Revindicar lo aburrido

“Los viejos iban y se perdían en el olvido; en su reemplazo venían los nuevos, pero también a estos ella se acostumbraba pronto o sufría una decepción; comenzaba entonces a buscar ávidamente nuevos y nuevos personajes, los encontraba y volvía a buscarlos. ¿Para qué?”. La virtud de lo clásico resulta de expresar a su manera única la esencia de lo que no cambia con el pasar del tiempo, aquello que pertenece de siempre a la naturaleza humana y no deja de manifestarse bajo distintas formas. Valgan como muestra estas líneas con las que Chejov dibujaba hace más de un siglo a un personaje de uno de sus cuentos. Leídas hoy parecen describir a la perfección cómo se desempeña la sociedad de nuestros días. La novedad, la búsqueda ávida, el reemplazo, la pronta decepción, la conversión de lo nuevo en lo viejo en un visto y no visto. Una aversión a lo estático, a lo que no se mueve y permanece, una huida de todo ello a través del movimiento y de lo veloz. Un horror vacui existencial que se transforma en una forma de vivir y de relacionarnos.

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Un pedazo de cielo

“Cierto es que en mi casa hay toda clase de cosas inútiles. Sólo falta en ella lo necesario: una gran porción de cielo como aquí. Intente conservar siempre una porción de cielo por encima de su vida, muchacho”. Como todo lo clásico, estas palabras de Por el camino de Swann alcanzan con maestría y sencillez lo esencial, una esencia que se convierte en inmortal a la vez que se renueva a la luz de cada tiempo para permanecer siempre actual. Así son los clásicos y su grandeza, y así también lo es este breve extracto. Tres escuetas líneas que radiografían lo fútil de lo superfluo que es abundante, y la escasez e importancia de lo esencial que tendemos a olvidar.

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Perder el tiempo

En nuestro obsesivo afán por objetivarlo todo, el tiempo no es excepción. Hacer la cosa objetiva nos procura certezas aparentes, insufla seguridades y anega nuestra vida de evidencias. La objetivación desea eliminar los actos de fe y las convicciones para convertirlo todo en demostración y empirismo. Lo objetivo unido a lo evidente niega la discusión para agarrarse a la frialdad del dato. Así damos con que, en la objetivación, cualquier cuestión ha de entenderse desde su vertiente medible y contable. Y lo que no es medible ni contable termina por hacerse inútil e indeseable, porque nos sitúa en el terreno huido de la incerteza, del no saber, de la probabilidad y el ‘puede ser’. Lo que no se mide no cuenta, es pérdida o así lo queremos entender.

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¿Grande o pequeño?

Si hay una característica curiosa que define nuestro tiempo es la importancia que otorgamos socialmente a lo que es grande. Hemos convertido lo grande en símbolo y materialización de lo que triunfa y es exitoso. En un mundo cincelado a golpe de primeras impresiones, de encuentros fugaces y de hiper imagen, se necesita transmitir evidencias en tan solo segundos, ser etiquetado con rapidez, territorio donde lo grande juega con ventaja. Lo grande se divisa de inmediato, es deslumbrante e impresiona de un vistazo. Lo grande demanda poca explicación porque nuestro código cultural asocia ya de por sí una idea de poder a todo lo que posee gran tamaño. Grande por fuera y vacío por dentro, poco importa en el mundo de la apariencia donde lo grande reina, es moneda de cambio y aspiración general.

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Vidas sin huella

Ya en su vejez, decía proféticamente Miguel Delibes que, en un futuro, los abuelos apenas tendrían nada que contar. Recordaba su niñez alrededor de su abuelo contando fascinantes historias que mantenían a todos los nietos pegados a sus piernas y a su sofá. Poco importaba que aquellas personas hubieran viajado miles de kilómetros para emigrar o hubieran permanecido en su pueblo, en sus tierras y casa familiar. Todos, absolutamente todos, poseían una historia con mayúsculas que contar. Con ellos los riachuelos eran océanos de aventuras, los gorriones se hacían fastuosos ave fénix, las calles del pueblo se tornaban en escenarios de heroicas batallas y los árboles escondían secretos inconfesables grabados en sus troncos. Todo cobraba una desmedida e irresistible intensidad.

