¿Ver para creer? No, creer para ver

Vivimos ligeramente engañados. Pensamos que los sentidos son nuestra puerta de entrada de lo que sucede en el exterior, nos mandan impulsos eléctricos que nuestro cerebro decodifica, lo traduce en información y posteriormente lo interpreta, y todo en milésimas de segundo. Aunque en buena parte es así, existe algún matiz de bastante relevancia, como demostró en el año 1668 el matemático y filósofo francés Edme Mariotte al descubrir que una parte considerable de nuestra retina carece de fotorreceptores. Esto supone que hay momentos donde nuestra visión no es continua y se interrumpe. Sin embargo, nosotros jamás tenemos esa sensación y pensamos que todo lo que recibimos es aquello que vemos y que sucede sin interrupciones de ninguna clase. ¿Qué ocurre con esos puntos ciegos, por qué no los detectamos? Sencillamente porque el cerebro los rellena con sus propias inferencias. Hace suposiciones basadas en experiencias anteriores teniendo en cuenta los datos de entrada que acaba de recibir y rellena esos vacíos, por lo que todo nos parece un continuo, aunque no lo sea en su totalidad. Leer más “¿Ver para creer? No, creer para ver”

¿Porqué nuestros recuerdos dependen más del presente y del futuro que del pasado?

Ningún recuerdo es exactamente igual. Si hoy rememoramos mentalmente un acontecimiento y volvemos a hacerlo dentro de un mes, esa reproducción mental no será similar. Nuestra vida está llena de ejemplos rutinarios que lo reflejan sin apenas darnos cuenta. Cuando regresamos a un lugar donde estuvimos hace tiempo y del que guardamos un excelente recuerdo, comprobamos que se parece poco a la imagen mental que creamos. A menudo todo resulta mucho más pequeño, por ejemplo. Si escuchamos una canción, observamos que no siempre genera en nosotros el mismo recuerdo ni las mismas sensaciones asociadas. Si nos exponemos numerosas veces a aquello que crea ese recuerdo, acabamos perdiendo esas sensaciones primigenias y sustituyéndolas por otras posteriores. Todo esto abre una interesante puerta al pasado y a nuestra capacidad de influir en él a través de los recuerdos. Leer más “¿Porqué nuestros recuerdos dependen más del presente y del futuro que del pasado?”

¿Porqué la IA y los robots no sustituyen a las personas? Conflicto e imprevisibilidad tienen la clave

En estos tiempos de hype continuado, no hay día que se precie donde no aparezcan cientos de artículos calcados sobre el futuro de la Inteligencia Artificial, el rol del ser humano y su interacción con ella o los trabajos que eliminará, entre otros aspectos. Mientras, se abren líneas de investigación que anuncian que en un futuro existirán robots capaces de sentir o  dispositivos que se insertarán en nuestro cerebro y alterarán su funcionamiento para llegar a transformarnos en una especie de súper hombres. Aunque todo ello daría para reflexiones éticas, filosóficas, antropológicas y de mucha otra índole, en estas breves líneas fijo la atención en dos conceptos de los que huye cualquier tipo de programación o funcionamiento robótico: el conflicto y la imprevisibilidad. Precisamente, cuando decimos de una persona que “funciona como un robot”, indicamos con ello que no existen desviaciones y que su actuación es totalmente previsible. He aquí una primera una paradoja no menor, y es que si un robot desea parecerse a un humano, debe renunciar a dos de sus características fundamentales, la ausencia de conflicto y la imprevisibilidad. Sin embargo, eso es lo que le pedimos a los robots, que sean infalibles y previsibles, algo que nuestra especie está lejos de lograr, afortunadamente. Leer más “¿Porqué la IA y los robots no sustituyen a las personas? Conflicto e imprevisibilidad tienen la clave”