Un pedazo de cielo

“Cierto es que en mi casa hay toda clase de cosas inútiles. Sólo falta en ella lo necesario: una gran porción de cielo como aquí. Intente conservar siempre una porción de cielo por encima de su vida, muchacho”. Como todo lo clásico, estas palabras de Por el camino de Swann alcanzan con maestría y sencillez lo esencial, una esencia que se convierte en inmortal a la vez que se renueva a la luz de cada tiempo para permanecer siempre actual. Así son los clásicos y su grandeza, y así también lo es este breve extracto. Tres escuetas líneas que radiografían lo fútil de lo superfluo que es abundante, y la escasez e importancia de lo esencial que tendemos a olvidar.

Es un hecho que hoy apenas divisamos el cielo, que solo lo miramos en la preocupación de algún acontecimiento meteorológico llamativo pero que, en su ausencia, el propio cielo que está sobre nuestras cabezas permanece también ausente para nuestra conciencia. Nuestra visión del mundo se restringe física y metafóricamente a un mirar al suelo, a nuestros dispositivos y poco más que al frente. Solo es necesario darse un paseo por cualquier calle de cualquier ciudad para comprobar esta triste realidad. Casi nadie, o más bien absolutamente nadie, levanta su cabeza para presenciar esa porción de cielo que Proust nos invita a conservar por encima de nuestras vidas. Esta realidad física y metafórica resulta fiel reflejo de nuestro vivir acelerado y repleto de inutilidades, de nuestra pérdida de perspectiva respecto de lo que es necesario para cada uno.

Quien conserva su pedazo de cielo por encima de su vida acostumbra a mirarlo con frecuencia, es un lugar al que acude con cotidianeidad y hace presente en su día a día. En lo físico le supone un desahogo para sus ojos cansados de mirar la avalancha de impactos a los que se le somete, que encuentran en el cielo el relajo del contemplar, de la cadencia que lo habita. Pero ese pedazo de cielo, esa parcela conservada es mucho más que lo físico, es reservarse un espacio para ir más allá de uno mismo, de su limitada interpretación de la vida, para divisar la inmensidad que nos recuerda nuestra extremada pequeñez, que nos retrata en nuestra verdadera dimensión, y que nos coloca en una nueva perspectiva en la que descubrimos la inutilidad de buena parte de las cosas por las que más que vivir, nos desvivimos.

La parcela de cielo nos muestra en su infinidad nuestra finitud, la conciencia de la existencia de un final, y nos invita a su aceptación que ya no es angustiosa sino liberadora, porque en esa peculiar comunión, descubrimos que nosotros también formamos parte de ese cielo, que nosotros también somos infinitos. Vivir y existir con plenitud resulta imposible si uno no reserva su parcela de cielo, su pequeño pedazo al que levantar la mirada para resituarse. Mirar al cielo es trascenderse y trascender lo que nos rodea, y solo en esa trascendencia se produce el encontrarse a uno mismo. Es así cuando uno se descubre a sí mismo y es capaz de sentirse a gusto, de existir con plenitud, de estar dónde, cuándo y cómo quiere estar. Mirar al cielo, conservar ese pedazo siempre con nosotros nos ayuda a ubicarnos, a hallar nuestro lugar en el mundo y a escribir nuestra propia narrativa de vida desde la que dotar de sentido a todo aquello que nos sucede. Cuando miramos al cielo, cuando conservamos nuestra pequeña parcela, comenzamos a construir el sentido de nuestra vida.

Alzar la mirada física y metafóricamente al cielo es también un ejercicio de entrega y aceptación del destino, que no de resignación, de reconocimiento de algo que nos supera y que nos invita a practicar la humildad. Mirar al cielo es un ejercicio de desprendimiento de uno mismo, porque cuando se mira arriba, uno deja de contemplarse y es así como despide lo nocivo de su ego.

En estos tiempos, como en casi todos, donde nuestras existencias están pobladas de cosas inútiles, no olvidemos conservar siempre un pedazo de cielo por encima de nuestras vidas.

Óscar Fajardo Rodríguez es autor, ensayista y articulista. Ha publicado con el sello Oberón del Grupo Anaya el libro Insatisficción. Cómo necesidades ficticias crean insatisfacciones ficticias. Si deseas contactar para colaboraciones, escribe a articulistaxxi@gmail.com

Autor: Óscar Fajardo

Óscar Fajardo es escritor, ensayista, articulista, formador y conferenciante.

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