¿Acomodarse? ¡Nunca, jamás! Cómo acomodarse se convierte en el principio del fin

El ser humano tiene una tendencia natural a la comodidad y al ahorro de esfuerzo. Es algo puramente instintivo y ancestral, porque inconscientemente nuestro cerebro ahorra energía y la conserva para enfrentar posibles peligros futuros. Aunque esos riesgos de los que prevenirnos han desaparecido, no ha hecho lo propio ese instinto de conservación. Por eso poseemos una propensión clara a acomodarnos. Y cuanto más lo hacemos, más se realimenta esa actitud, porque además poseemos otro mecanismo mental por el que siempre buscamos creencias que justifiquen esta forma de comportarnos.

Sin embargo, también en nosotros está la semilla del cambio continuo. A las personas nos gusta la novedad. Pero esta facultad no es instintiva, hay que forzarla y provocarla. Y esto requiere esfuerzo. Esa tensión permanente nos desgasta, sobre todo, cuando es el instinto el que nos puede. Y es que acomodarse es el comienzo del fin porque nos hace perdernos numerosas cosas. Leer más “¿Acomodarse? ¡Nunca, jamás! Cómo acomodarse se convierte en el principio del fin”