Las sillas rotas

Ahora mismo, mientras escribo a primera hora de la mañana, la tengo frente a mí. Desde el ventanal puedo divisar una silla de plástico que un día fue rojo grana y hoy está teñida del blanco desgastado que pinta el paso del tiempo y el efecto de sol del estío. Apoyada sobre una barandilla, la silla rota en su base y sin una pata, absolutamente inservible, absolutamente antiestética, domina desde una posición privilegiada, como si de un trono se tratara, toda la perspectiva de la comunidad de vecinos desde hace ya algunos días. Leer más “Las sillas rotas”

Filosofías de camiseta

Si Hipócrates levantara la cabeza no dejaría de sorprenderse del enorme éxito que en nuestra época cosecha ese concepto de aforismo por él inventado hace ya unos cuantos siglos atrás. Hoy la difusión del saber es aforística, de frase corta, de ciento cuarenta caracteres, de pechera de camiseta. Son fogonazos, llamadas que capturan nuestra atención durante escasos segundos, que llaman a una reflexión de cartón piedra, a una inspiración que navega en los lugares comunes e interpela lo puramente emocional, lo que queda en la epidermis. Leer más “Filosofías de camiseta”

Y siguieron (seguimos) tocando en cubierta

Las alegrías y las penas, las ganancias y las pérdidas, las crisis y las recuperaciones, todo va siempre por barrios. Los naufragios no se viven igual en clase preferente que en tercera. Mientras unos se ahogan y perecen a los pocos minutos de zozobrar, otros permanecen impasibles en cubierta mientras la música continúa sonando como si nada sucediera. Hoy, en nuestro mundo hiper economizado a ese tocar en cubierta se le llama “recuperación en V”, ese ansiado deseo de que nada cambie, de que no haya zozobra ni naufragio para poder mantener el rumbo de la nave hacia ninguna parte en el mejor de los casos, o hacia un abismo desconocido en el peor. Caída abrupta y dolorosa (para unos pocos) y subida vigorosa, como si fuera una mala pesadilla que desaparece con el amanecer. De aprender algo ni hablamos. Leer más “Y siguieron (seguimos) tocando en cubierta”

Estado de desazón

Hay estados que terminan, que son artificiales, que se decretan y se cancelan, que tienen fecha de inicio y fin. La Alarma decretada allá por marzo (que extraño y difuso parece ya ese mes) ya finalizada en nuestros días (y en la esperanza de que no vuelva), nos mantuvo en otro estado, el de alerta y tensión constante, aunque en buena parte confinada, combinado con una frenética huida hacia delante revestida de hiperactividad y optimismo superficial que poco a poco fue diluyéndose según pasaban días y meses. También ese estado, como el de Alarma, se fue. Leer más “Estado de desazón”

La sociedad frugal

Stendhal narraba en su libro Nápoles y Florencia: un viaje de Milán a Reggio el vértigo, las palpitaciones y la confusión que le había producido su visita a la iglesia de la Santa Croce en Florencia, dando lugar al famoso síndrome que describe la patología de quien siente síntomas parecidos ante la exposición a la belleza de una obra de arte o a la acumulación de estas. Una experiencia personal la semana pasada me retrotrajo este síndrome, pero por otras circunstancias. Tras tres meses y medio sin acudir a comercio alguno más que los de pura alimentación y supervivencia, la semana pasada visité unas cuantas librerías y, cual fue mi sorpresa cuando mi reacción se asemejó a esos vértigos, confusión, palpitaciones y desconcierto, pero no por la belleza contemplada, sino más bien por la acumulación de opciones existente. Lo que hace un tiempo era casi imperceptible y sorteaba de manera casi instintiva, navegando entre la infinidad de posibilidades e incluso sintiendo la sensación de dominio y concentración ante el entorno, se tornó en algo casi insoportable y frustrante, una especie de selva impenetrable, inabordable e inescrutable. Un mar vertiginoso de cubiertas, colores, títulos, autores, imposibles de abarcar. Las largas visitas de antaño y el hojeo continuado dieron paso a una salida despavorida y visitas de escasos minutos que huían de la confusión. Leer más “La sociedad frugal”

