Inseguridad y orden social

Nada descubrimos al decir que buena parte del orden social desplegado por las sociedades en la historia de la humanidad ha encontrado su origen en la preservación de la seguridad. Aquel concepto hobbesiano del hombre entendido como ser que busca incrementar su propia reputación, que compite y que desconfía de los demás, fue base y fundamento de un contrato social que, con sus variaciones y modificaciones, ha llegado hasta nuestros días. La idea de inseguridad, el temor a lo que pueda suceder, el miedo a perder lo que es propiedad de uno, la desconfianza hacia el otro y lo otro, así como la angustia por lo desconocido configuran una forma de organizarnos, de ordenarnos, que marca nuestras instituciones y fundamentos políticos, nuestras relaciones y comunicaciones, nuestras normas y nuestras leyes. Ante el peligro del desmán, del mal funcionamiento que provocan conductas individualistas no deseadas, oponemos la garantía de la ley, de las normas, de las instituciones. Una inseguridad que se entiende como un efecto secundario inevitable de la naturaleza humana, de su comportamiento egoísta basado en un deseo individual que algunos tratan de satisfacer a costa del resto.

Leer más “Inseguridad y orden social”

¿De qué hablamos?

La variedad y la calidad de nuestras conversaciones son directamente proporcionales a nuestra calidad de vida. A través de las conversaciones, del encuentro hablado con los otros no solo nos reflejamos, nos situamos en otros registros y lugares, nos aproximamos a otras realidades, divisamos nuevas perspectivas que nos abren horizontes desconocidos y estimulamos nuestra imaginación y creatividad, sino que también nos espejamos, nos contemplamos a nosotros mismos y nos reconfiguramos, y en todo ese proceso, moldeamos buena parte de lo que somos. Cuando nuestra conversación se puebla de temas variados y variopintos, nuestra existencia se enriquece. Igualmente, una sociedad que conversa y cuida la calidad y variedad de sus conversaciones, deviene en una sociedad más rica y con mayor bienestar.

Leer más “¿De qué hablamos?”

El mundo abstracto y la banalidad

Hace ya unos cuantos años escribía Erich Fromm acerca de la idea de enajenación a la que definía como el sentirse ajeno a las cosas que nos rodeaban. Incidía especialmente en cómo la economía de mercado, que tasaba y valoraba todo por su precio, por su valor de cambio a cada momento, permitía comparar bienes y cosas sumamente distintas en sus funciones y en sus formas, y con ello situaba dicha comparación en un grado de abstracción tan acentuado que, inevitablemente, nos alejaba de las cosas en sí mismas. El mercado y su extensión por nuestra vida era entonces fuente de enajenación, origen de un alejamiento del mundo real.

Leer más “El mundo abstracto y la banalidad”

De la seducción a la adhesión

Primero fue la imposición, bien por lo divino o por lo institucional. Era inicialmente un tiempo donde la religión a través de la idea de lo eterno, como fin y destino ansiado, regulaba la existencia de las personas a través de la concepción de la vida terrenal como un estadio de paso en el que hacer méritos para alcanzar esa eternidad. Más tarde fueron las instituciones, y entre ellas el Estado con mayúsculas, quienes descendieron un peldaño esa autoridad y también la potestad para regular nuestra convivencia y comportamiento como sociedad e individuos. Lo normativo pasaba del cielo a la tierra, del Dios al Estado, pero siempre con una idea de imposición y de acatamiento. La obligación primigenia del hombre hasta aquellos momentos era la del acatamiento, primeramente de la voluntad divina y más delante de la del Estado. Todo ello se fue desmoronando poco a poco con la creciente individualización de lo social. El gobierno fue pasando de lo divino al Estado y del Estado al individuo, que exigía su propio autogobierno, que demandaba el control absoluto de su Ser, su derecho invulnerable a sí mismo.

Leer más “De la seducción a la adhesión”

Lo normal y lo social

Frecuencia y número. Todo lo normal en el ámbito social es fruto de la frecuencia y el número. Nada puede ser considerado como normal si no se repite habitualmente, si no acontece frecuentemente. Pero para que lo normal traspase la esfera personal y más íntima y se convierta en social ha de acompañarse de número. Solo cuando un número masivo de personas se adhiere a algo y lo hace de una manera continuada y repetida podemos hablar de que ese algo se ha transformado en normal.

