costes que beneficios (pero esto sería otro artículo también…) y no saben qué hacer con ella.

Customer journey, Buyer persona y otros conceptos rimbombantes han surgido al albor de esta burbuja del dato para conseguir esa ansiada y peligrosa personalización. Sin embargo, cuanto más se supone que “saben” de nosotros, menos se nos conoce, y esto genera una serie de consecuencias en nuestro día a día. Leer más “La paradoja del big data. Porqué cuanto más “saben” de nosotros, menos nos conocen y las consecuencias que tiene en nuestro día a día”

Videoblog. La verdadera relación entre edad y oportunidades de éxito

La creatividad y las posibilidades de obtener éxito no las marca la edad sino la productividad que mostremos. ¡A producir, a crear y a tener éxito, no importa la edad que tengamos!

Videoblog. La psicología del tiempo

Descubre en este tiempo como armonizar las perspectivas temporales (pasado, presente y futuro) en nuestras vidas y disponer de un mayor bienestar.

¿Qué distingue a las ideas exitosas del resto? Descubre el factor que diferencia a aquellas ideas que triunfan frente a las miles que se quedan en el camino

La historia está llena de personas que tuvieron una idea pionera e innovadora que se anticipaba al futuro, que era visionaria y claramente útil, pero que no triunfó. Y, sin embargo, esa misma idea con pocos ajustes se convierte en una historia de éxito poco tiempo después en mano de otra persona.

Cuando nos enfrentamos a entornos novedosos donde creamos algo diferente, la gente no suele tener una concepción clara ni definida de lo que necesita o desea, y normalmente siquiera se ha parado a pensarlo. Esto significa que las ideas y las cosas no tiene un valor objetivo per sé, sino que en buena parte es algo subjetivo que se va añadiendo a nuestra forma de vida, a nuestra cultura, hasta que queda definido ese valor que luego irá evolucionando.

Es ahí donde entra el factor diferenciador, el que hace que las ideas adquieran ese valor. Un factor que es aplicable a cualquier aspecto de nuestra existencia que queramos hacer diferente y exitoso. Carrera profesional, relaciones sociales, etc. Leer más “¿Qué distingue a las ideas exitosas del resto? Descubre el factor que diferencia a aquellas ideas que triunfan frente a las miles que se quedan en el camino”