Centros y periferias

Desde sus primeros asentamientos, la especie humana posee una tendencia innata a la concentración. El concentrarse implica un ‘estar todos y estar juntos’ que origina lo que hoy entendemos como centralidad. Los centros surgen como consecuencia del juntarse y de hacerlo todos, o una mayoría. El centro no es, pues, un concepto fijo ni inmóvil, en tanto en cuanto su nacimiento proviene de una concentración que lo antecede. Lo que hoy es centro mañana puede no serlo porque, lo que es central, lo es siempre respecto a algo, y ese algo viene dado por la concentración, que es caprichosa y movible. El centro queda así entendido como aquello donde está todo, donde estamos juntos. Pero a la acción de concentrarse y de crear un centro le es consustancial la periferia, que es todo lo que queda fuera de él. Centro y periferia no se entienden uno sin el otro. La concentración crea dispersión fuera de ella por lo que al acto de concentrarse le es intrínseca su propia periferia. Y todo ello resulta en un proceso sin fin porque en la periferia de un centro grande existe un centro más pequeño que posee a su vez su propia periferia más reducida. Centro y periferia actúan como matrioskas en un movimiento infinito de imposible atajo, por más que creemos instancias cada vez más minúsculas. No hay centro sin periferia, ni periferia sin centro.

Sin embargo, existe una tendencia a establecer una dialéctica entre el centro y la periferia, bajo la bien intencionada idea del reequilibrio, de la prestación de la atención adecuada a lo que está fuera del centro, a lo que está desconcentrado. Establecer esa dialéctica centro-periferia niega la evidencia de que son el envés de una misma moneda, no dos monedas diferentes. Uno sin la otra no existe. De ahí que, a pesar de los años e intentos de gestión, esa dicotomía permanezca irresoluble, y los esfuerzos por solucionarla se antojen tan estériles como atrapar agua con las manos.

Entenderlo como dos fenómenos diferentes conduce a tratar lo periférico con las mismas estrategias e instrumentos que lo central, y en esa sana y buena intención igualitaria se anida el germen de todo lo contrario, un entendimiento y concepción de lo periférico como ‘hermano pobre’ que, paradójicamente, lo estigmatiza más aún, lo desiguala y lo aleja de lo que es el centro.

Nuestro mundo macro y micro, nuestras sociedades, países, ciudades, barrios, trabajos e incluso nuestro propio ser no se entenderán correctamente si no se integran adecuadamente centro y periferia, si no cesa de interpretarse a ambas como cuestiones dicotómicas. La periferia es el contorno del centro, y el centro es la referencia de la periferia. Son como el área y el contorno en la geometría, imposible dibujar figura alguna sin ellos dos. Ahora que tanto se habla de la periferia como lugar que habitar frente al centro, como espacio donde reequilibrar y balancear la concentración, es importante recordar precisamente que en el momento en el que se produzca ese traslado, lo periférico de antes será centro y surgirá una nueva periferia, con lo que se trasladarán los mismos problemas de los que se trataba de huir.

Entender el centro y la periferia como algo que es armónico y no dicotómico es nuestro reto. Partir de la concepción de que, tanto como individuo como miembro de la sociedad, el ser humano se concentra y dispersa en un movimiento fluido y natural, y acompañar con nuestras acciones de gestión social y del entorno esa fluidez y naturalidad es la mejor forma de conseguir una adecuada integración, reducir (que no evitar porque resulta imposible en su totalidad) los guetos, y hacer más rica la convivencia entre el centro referencial y la periferia diversa para que se realimenten. Cortar ese cordón umbilical mediante un entendimiento dicotómico no lleva más que al aislamiento, a la desigualdad y a la replicación de los mismos errores de hoy, pero a distintas dimensiones. Necesitamos tanto centro como periferia.

Óscar Fajardo Rodríguez es autor, ensayista y articulista. Ha publicado con el sello Oberón del Grupo Anaya el libro Insatisficción. Cómo necesidades ficticias crean insatisfacciones ficticias.

Autor: Óscar Fajardo

Óscar Fajardo es escritor, ensayista, articulista, formador y conferenciante.

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