Vidas sin huella

Ya en su vejez, decía proféticamente Miguel Delibes que, en un futuro, los abuelos apenas tendrían nada que contar. Recordaba su niñez alrededor de su abuelo contando fascinantes historias que mantenían a todos los nietos pegados a sus piernas y a su sofá. Poco importaba que aquellas personas hubieran viajado miles de kilómetros para emigrar o hubieran permanecido en su pueblo, en sus tierras y casa familiar. Todos, absolutamente todos, poseían una historia con mayúsculas que contar. Con ellos los riachuelos eran océanos de aventuras, los gorriones se hacían fastuosos ave fénix, las calles del pueblo se tornaban en escenarios de heroicas batallas y los árboles escondían secretos inconfesables grabados en sus troncos. Todo cobraba una desmedida e irresistible intensidad.

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Reservado a la ternura

Tomó su teléfono móvil y acarició con dulzura la pantalla que le devolvió el gesto con la calidez que solo pueden brindar unos píxeles de extraordinaria definición. Al acercarse a la cocina, la voz envolvente del asistente virtual le arrulló con un cándido buenos días mientras un emoticono asomado por la notificación del Whatsapp le trasladaba toneladas de cariño y afecto. Mientras desayunaba, se asomó a los titulares del día para comprobar qué nuevos acuerdos habían alcanzado ayer los distintos partidos políticos. Una ojeada rápida porque su tiempo disponible para leer era escaso. En breves minutos comenzaría su reunión de Zoom donde disfrutaría de una buena colección de monólogos de los asistentes porque en el fondo ¿quién desea conversar cuando se puede escuchar a sí mismo? Se vistió con lo primero que encontró en el armario dado que hoy tampoco saldría de casa. Pediría una de esas comidas a domicilio hechas a fuego lento, con pausa y sosiego. Antes de comenzar su reunión, abrió las ventanas del salón para ventilar y recibió con alborozo el rugir inspirador de motores y música atronadora que salía del interior de cientos de vehículos que habían vuelto a la vida tras unos meses aletargados.

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“Irreconciliados”

No existe, no la hallaremos en ningún diccionario de la lengua española. Y, sin embargo, no encuentro vocablo mejor, aunque inventado, para definir una de nuestras formas de estar y existir como sociedad. En nuestro mundo actual no gustamos de admitir que algunas cosas puedan ser irreconciliables. No admitimos que dos partes no puedan ponerse de acuerdo porque entendemos la voluntad de acordar y de ceder como una característica intrínseca de nuestra evolución como seres humanos. Así que nos encontramos en una permanente negación de la existencia de cosas irreconciliables pero, de facto, tropezamos diariamente con serias dificultades para conciliar muchas circunstancias. El resultado es esa palabra inexistente, ese “irreconciliados” que define un estado en el que no vislumbramos la reconciliación entre dos cuestiones, pero que consideramos transitorio porque no admitimos que puedan ser irreconciliables. De esta forma y en esa esperanza, andamos siempre en busca de soluciones que no terminamos de definir, y lo hacemos desde una misma perspectiva, puesto que hacerlo desde otra sería reconocer la incapacidad de reconciliarlas.

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Liebres y tortugas

Si Esopo viviera en nuestros días, hubiera tenido que buscar un animal más rápido que la liebre. Demasiado lenta para el mundo dominado por el “equivócate, pero hazlo rápido”, por la adaptabilidad o por las metodologías ágiles como mantras reinantes. Probablemente, incluso, sería la liebre quien habría de ocupar el lugar de la tortuga, mientras que la tortuga habría tenido que extinguirse. Lo cadencioso transformado en exasperante, la espera interpretada como eternidad insoportable y el aburrimiento entendido como pérdida de tiempo conforman una buena parte de la genética de nuestra sociedad actual. Leer más “Liebres y tortugas”

