¿Y tú dónde vives? ¿Pasado, presente o futuro? Mejor en los tres

Tendemos a interpretar el pasado, el presente y el futuro como entes externos a nosotros, que escapan de nuestro control y sobre los que no podemos actuar. Pensamos el pasado como algo que ya ocurrió y a lo que no podemos regresar, el presente como momentos fugaces que van transcurriendo sin apenas darnos cuenta, y el futuro como algo lejano difícil de visualizar aun a sabiendas de que llegará. Pero nada más incierto ni lejos de la realidad. Podemos controlar cómo vivimos e integramos estos tres tiempos en nuestras vidas. Leer más “¿Y tú dónde vives? ¿Pasado, presente o futuro? Mejor en los tres”

¿Cambiar la realidad? Comienza por cambiar la perspectiva

Hagamos una sencilla prueba. Tomemos una instantánea y preguntemos a alguien conocido qué es lo que le llama la atención de esa imagen. De la infinidad de detalles que existen, esa persona escogerá uno o un par de ellos. Si hacemos la prueba con más gente, observaremos que cada uno fijará su atención en cuestiones determinadas no siempre coincidentes. Es decir, misma foto, percepciones diferentes. Ante la realidad objetiva y enmarcada que nos muestra esa imagen, cada persona atiende y ve una parte muy pequeña de la misma, que no siempre o casi nunca es similar a lo que detectan los demás. Leer más “¿Cambiar la realidad? Comienza por cambiar la perspectiva”

El fracaso está sobrevalorado. De falsos mitos acerca de lo que representa el fracaso en nuestros días

Observamos en nuestra sociedad un hecho contradictorio. De una parte, hemos entronizado al fracaso, hablamos de él como peaje inevitable e insoslayable para obtener el éxito, lo consideramos una escuela de vida y de aprendizaje, y lo identificamos como la auténtica fuente para desarrollar nuestra perseverancia y nuestra resistencia. Si cotizara en bolsa, sin duda alguna sería uno de los valores al alza. Hasta aquí, todo perfecto e idílico. El quiz de la cuestión viene cuando, si miramos con detenimiento, observamos que todas las historias de fracasos son contadas por personas que finalmente han tenido éxito. Como en una moderna recreación del famoso “viaje del héroe” griego, todo comienza con una serie de visicitudes y fracasos que con voluntad, tenacidad, tesón y enfoque se superan, y acaban tornándose en triunfo. Pero, ¿cuántas narraciones escuchamos de fracasos continuados que no acaban en éxito y que, lamentablemente, son las más numerosas? Cero tendente a cero. A todos nos gustan poco o más bien nada los finales poco felices. El fracaso tiene buena prensa cuando acaba en éxito y muy mala cuando continúa con otro fracaso. Como sociedad, volteamos nuestro rostro cuando nos encontramos con estos segundos casos y los dejamos solos ante el peligro, mientras en un ejercicio de malabarismo seguimos alabando el fracaso.

La coronación del fracaso es el mecanismo que nos hemos dado para encubrir una verdad dolorosa, y es que en el trono del “éxito socialmente prescrito” solo hay espacio para unos pocos, muy pocos. Y esto es complicado de hacerlo casar con la idea prevalente del “puedes conseguir lo que deseas”. Así que la solución que nos hemos dado como sociedad es calificar el fracaso como un peldaño más para el éxito. El resultado es una legión millonaria de personas frustradas porque no acceden a ese trono deseado, a pesar de que no dejan de ir peldaño tras peldaño. Error, aprendizaje, perseverancia, deseo o propósito, entre otras muchas, son maravillosas palabras que pervertimos porque las hemos usado para alcanzar un trono y un éxito que, quizás, no sea el que realmente queramos ni necesitemos. Hacemos una travesía estéril de fracaso en fracaso hacia un éxito que probablemente no deseemos. Leer más “El fracaso está sobrevalorado. De falsos mitos acerca de lo que representa el fracaso en nuestros días”

Videoblog. Cómo mejorar en lo que lo realmente nos importa

Navegar de manera armónica entre la zona de desempeño y la de aprendizaje, manejar las expectativas y fomentar la práctica deliberada son claves para mejorar nuestro rendimiento. Descúbrelo en este vídeo.

 

Videoblog. La psicología del tiempo

Descubre en este tiempo como armonizar las perspectivas temporales (pasado, presente y futuro) en nuestras vidas y disponer de un mayor bienestar.

Videoblog. Una filosofía del éxito más benévola y moderada

Pocas cosas hay más importantes que definir lo que significa el éxito para cada uno y no dejar que otros lo definan por nosotros. Descubre en este vídeo una interesante, peculiar, original y divertida visión de lo que hoy significa tener éxito y de algunos de los peligros que lleva aparejados, así como sus causas.

