Inseguridad y orden social

Nada descubrimos al decir que buena parte del orden social desplegado por las sociedades en la historia de la humanidad ha encontrado su origen en la preservación de la seguridad. Aquel concepto hobbesiano del hombre entendido como ser que busca incrementar su propia reputación, que compite y que desconfía de los demás, fue base y fundamento de un contrato social que, con sus variaciones y modificaciones, ha llegado hasta nuestros días. La idea de inseguridad, el temor a lo que pueda suceder, el miedo a perder lo que es propiedad de uno, la desconfianza hacia el otro y lo otro, así como la angustia por lo desconocido configuran una forma de organizarnos, de ordenarnos, que marca nuestras instituciones y fundamentos políticos, nuestras relaciones y comunicaciones, nuestras normas y nuestras leyes. Ante el peligro del desmán, del mal funcionamiento que provocan conductas individualistas no deseadas, oponemos la garantía de la ley, de las normas, de las instituciones. Una inseguridad que se entiende como un efecto secundario inevitable de la naturaleza humana, de su comportamiento egoísta basado en un deseo individual que algunos tratan de satisfacer a costa del resto.

La aspiración de instituciones, gobiernos, partidos políticos y medios de comunicación era entonces las de ser garantes de la seguridad. Seguridad en la convivencia, en la gestión de las cosas, en las informaciones y su veracidad, … Sin embargo, sucede hoy una inversión peligrosa y sorprendente de sus papeles. Frente a la idea de oponer seguridad frente a la inseguridad como motor y motivo de su existencia, hallamos en este tiempo una intención de extender un halo de inseguridad como justificación para su existencia. El miedo a la pérdida de relevancia, a quedar desdibujados frente a otros actores que se convierten en normativos en la sombra, llámense grandes corporaciones tecnológicas que configuran buena parte de nuestras pautas de comportamiento, dejan fuera de juego a estas figuras clásicas que encuentran en azuzar la inseguridad y el miedo un remedio y justificación para su papel y existencia. Un movimiento que, lejos de otorgarles el protagonismo deseado y la centralidad, no hace sino horadar aún más su credibilidad y la confianza que los ciudadanos les otorgan.

Es moneda de cambio y tristemente ya no nos sorprende ver en gobiernos de todo el mundo, sean o no en coalición, sean o no de países más o menos desarrollados, agentes y personas que extienden desde su posición la inseguridad, adoptan posiciones y posturas rupturistas de la propia institución que representan para luego proponer soluciones, presentarse como salvadores de una situación que es propiciada en parte por ellos mismos. Una labor de escudriñar, exagerar y airear quiebras en la seguridad, de alentar el miedo que se extiende a los partidos políticos y a los medios de comunicación en lucha por captar la atención usando la más básica herramienta psicológica del temor. Como aprendices de brujo, se juega con un fuego de consecuencias desconocidas y seguramente funestas. En una sociedad donde las propias referencias de seguridad cultivan con intención un sentimiento de inseguridad en la población, no resulta extraña la desconfianza general ante las noticias y el alza de lo fake, la desafección creciente hacia los sistemas políticos, sean repúblicas o monarquías, la polarización y la incapacidad de acordar. En ese melange es donde se produce el caldo de cultivo para que reine el desorden y los disturbios violentos, la confusión y la pérdida de lo que es sensato, que queda al arbitrio de cada uno, y que nos devuelve a esa raíz del hombre como lobo para el hombre. Una sociedad donde sus referentes no encuentran su motor en combatir la inseguridad sino en provocarla tenderá a buscar un nuevo camino de seguridad, desconocido y no exento de riesgos, porque será el temor y el miedo quienes guíen sus decisiones. Una ciudadanía que se convertirá en masa manipulable al estar sus sentimientos a flor de piel.

La búsqueda de la seguridad no entiende de ideologías, sino de garantías, y estas puede encontrarlas en los lugares más recónditos y menos esperados y deseados. Conviene no olvidarlo cuando las autoridades y los medios juegan a aprendices de brujo enardeciendo la inseguridad como motor de su actividad.

Óscar Fajardo Rodríguez es autor, ensayista y articulista. Ha publicado con el sello Oberón del Grupo Anaya el libro Insatisficción. Cómo necesidades ficticias crean insatisfacciones ficticias.

Autor: Óscar Fajardo

Óscar Fajardo es escritor, ensayista, articulista, formador y conferenciante.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s