La gran paradoja. Cuanto más progresamos, más nos parecemos a nuestros ancestros menos evolucionados

Probablemente nadie dude en afirmar que nuestra época es la de mayor progreso y la que más rápidamente evoluciona. Buena parte de esos adelantos están centrados en los avances tecnológicos que marcan a su vez la forma de relacionarnos, de vivir en comunidad (o mejor dicho, de dejar de vivir en comunidad), de trabajar, de legislar, de crear negocios, etc. Incrementamos nuestra esperanza de vida (lo de la calidad de la misma es otro cantar), acumulamos más bienes que nunca y sentimos que cuanto más tenemos, más somos. Colocamos al individuo como la centralidad, y como especie nos consideramos más importantes y poderosos que nunca, apoyados en un cientifismo cada día más creciente, que trata de superar las limitaciones que como seres humanos poseemos.

Pero esta híper evolución contiene algunas características que, paradójicamente, nos están acercando a nuestros ancestros menos evolucionados. Leer más “La gran paradoja. Cuanto más progresamos, más nos parecemos a nuestros ancestros menos evolucionados”

Videoblog. Cómo podemos diseñar ciudades atemporales para nuestro futuro colectivo

El medio marca en gran medida nuestro comportamiento, y las ciudades son el ecosistema donde nos movemos, conformando buena parte de ese medio. Las urbes de hoy en día son monótonas e iguales por la producción en serie, las normativas para organizarnos (barreras arquitectónicas suprimidas, tráfico, etc.) y el miedo a construir cosas diferentes. La clave está en recuperar lo local, la peculiaridad de cada lugar y su armonía con la naturaleza y orografía física, entre otras cosas.

¿Nos vamos de los trabajos por nuestros jefes? NO, hay tres razones más poderosas

Vivimos rodeados de hypes continuamente, de mantras que se van repitiendo y multiplicando con rapidez gracias a las redes y que se convierten en una verdad indiscutible y aceptada, que además se refrenda con estudios científicos y encuestas que lo demuestran.

Uno de los que más nos encontramos últimamente es el de que las personas abandonan su trabajo fundamentalmente por tener malos jefes. Es evidente que todo el ecosistema que rodea a nuestro puesto, desde la cultura empresarial, la estructura organizativa, estilo de dirección hasta los propios compañeros que nos acompañan, son factores importantes que afectan en mayor o menor medida a nuestro bienestar. Y, cómo no, dentro de esas variables, disponer de un jefe peor o mejor también tiene una alta incidencia en cómo nos encontremos. Leer más “¿Nos vamos de los trabajos por nuestros jefes? NO, hay tres razones más poderosas”

Videoblog. ¿Qué hace una vida más feliz? Lecciones del estudio más amplio nunca realizado sobre la felicidad

Robert Waldinger ha dirigido una parte del estudio más largo que se ha hecho nunca sobre la felicidad. Y estas son algunas de las conclusiones de lo que nos hace más felices.

 

El fracaso está sobrevalorado. De falsos mitos acerca de lo que representa el fracaso en nuestros días

Observamos en nuestra sociedad un hecho contradictorio. De una parte, hemos entronizado al fracaso, hablamos de él como peaje inevitable e insoslayable para obtener el éxito, lo consideramos una escuela de vida y de aprendizaje, y lo identificamos como la auténtica fuente para desarrollar nuestra perseverancia y nuestra resistencia. Si cotizara en bolsa, sin duda alguna sería uno de los valores al alza. Hasta aquí, todo perfecto e idílico. El quiz de la cuestión viene cuando, si miramos con detenimiento, observamos que todas las historias de fracasos son contadas por personas que finalmente han tenido éxito. Como en una moderna recreación del famoso “viaje del héroe” griego, todo comienza con una serie de visicitudes y fracasos que con voluntad, tenacidad, tesón y enfoque se superan, y acaban tornándose en triunfo. Pero, ¿cuántas narraciones escuchamos de fracasos continuados que no acaban en éxito y que, lamentablemente, son las más numerosas? Cero tendente a cero. A todos nos gustan poco o más bien nada los finales poco felices. El fracaso tiene buena prensa cuando acaba en éxito y muy mala cuando continúa con otro fracaso. Como sociedad, volteamos nuestro rostro cuando nos encontramos con estos segundos casos y los dejamos solos ante el peligro, mientras en un ejercicio de malabarismo seguimos alabando el fracaso.

La coronación del fracaso es el mecanismo que nos hemos dado para encubrir una verdad dolorosa, y es que en el trono del “éxito socialmente prescrito” solo hay espacio para unos pocos, muy pocos. Y esto es complicado de hacerlo casar con la idea prevalente del “puedes conseguir lo que deseas”. Así que la solución que nos hemos dado como sociedad es calificar el fracaso como un peldaño más para el éxito. El resultado es una legión millonaria de personas frustradas porque no acceden a ese trono deseado, a pesar de que no dejan de ir peldaño tras peldaño. Error, aprendizaje, perseverancia, deseo o propósito, entre otras muchas, son maravillosas palabras que pervertimos porque las hemos usado para alcanzar un trono y un éxito que, quizás, no sea el que realmente queramos ni necesitemos. Hacemos una travesía estéril de fracaso en fracaso hacia un éxito que probablemente no deseemos. Leer más “El fracaso está sobrevalorado. De falsos mitos acerca de lo que representa el fracaso en nuestros días”

Los rankings y la mediocridad. Cuando un exceso de medición nos empobrece

Cuando no podemos desarrollar toda nuestra individualidad e idiosincrasia como se merece, acabamos inmersos en la mediocridad. Y pocas cosas la cercenan tanto como la obsesión por la medición y su consecuencia más directa, los rankings.

La medición nace con la idea de ayudar a focalizarnos en aquello que consideramos más importante y conocer dónde debemos actuar para mejorar. Bajo esta perspectiva, medir es una vía para progresar. El problema comienza cuando transformamos esta concepción en otra muy distinta, y convertimos los indicadores y las mediciones en estándares sobre los que clasificamos todo (valía de las personas, de las instituciones, de las empresas, calidad, bienestar, felicidad, etc.) y bajo los que se toman importantes decisiones. Es en ese momento cuando aparece el ranking como elemento ordenador, como juez que determina de manera “presuntamente objetiva” lo que es bueno y malo, lo que vale o no vale. Unos rankings que surgen con la vana ilusión de objetivarlo todo (una premisa imposible desde el momento en el que se eligen unos indicadores y no otros, así como una forma determinada de medirlos) y de elevar el mérito hasta sus últimas consecuencias. Sin embargo, poseen un efecto secundario a menudo ignorado y es que nos acerca a lo mediocre. El ranking ataca directamente el desarrollo de nuestra individualidad, y como decíamos al comienzo del artículo, nos hace mediocres. Leer más “Los rankings y la mediocridad. Cuando un exceso de medición nos empobrece”

Videoblog. Lo que no entendemos sobre la confianza

Una perspectiva diferente a la hora de pensar en cómo ganarse la confianza de los demás. Sustituir confianza por confiabilidad, y proporcionar evidencias de que somos confiables a través de la honestidad, responsabilidad y competencia.