 

La sociedad de la adición y de la adicción. Cuando sumar no siempre es positivo

Cuanto más, mejor. Esta máxima es uno de los principales motores que mueve nuestra sociedad. Más posesiones, más conocimientos (no importa lo relevantes o no que sean, ni la profundidad y valor real que posean), más amistades, más esperanza de vida, más ventas, más seguidores, más likes,… Adicionar es sinónimo de éxito, de progreso. Si no sumamos, tenemos la sensación de no avanzar, de no prosperar.

Como seres humanos, poseemos dos sesgos que nos llevan a decantarnos por adicionar cosas en nuestras vidas. De una parte, tenemos una pronunciada aversión a la pérdida. No nos gusta perder algo que nos pertenezca, por lo que la tendencia no es a restar sino a sumar y acumular. De otra, poseemos un instinto primitivo que nos incita a guardar por si vienen tiempos de escasez.

A su vez, en el ámbito social el disponer de más nos provee de un cierto estatus, de una posición y un reconocimiento. Hemos creado una ecuación en la que tener más es igual a ser más. El tener equivale al ser. Así que cuanto más sumamos, más tenemos y más somos. Es algo fácil de entender, tangible y reconocible, de ahí que la idea se haya expandido rápida y extensamente entre todos nosotros. Leer más “La sociedad de la adición y de la adicción. Cuando sumar no siempre es positivo”

¿Qué pasaría si lo perdiéramos todo? La supervivencia es nuestro nuevo reto

El ser humano está programado para la supervivencia, como cualquier otra especie de nuestro planeta. Es el instinto más primitivo y ancestral. Pero nuestra evolución ha ido añadiendo múltiples capas por encima de él que han permitido que nos desarrollemos hasta cotas que ningún otro ser vivo ha podido alcanzar. Hemos aprendido a socializar y relacionarnos de forma cada vez más compleja, a colaborar, a planificar, a proyectarnos al futuro o a imaginar, y hemos creado estructuras sociales para acompañar todo este proceso evolutivo y garantizarnos cierta seguridad. A cambio cedemos buena parte de nuestra autonomía e independencia. Vivimos acomodados y volcamos en esas superestructuras creadas artificialmente la esperanza de que diseñen un entorno controlable y predecible en el que habitar. Pero la vida nos recuerda de vez en cuando lo maravillosamente impredecible que es y es ahí el momento en el que nos acordamos de desempolvar nuestro instinto de supervivencia. Leer más “¿Qué pasaría si lo perdiéramos todo? La supervivencia es nuestro nuevo reto”

Cómo una sociedad dependiente de la predicción nos hace cada vez más frágiles

Habitamos en una sociedad en la que los datos, su recogida y su análisis se han convertido en una verdadera obsesión. Una obsesión que la tecnología ha contribuido a incrementar haciendo que ese trabajo sea más rápido, fácil y de mayor alcance. Y todo ello con un único fin que es el de la predicción. Colocamos sensores, medidores, huellas y todo tipo de sistemas que recogen información variada y diversa para poder hacer predicciones. Anticipar cómo será el comportamiento humano ante determinadas situaciones, el tiempo que vendrá, el movimiento de los mercados y del comercio, la evolución de la naturaleza, las próximas profesiones… Queremos, deseamos y ansiamos que todo sea predecible para reducir la incertidumbre.

Pero los grandes cambios y los acontecimientos que realmente marcan un nuevo devenir nunca son ni serán predichos. Las grandes crisis económicas, las catástrofes naturales, nada ocurre como la mayor parte de las previsiones indican. ¿Porqué? Porque el modelo se sustenta en dibujar el peor escenario basado en algo ocurrido en el pasado. Inferimos hechos del pasado para llevarlos al futuro aun a sabiendas de que las circunstancias de cada acontecimiento no son repetibles cien por cien y en esa desviación, por pequeña que sea, está lo relevante. Un acontecimiento pasado que además, en su momento, fue también algo que no pudo ser predicho. Nuestro gran error es seguir pensando que podemos llegar a predecirlo todo y que cuantos más datos tengamos, más podremos lograrlo, queriendo erigirnos en una especie de modernos dioses. Pero en la vida siempre hay aleatoriedad y sobresalto, y además son esos cambios los que nos mueven y hacen avanzar, para bien o para mal. Creer indefectiblemente que todo es predecible nos debilita y nos hace frágiles. Leer más “Cómo una sociedad dependiente de la predicción nos hace cada vez más frágiles”

Videoblog. Porqué el mejor no siempre tiene un currículo perfecto

Nuestras mejores credenciales son las adversidades que enfrentamos y la forma en la que lo hacemos. Descubre lo que realmente importa en un proceso de selección.