Nuevas lógicas

Si hay una peculiaridad de las ciencias sociales es su incapacidad de ser exactas por no poder ser plenamente empíricas en la demostración de sus hipótesis. El material con el que trabaja, los seres humanos y sus relaciones, y el propio ámbito de estudio y experimentación, donde la sociedad es el laboratorio, lo hacen improbable. Así, las lógicas que rigen nuestro cuerpo social, esas ideas que se expresan sin que haya entre ellas contradicción aparente y que se manifiestan de forma coherente, no dejan de ser algo mucho más cercano a la creencia que a la comprobación empírica. Esto supone que para nuestro correcto funcionar, hemos de construir lógicas a las que le damos una consistencia indiscutible, pero que se basan en creencias de escasa base demostrada. Leer más “Nuevas lógicas”

Individuos jibarizados

Puede que no lo supiéramos, puede que lo supiéramos y nos autoengañáramos, pero los últimos acontecimientos la han hecho visible hasta para quien no deseara reconocerlo. En nuestro mundo eterno de paradojas, una se alza con especial estrépito en estos días. Aquel individualismo elevado a los altares, devenido en el nuevo opio del pueblo que ya no es pueblo sino corporación y mercado, ha empequeñecido tanto al individuo que lo ha dejado pequeño, jibarizado y liliputiense ante un panorama que le resulta inabordable. Mal que bien nos fuimos engañando a base de placebos rebautizados como emprendimiento, empoderamiento o autonomía. Nos hicimos creer que nada de lo que nos ocurría estaba fuera de nuestro control. Todo quedaba reducido a una cuestión de actitud, de cómo interpretar y reaccionar a lo que nos sucedía. Leer más “Individuos jibarizados”

¿El verdadero progreso? Cada uno en lo suyo

El debate sobre qué significa el progreso y si esta época es la de mayor progreso es una constante. Y en él encontramos posturas para todos los gustos, posiciones que varían dependiendo de los avances que cada uno valora. Así, si unos defienden que vivimos más años y con más salud, otros alegan que este avance se circunscribe al aspecto físico, pero no al mental o espiritual, donde nos enfrentamos con cada vez más vacíos existenciales e insatisfacciones vitales que no indican precisamente progreso. Economía, política, educación, bienestar, igualdad, distribución de la riqueza, empleo, tecnología, medioambiente, etc. Infinidad de ámbitos y en ellos también infinidad de posiciones que disienten acerca de ese progreso. Progresar es caminar hacia un estado mejor y más desarrollado, pero la mejora de un aspecto puede empeorar otros. El progreso se entiende entonces como algo relativo y no absoluto. Un progreso que además es causa y es efecto. Empuja con sus mejoras hacia determinados valores y formas de vida, pero también es efecto al enfocarse en los espacios en los que la sociedad exige que se concentre. La sociedad vive en esa dinámica compleja de marcar terreno al progreso a la vez que es llevada a otros terrenos no previstos por ese aquello que progresa. Leer más “¿El verdadero progreso? Cada uno en lo suyo”

Reescribir historias

Estos tiempos, y cuáles no, son especialmente propicios para la metáfora y la búsqueda de similitudes. Hoy me viene a la frágil memoria la historia de aquel escritor norteamericano que, tras una azarosa vida en otros oficios, tomó la determinación de encerrarse un par de años en un minúsculo piso de la ciudad para escribir su gran obra. Con dinero escaso, cumplir los plazos fijados para terminarlo era fundamental. Finalizado el manuscrito y antes de que editorial alguna lo hubiera contratado, un fatal incendio destruyó parte de su piso, y con él también su creación. Desolación, frustración, impotencia y enfado fueron las inesperadas invitadas de aquel momento que debía haber sido todo lo contrario. Un incidente ajeno e imprevisto echaba por tierra no solo dos arduos años de trabajo, sino algo más, sus esperanzas y expectativas de arrancar una nueva vida como escritor. Como historia con final feliz (si no, no la hubiéramos conocido), el protagonista del relato decidió volverse a encerrar en su minúsculo inmueble y, a base de tesón, perseverancia e imagino de buenas dosis de desesperación, reescribir la historia que finalmente se convirtió en un éxito. Leer más “Reescribir historias”

Liebres y tortugas

Si Esopo viviera en nuestros días, hubiera tenido que buscar un animal más rápido que la liebre. Demasiado lenta para el mundo dominado por el “equivócate, pero hazlo rápido”, por la adaptabilidad o por las metodologías ágiles como mantras reinantes. Probablemente, incluso, sería la liebre quien habría de ocupar el lugar de la tortuga, mientras que la tortuga habría tenido que extinguirse. Lo cadencioso transformado en exasperante, la espera interpretada como eternidad insoportable y el aburrimiento entendido como pérdida de tiempo conforman una buena parte de la genética de nuestra sociedad actual. Leer más “Liebres y tortugas”