El empobrecimiento invisible

No aparece en estadísticas ni se refleja en el PIB ni en déficits ni deudas varias. Invisible en apariencia, inadvertido en los medios, existe y es real, lo sentimos y nos aprisiona como ese aire cargado, como esa falta de oxígeno apenas percibida, pero pesada como una losa. El confinamiento no solo ha destruido tejidos empresariales, minado confianza personal y grupal, acentuado problemas sociales y psicológicos y otras muchas consecuencias no tan inmediatas, pero probablemente más prolongadas en el tiempo. Ese ambiente denso y pesado del que es imposible escapar posee un alto componente de empobrecimiento cultural e intelectual. No una cultura e intelecto referida a lo selecto y al ejercicio reflexivo más profundo, sino al hecho más básico de provisión de alimento para nuestro espíritu, nuestras emociones y nuestra razón hecha realidad a través de la diversidad de temas que la sociedad crea a través de su funcionamiento, de sus interacciones y de las fricciones entre sus distintos actores. Leer más “El empobrecimiento invisible”

Volver

Esperanza y temor, alegría y tristeza son fieles acompañantes del volver. El regresar a lo que atrás quedó, por más o menos añorado que sea, se baña siempre en ese río ambivalente de sensaciones que bajan muy juntas y muy revueltas, y que lo hacen aún más cuando el momento de retornar se divisa al frente. Desubicados y descolocados, nos mostramos ante ese volver con el extraño sentimiento de estar en medio de la nada, ni de un lado ni de otro. En el navegar por ese río revuelto, divisamos ya más cerca la orilla donde antes vivimos, aquel territorio firme que hasta hace poco ansiábamos pisar de nuevo, y el súbito impulso de la antigua rutina nos lleva a asirnos a ella con fuerza. Pero, de improviso, un impulso fuerte y caótico nos empuja a entregarnos otra vez a la corriente, a sobrepasar la antigua ribera y encontrar una nueva en la que fondear. Leer más “Volver”

De casualidades y causalidades

Estar donde las cosas suceden. Hay personas que parecen estar dotadas con el don, tocadas con la “fortuna” de encontrarse en esos lugares y momentos donde acaecen las cosas importantes, donde nacen esos acontecimientos que quedan impresos allá donde nada ni nadie las borra. Gentes que despliegan su vida en un mapa de casualidades continuadas que nos admiran, al tiempo que se nos aparecen a veces casi imposibles e increíbles. Leer más “De casualidades y causalidades”

Esperanza de vida y vida con esperanza

Prolongar la existencia, estirarla al máximo, y hacerlo de forma continuada para ir apilando un año sobre otro en incesante escalada. Vivir más tiempo, esa aspiración de eternidad tan humana que tiende a ser eterna, se presenta ante nuestros ojos como uno de los grandes logros evolutivos de nuestra moderna sociedad avanzada. Un logro convertido en fin en sí mismo, en algo que es tangible y medible, en algo que es representable en gráficos y curvas, en algo que se puede presentar, que se puede entender. Miramos por la duración de lo vivido, pero olvidamos aquello que es vivido. Obsesionados por la esperanza de vida, se nos acumulan los años, pero no la esperanza. De tanto hablar de esperanza de vida, se nos despistó el vivir con esperanza. Leer más “Esperanza de vida y vida con esperanza”

INSATISFICCIÓN disponible en Ebook también en La Casa del Libro y FNAC

INSATISFICCIÓN ya disponible también en ebook para La Casa del Libro y FNAC. No dejes de disfrutar de un libro imprescindible para estos tiempos.

LA CASA DEL LIBRO: https://www.casadellibro.com/?q=insatisficcion

FNAC: https://www.fnac.es/a7334064/Insatisficcion-Como-necesidades-ficticias-crean-insatisfacciones-ficticias#omnsearchpos=1

 

 

La cultura nunca falla

Releo estos días las memorias de Stefan Zweig e imaginariamente me encuentro sentado en el salón Bösendorfer escuchando un concierto e, imaginariamente también, disfruto de la particular acústica de sus vetustas paredes revestidas de madera. Es el último concierto y allí sentadas hay poco más de cuatrocientas personas que se resisten a su cierre. Un edificio moderno, funcional y “útil” ocupará su lugar en un futuro. Se apagan las luces y tratan de echar a la audiencia, pero allí nadie se mueve. Todos se resisten a salir de aquella sala que en otros tiempos pisaran Chopin, Brahms, Rubinstein y Listz. Pasan los minutos que se hacen quince, luego media hora, una hora y así durante mucho tiempo más. Ninguna persona se levanta. Leer más “La cultura nunca falla”