Y siguieron (seguimos) tocando en cubierta

Las alegrías y las penas, las ganancias y las pérdidas, las crisis y las recuperaciones, todo va siempre por barrios. Los naufragios no se viven igual en clase preferente que en tercera. Mientras unos se ahogan y perecen a los pocos minutos de zozobrar, otros permanecen impasibles en cubierta mientras la música continúa sonando como si nada sucediera. Hoy, en nuestro mundo hiper economizado a ese tocar en cubierta se le llama “recuperación en V”, ese ansiado deseo de que nada cambie, de que no haya zozobra ni naufragio para poder mantener el rumbo de la nave hacia ninguna parte en el mejor de los casos, o hacia un abismo desconocido en el peor. Caída abrupta y dolorosa (para unos pocos) y subida vigorosa, como si fuera una mala pesadilla que desaparece con el amanecer. De aprender algo ni hablamos. Leer más “Y siguieron (seguimos) tocando en cubierta”

Estado de desazón

Hay estados que terminan, que son artificiales, que se decretan y se cancelan, que tienen fecha de inicio y fin. La Alarma decretada allá por marzo (que extraño y difuso parece ya ese mes) ya finalizada en nuestros días (y en la esperanza de que no vuelva), nos mantuvo en otro estado, el de alerta y tensión constante, aunque en buena parte confinada, combinado con una frenética huida hacia delante revestida de hiperactividad y optimismo superficial que poco a poco fue diluyéndose según pasaban días y meses. También ese estado, como el de Alarma, se fue. Leer más “Estado de desazón”

La sociedad frugal

Stendhal narraba en su libro Nápoles y Florencia: un viaje de Milán a Reggio el vértigo, las palpitaciones y la confusión que le había producido su visita a la iglesia de la Santa Croce en Florencia, dando lugar al famoso síndrome que describe la patología de quien siente síntomas parecidos ante la exposición a la belleza de una obra de arte o a la acumulación de estas. Una experiencia personal la semana pasada me retrotrajo este síndrome, pero por otras circunstancias. Tras tres meses y medio sin acudir a comercio alguno más que los de pura alimentación y supervivencia, la semana pasada visité unas cuantas librerías y, cual fue mi sorpresa cuando mi reacción se asemejó a esos vértigos, confusión, palpitaciones y desconcierto, pero no por la belleza contemplada, sino más bien por la acumulación de opciones existente. Lo que hace un tiempo era casi imperceptible y sorteaba de manera casi instintiva, navegando entre la infinidad de posibilidades e incluso sintiendo la sensación de dominio y concentración ante el entorno, se tornó en algo casi insoportable y frustrante, una especie de selva impenetrable, inabordable e inescrutable. Un mar vertiginoso de cubiertas, colores, títulos, autores, imposibles de abarcar. Las largas visitas de antaño y el hojeo continuado dieron paso a una salida despavorida y visitas de escasos minutos que huían de la confusión. Leer más “La sociedad frugal”

Nuevas lógicas

Si hay una peculiaridad de las ciencias sociales es su incapacidad de ser exactas por no poder ser plenamente empíricas en la demostración de sus hipótesis. El material con el que trabaja, los seres humanos y sus relaciones, y el propio ámbito de estudio y experimentación, donde la sociedad es el laboratorio, lo hacen improbable. Así, las lógicas que rigen nuestro cuerpo social, esas ideas que se expresan sin que haya entre ellas contradicción aparente y que se manifiestan de forma coherente, no dejan de ser algo mucho más cercano a la creencia que a la comprobación empírica. Esto supone que para nuestro correcto funcionar, hemos de construir lógicas a las que le damos una consistencia indiscutible, pero que se basan en creencias de escasa base demostrada. Leer más “Nuevas lógicas”

Individuos jibarizados

Puede que no lo supiéramos, puede que lo supiéramos y nos autoengañáramos, pero los últimos acontecimientos la han hecho visible hasta para quien no deseara reconocerlo. En nuestro mundo eterno de paradojas, una se alza con especial estrépito en estos días. Aquel individualismo elevado a los altares, devenido en el nuevo opio del pueblo que ya no es pueblo sino corporación y mercado, ha empequeñecido tanto al individuo que lo ha dejado pequeño, jibarizado y liliputiense ante un panorama que le resulta inabordable. Mal que bien nos fuimos engañando a base de placebos rebautizados como emprendimiento, empoderamiento o autonomía. Nos hicimos creer que nada de lo que nos ocurría estaba fuera de nuestro control. Todo quedaba reducido a una cuestión de actitud, de cómo interpretar y reaccionar a lo que nos sucedía. Leer más “Individuos jibarizados”

