El camino interior hacia el éxito

El éxito es un camino que siempre comienza en el interior de cada persona. Nada sucede por casualidad. Aquello que conseguimos es fruto de una serie de etapas que comienzan en nuestro consciente, para pasar luego a nuestro subconsciente, que es el que finalmente nos mueve y guía para conseguir aquello que nos proponemos. La diferencia entre quienes controlan su vida y quienes no lo hacen estriba en tomar conciencia de este proceso, conocer y dominar sus fases, y hacerse responsable del mismo. Leer más “El camino interior hacia el éxito”

Videoblog. Cómo tus emociones cambian la forma de tu corazón

Las emociones que sentimos tienen un impacto tan directo sobre nuestro corazón que son capaces de cambiar y alterar su forma, algo que ya intuían en la Antigüedad.

Videoblog. ¿Qué hace una vida más feliz? Lecciones del estudio más amplio nunca realizado sobre la felicidad

Robert Waldinger ha dirigido una parte del estudio más largo que se ha hecho nunca sobre la felicidad. Y estas son algunas de las conclusiones de lo que nos hace más felices.

 

El fracaso está sobrevalorado. De falsos mitos acerca de lo que representa el fracaso en nuestros días

Observamos en nuestra sociedad un hecho contradictorio. De una parte, hemos entronizado al fracaso, hablamos de él como peaje inevitable e insoslayable para obtener el éxito, lo consideramos una escuela de vida y de aprendizaje, y lo identificamos como la auténtica fuente para desarrollar nuestra perseverancia y nuestra resistencia. Si cotizara en bolsa, sin duda alguna sería uno de los valores al alza. Hasta aquí, todo perfecto e idílico. El quiz de la cuestión viene cuando, si miramos con detenimiento, observamos que todas las historias de fracasos son contadas por personas que finalmente han tenido éxito. Como en una moderna recreación del famoso “viaje del héroe” griego, todo comienza con una serie de visicitudes y fracasos que con voluntad, tenacidad, tesón y enfoque se superan, y acaban tornándose en triunfo. Pero, ¿cuántas narraciones escuchamos de fracasos continuados que no acaban en éxito y que, lamentablemente, son las más numerosas? Cero tendente a cero. A todos nos gustan poco o más bien nada los finales poco felices. El fracaso tiene buena prensa cuando acaba en éxito y muy mala cuando continúa con otro fracaso. Como sociedad, volteamos nuestro rostro cuando nos encontramos con estos segundos casos y los dejamos solos ante el peligro, mientras en un ejercicio de malabarismo seguimos alabando el fracaso.

La coronación del fracaso es el mecanismo que nos hemos dado para encubrir una verdad dolorosa, y es que en el trono del “éxito socialmente prescrito” solo hay espacio para unos pocos, muy pocos. Y esto es complicado de hacerlo casar con la idea prevalente del “puedes conseguir lo que deseas”. Así que la solución que nos hemos dado como sociedad es calificar el fracaso como un peldaño más para el éxito. El resultado es una legión millonaria de personas frustradas porque no acceden a ese trono deseado, a pesar de que no dejan de ir peldaño tras peldaño. Error, aprendizaje, perseverancia, deseo o propósito, entre otras muchas, son maravillosas palabras que pervertimos porque las hemos usado para alcanzar un trono y un éxito que, quizás, no sea el que realmente queramos ni necesitemos. Hacemos una travesía estéril de fracaso en fracaso hacia un éxito que probablemente no deseemos. Leer más “El fracaso está sobrevalorado. De falsos mitos acerca de lo que representa el fracaso en nuestros días”

Los rankings y la mediocridad. Cuando un exceso de medición nos empobrece

Cuando no podemos desarrollar toda nuestra individualidad e idiosincrasia como se merece, acabamos inmersos en la mediocridad. Y pocas cosas la cercenan tanto como la obsesión por la medición y su consecuencia más directa, los rankings.

La medición nace con la idea de ayudar a focalizarnos en aquello que consideramos más importante y conocer dónde debemos actuar para mejorar. Bajo esta perspectiva, medir es una vía para progresar. El problema comienza cuando transformamos esta concepción en otra muy distinta, y convertimos los indicadores y las mediciones en estándares sobre los que clasificamos todo (valía de las personas, de las instituciones, de las empresas, calidad, bienestar, felicidad, etc.) y bajo los que se toman importantes decisiones. Es en ese momento cuando aparece el ranking como elemento ordenador, como juez que determina de manera “presuntamente objetiva” lo que es bueno y malo, lo que vale o no vale. Unos rankings que surgen con la vana ilusión de objetivarlo todo (una premisa imposible desde el momento en el que se eligen unos indicadores y no otros, así como una forma determinada de medirlos) y de elevar el mérito hasta sus últimas consecuencias. Sin embargo, poseen un efecto secundario a menudo ignorado y es que nos acerca a lo mediocre. El ranking ataca directamente el desarrollo de nuestra individualidad, y como decíamos al comienzo del artículo, nos hace mediocres. Leer más “Los rankings y la mediocridad. Cuando un exceso de medición nos empobrece”

Videoblog. Lo que no entendemos sobre la confianza

Una perspectiva diferente a la hora de pensar en cómo ganarse la confianza de los demás. Sustituir confianza por confiabilidad, y proporcionar evidencias de que somos confiables a través de la honestidad, responsabilidad y competencia.

 

La paradoja del big data. Porqué cuanto más “saben” de nosotros, menos nos conocen y las consecuencias que tiene en nuestro día a día

Vivimos en un entorno ubicuo donde buena parte de las interacciones se producen de manera indistinta entre el mundo on y offline, lo que hace que nuestra actividad pueda ser registrada, categorizada, ordenada y segmentada cada vez en mayor medida. Apenas nada de lo que hagamos queda fuera de ese “gran hermano” que todo lo recoge, porque casi todas nuestras acciones llevan aparejadas alguna transacción electrónica que deja rastro.

Todo ello para alcanzar la distópica y falaz idea de la personalización máxima. Una ecuación tramposa basada en que todos ganamos. Si recogen nuestros datos, nos conocen mejor y pueden darnos aquello que realmente necesitamos, mientras las empresas e instituciones también ganan porque suministran exactamente aquello que se desea, eliminando cualquier desperdicio. Esta premisa, además de ser angustiosa y peligrosa (la personalización crea burbujas aisladas que nos impiden conocer nuevas perspectivas, nos aleja de la diversidad y rebaja nuestras competencias relacionadas con las relaciones sociales provechosas, la empatía o la creatividad, aunque eso es otro artículo…), es del todo irreal e infructuosa pero, al creerla, las organizaciones han convertido la captura del dato en un objetivo en sí mismo (cuando solo es un medio) y se han lanzado a competir por ver quién tiene más. La derivada inmediata es que ahora poseen millones de datos que se han transmutado en basura tóxica que genera más costes que beneficios (pero esto sería otro artículo también…) y no saben qué hacer con ella.

Customer journey, Buyer persona y otros conceptos rimbombantes han surgido al albor de esta burbuja del dato para conseguir esa ansiada y peligrosa personalización. Sin embargo, cuanto más se supone que “saben” de nosotros, menos se nos conoce, y esto genera una serie de consecuencias en nuestro día a día. Leer más “La paradoja del big data. Porqué cuanto más “saben” de nosotros, menos nos conocen y las consecuencias que tiene en nuestro día a día”