Leer más “Lo normal y lo social”

La paradoja de la influencia

Vivir de la influencia parece un signo exclusivo de nuestros tiempos. Un hecho diferencial que nunca en otra época sucedió. Hoy podemos matricularnos en escuelas de influidores que nos ofrecen adquirir conocimientos y formación para poder convertirnos en profesionales de ello. Pero lo cierto es que la influencia es un fenómeno consustancial al ser humano y no resulta nada nuevo, como tampoco lo es el vivir de esa influencia. Basta con mirar la cohorte de consejeros que existían en las cortes de siglos atrás, donde cada uno pugnaba por influir sobre el monarca de turno. Así era mayor su ascendente sobre el rey, así adquiría mayor relevancia social y más poder detentaba, aunque fuera en la sombra. Ocurre lo mismo con los partidos políticos, con las empresas y con cualquier organización medianamente estructurada.

Leer más “La paradoja de la influencia”

Vida inhumana

Lo pienso, lo quiero y lo entiendo. Lo que ejecuto lo he pensado yo, lo que hago lo hago por mi voluntad propia, y eso que hago es entendido por mí. Intención, voluntad y entendimiento. Nada nuevo que no dijera hace años Ortega, pero que a menudo se nos olvida. Son esos tres los componentes fundamentales de los seres humanos. Lo que nos diferencia del resto de los seres vivos es nuestra intencionalidad, el pensar y hacer las cosas para algo; nuestra voluntad, que nos permite decidir por nosotros mismos si queremos y hacemos esto o lo otro, y el entendimiento, que implica conocer el porqué de las cosas que hacemos. Hoy que el mundo se inunda de encuestas y de test de rápida digestión, convendría a menudo preguntarnos a nosotros mismos y como sociedad si aún podemos decir que estos tres componentes fundamentales están presentes en nuestras vidas.

Leer más “Vida inhumana”

Vivir afuera y los ‘terceros lugares’

En Narración de Arthur Gordon Pym de Edgar Allan Poe, su protagonista pasa algunos capítulos escondido en una improvisada habitación oculta en un barco con el objeto de no ser visto y devuelto a su casa con sus padres. Lo que en un principio es contemplado por él como una acogedora dependencia se convierte tras su encierro de días en un angustioso lugar del que ansía escapar. El mundo actual nos ha transformado a todos un poco en Gordon Pym. Desde hace ya muchos años, décadas, existe una incitación continua y constante a vivir hacia afuera. Buena parte del tejido económico que nos hemos procurado como sociedad basa su funcionamiento en el estar fuera. Los viajes, los encuentros sociales, las actividades de ocio, la cultura y cualquier otro ámbito donde posemos nuestra mirada refleja esa idea de vivir hacia afuera. Todo lo interesante, todo lo que merece la pena parece que ha de buscarse más allá de las puertas de nuestras casas.

Leer más “Vivir afuera y los ‘terceros lugares’”

¿Grande o pequeño?

Si hay una característica curiosa que define nuestro tiempo es la importancia que otorgamos socialmente a lo que es grande. Hemos convertido lo grande en símbolo y materialización de lo que triunfa y es exitoso. En un mundo cincelado a golpe de primeras impresiones, de encuentros fugaces y de hiper imagen, se necesita transmitir evidencias en tan solo segundos, ser etiquetado con rapidez, territorio donde lo grande juega con ventaja. Lo grande se divisa de inmediato, es deslumbrante e impresiona de un vistazo. Lo grande demanda poca explicación porque nuestro código cultural asocia ya de por sí una idea de poder a todo lo que posee gran tamaño. Grande por fuera y vacío por dentro, poco importa en el mundo de la apariencia donde lo grande reina, es moneda de cambio y aspiración general.

Leer más “¿Grande o pequeño?”

Vidas sin huella

Ya en su vejez, decía proféticamente Miguel Delibes que, en un futuro, los abuelos apenas tendrían nada que contar. Recordaba su niñez alrededor de su abuelo contando fascinantes historias que mantenían a todos los nietos pegados a sus piernas y a su sofá. Poco importaba que aquellas personas hubieran viajado miles de kilómetros para emigrar o hubieran permanecido en su pueblo, en sus tierras y casa familiar. Todos, absolutamente todos, poseían una historia con mayúsculas que contar. Con ellos los riachuelos eran océanos de aventuras, los gorriones se hacían fastuosos ave fénix, las calles del pueblo se tornaban en escenarios de heroicas batallas y los árboles escondían secretos inconfesables grabados en sus troncos. Todo cobraba una desmedida e irresistible intensidad.

Leer más “Vidas sin huella”