¿El verdadero progreso? Cada uno en lo suyo

El debate sobre qué significa el progreso y si esta época es la de mayor progreso es una constante. Y en él encontramos posturas para todos los gustos, posiciones que varían dependiendo de los avances que cada uno valora. Así, si unos defienden que vivimos más años y con más salud, otros alegan que este avance se circunscribe al aspecto físico, pero no al mental o espiritual, donde nos enfrentamos con cada vez más vacíos existenciales e insatisfacciones vitales que no indican precisamente progreso. Economía, política, educación, bienestar, igualdad, distribución de la riqueza, empleo, tecnología, medioambiente, etc. Infinidad de ámbitos y en ellos también infinidad de posiciones que disienten acerca de ese progreso. Progresar es caminar hacia un estado mejor y más desarrollado, pero la mejora de un aspecto puede empeorar otros. El progreso se entiende entonces como algo relativo y no absoluto. Un progreso que además es causa y es efecto. Empuja con sus mejoras hacia determinados valores y formas de vida, pero también es efecto al enfocarse en los espacios en los que la sociedad exige que se concentre. La sociedad vive en esa dinámica compleja de marcar terreno al progreso a la vez que es llevada a otros terrenos no previstos por ese aquello que progresa. Leer más “¿El verdadero progreso? Cada uno en lo suyo”

Liebres y tortugas

Si Esopo viviera en nuestros días, hubiera tenido que buscar un animal más rápido que la liebre. Demasiado lenta para el mundo dominado por el “equivócate, pero hazlo rápido”, por la adaptabilidad o por las metodologías ágiles como mantras reinantes. Probablemente, incluso, sería la liebre quien habría de ocupar el lugar de la tortuga, mientras que la tortuga habría tenido que extinguirse. Lo cadencioso transformado en exasperante, la espera interpretada como eternidad insoportable y el aburrimiento entendido como pérdida de tiempo conforman una buena parte de la genética de nuestra sociedad actual. Leer más “Liebres y tortugas”

El empobrecimiento invisible

No aparece en estadísticas ni se refleja en el PIB ni en déficits ni deudas varias. Invisible en apariencia, inadvertido en los medios, existe y es real, lo sentimos y nos aprisiona como ese aire cargado, como esa falta de oxígeno apenas percibida, pero pesada como una losa. El confinamiento no solo ha destruido tejidos empresariales, minado confianza personal y grupal, acentuado problemas sociales y psicológicos y otras muchas consecuencias no tan inmediatas, pero probablemente más prolongadas en el tiempo. Ese ambiente denso y pesado del que es imposible escapar posee un alto componente de empobrecimiento cultural e intelectual. No una cultura e intelecto referida a lo selecto y al ejercicio reflexivo más profundo, sino al hecho más básico de provisión de alimento para nuestro espíritu, nuestras emociones y nuestra razón hecha realidad a través de la diversidad de temas que la sociedad crea a través de su funcionamiento, de sus interacciones y de las fricciones entre sus distintos actores. Leer más “El empobrecimiento invisible”

Las citas del libro “Insatisficción”. Capítulo 4. Eres lo que tienes

“Ante la pregunta de qué somos, generalmente contestamos con lo que tenemos, ya sean títulos, puestos de trabajo o bienes materiales. El tener se ha convertido en nuestro nuevo ser (…) sentirse bien y poseer cosas no es suficiente para ser felices, sino que la ecuación solo se completa cuando va acompañada de un valor moral, que está más relacionado con el ser. De ahí que alcancemos más felicidad cuando damos que cuando recibimos”.

Cita extraída del capítulo 4 “Eres lo que tienes”, del libro Insatisficción. Cómo necesidades ficticias crean insatisfacciones ficticias, editado por editorial Oberón del Grupo Anaya.

Las citas del libro “Insatisficción”. Capítulo 3. Siempre Perfectos

“Competitividad y una malentendida meritocracia han elevado al máximo los estándares exigidos. Se ha instalado en nuestro mundo la concepción de que lo bueno es escaso y que, para alcanzarlo, hemos de competir duramente. Y, en ese camino, tratamos de acumular méritos relacionados con esos estándares que nos miden. Así, se va introduciendo una exigencia que resulta inalcanzable. Lo que antes eran ideales a los que tender, ahora se convierten en básicos. Nos encontramos de esta manera inmersos en una continua carrera frustrante por alcanzar esa perfección a la que es imposible llegar.”

Cita extraída del capítulo 3 “Siempre Perfectos”, del libro Insatisficción. Cómo necesidades ficticias crean insatisfacciones ficticias, editado por editorial Oberón de Grupo Anaya.