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Reescribir historias

Estos tiempos, y cuáles no, son especialmente propicios para la metáfora y la búsqueda de similitudes. Hoy me viene a la frágil memoria la historia de aquel escritor norteamericano que, tras una azarosa vida en otros oficios, tomó la determinación de encerrarse un par de años en un minúsculo piso de la ciudad para escribir su gran obra. Con dinero escaso, cumplir los plazos fijados para terminarlo era fundamental. Finalizado el manuscrito y antes de que editorial alguna lo hubiera contratado, un fatal incendio destruyó parte de su piso, y con él también su creación. Desolación, frustración, impotencia y enfado fueron las inesperadas invitadas de aquel momento que debía haber sido todo lo contrario. Un incidente ajeno e imprevisto echaba por tierra no solo dos arduos años de trabajo, sino algo más, sus esperanzas y expectativas de arrancar una nueva vida como escritor. Como historia con final feliz (si no, no la hubiéramos conocido), el protagonista del relato decidió volverse a encerrar en su minúsculo inmueble y, a base de tesón, perseverancia e imagino de buenas dosis de desesperación, reescribir la historia que finalmente se convirtió en un éxito. Leer más “Reescribir historias”

Las citas de “Insatisficción”. Capítulo 5. Pónmelo fácil

“Perseverancia, práctica, repetición, aprendizaje, autoconocimiento y manejo de expectativas son herramientas fundamentales para fortalecer nuestra estima y confianza. Entrar en ese círculo virtuoso nos hace avanzar hacia territorios desconocidos sin temor y nos convierte en más tolerantes al error y a las frustraciones que conlleva este proceso. Quedarnos en lo fácil nos lleva, en cambio, al territorio de la impulsividad y la impaciencia, a pasar de una cosa a otra de manera superficial, sin repetición ni aprendizaje, a no empujarnos contra nuestros límites y a la incapacidad de conocernos a nosotros mismos y de manejar nuestras posibilidades. El resultado, a menudo, es caer en una actividad frenética y desordenada, donde apenas tenemos el control y nos domina la ansiedad y el estrés. Desarrollamos una baja tolerancia a la frustración y una gran resistencia y temor al cambio, lo que acabará afectando a nuestra autoestima y confianza.”

Cita tomada del capítulo 5 “Pónmelo fácil” del libro Insatisficción. Cómo necesidades ficticias crean insatisfacciones ficticias, editado por la editorial Oberón del Grupo Anaya.

INSATISFICCIÓN disponible en Ebook también en La Casa del Libro y FNAC

INSATISFICCIÓN ya disponible también en ebook para La Casa del Libro y FNAC. No dejes de disfrutar de un libro imprescindible para estos tiempos.

LA CASA DEL LIBRO: https://www.casadellibro.com/?q=insatisficcion

FNAC: https://www.fnac.es/a7334064/Insatisficcion-Como-necesidades-ficticias-crean-insatisfacciones-ficticias#omnsearchpos=1

 

 

La cultura nunca falla

Releo estos días las memorias de Stefan Zweig e imaginariamente me encuentro sentado en el salón Bösendorfer escuchando un concierto e, imaginariamente también, disfruto de la particular acústica de sus vetustas paredes revestidas de madera. Es el último concierto y allí sentadas hay poco más de cuatrocientas personas que se resisten a su cierre. Un edificio moderno, funcional y “útil” ocupará su lugar en un futuro. Se apagan las luces y tratan de echar a la audiencia, pero allí nadie se mueve. Todos se resisten a salir de aquella sala que en otros tiempos pisaran Chopin, Brahms, Rubinstein y Listz. Pasan los minutos que se hacen quince, luego media hora, una hora y así durante mucho tiempo más. Ninguna persona se levanta. Leer más “La cultura nunca falla”

El hombre invisible

Visibilizar es la palabra. Ser, estar, hacerse visible como consigna de nuestros días. Poco importa se trate de causas sociales, decisiones políticas, arte, cultura, empresas o personas, si algo desea existir e incluso sobrevivir, ha de visibilizarse. Comprimimos todo nuestro ser en escasas etiquetas, en hashtags que han de definirnos, hacernos accesibles y localizables en la jungla ‘internetiana’. Y cuanto más arriba en las posiciones se nos muestre, más existimos. El medio transfigurado en fin, la herramienta en objeto. Poco importa lo que tengamos que decir si apenas somos visibles. Lo que no se ve, no existe, no sobrevive. Leer más “El hombre invisible”