Cuando lo explícito devora a lo tácito

¿Dónde fue lo tácito? ¿Dónde aquello que se sobrentendía aunque no fuera dicho, o más bien que no era necesario ser dicho para que fuera entendido? Lo tácito adoptaba multitud de formas, y polinizaba nuestro funcionamiento como sociedad y nuestras relaciones dentro de ella. Lo implícito surgía en una mirada, en un gesto, en un silencio, en la ironía, en la costumbre… No era en apariencia formal, aunque por eso era lo más formal, ni requería de formas regladas para ser comprendido. No estaba escrito, ni tampoco rubricado en papel ni soporte alguno y, sin embargo, cuando existía, poseía la mayor fuerza de cumplimiento, la que nace de la reciprocidad de un entendimiento ya interiorizado.

Lo tácito nos llevaba al acto de suponer y de inferir. Era comprender lo no visto y confiar en la reacción correcta del otro sin mediar firmas ni contratos. Lo implícito se apoyaba en la confianza y la convicción del cumplimiento de algo que, aunque no físicamente visible, era tanto o más real porque se sostenía en una obligación moral. De esa obligación moral, de ese ‘yo espero que tú hagas’, de esa expectativa aceptada y acordada, emergía la mejor de las convivencias porque nadie se regula mejor que quien se siente obligado moralmente hacia el otro, y espera y confía ciegamente en que el otro actúe recíprocamente.

Cuanto es lo tácito lo que predomina frente a lo explícito, las sociedades y la convivencia rebajan sus tensiones porque existen menos fricciones. En el reino de lo implícito hay mucho más de previsible, de ‘lo que se espera de’, de certezas que se alumbran en una idea ampliada de comunidad que comparte moral. En esas sociedades los límites son invisibles pero muy reales y palpables, sin necesidad de hacerlos explícitos, y esto hace que nuestras relaciones ocurran con mayor fluidez.

Lo tácito hoy ha sido devorado por lo explícito. Nuestras relaciones se encuentran cada vez más teñidas de lugares donde no pisar, de palabras no dichas, de prejuicios y precauciones. Los temores, resignaciones y indignaciones quedan en el interior de cada uno cuanto menos, o cuanto más terminan judicializadas, porque en lo explícito todo se triangula, todo necesita de una persona tercera que medie, que juzgue, que decida. Es el mundo de lo no común, de lo individualizado hasta el grado máximo, nada puede ser tácito, todo ha de ser explícito. El contrato y la firma es la forma de acuerdo, y la desconfianza lo que se esconde detrás. Lo explícito es causa y consecuencia. Es consecuencia de esa individualización que antepone el ‘uno mismo’ frente al ‘usted, primero’, y que necesita entonces crear un espacio compartido que ya no es tácito porque eso requiere un ceder por ambas partes, sino explícito comprendido en contratos, en reglajes formales, en mediaciones que decidan por nosotros.

Pero también es causa porque su proliferación y extensión a todos los ámbitos de nuestra existencia ha redoblado esa sensación de desconfianza y ha reforzado esa individuación bajo una promesa de falsa igualdad y de un garantismo absoluto que la experiencia demuestra ser imposible. En lo explícito hay contienda, y en la contienda siempre hay derrotados que ven traicionada esa igualdad y ese garantismo.

No hay igualdad ni garantismo más amplio que el que mana de lo tácito que bebe de las fuentes de lo acostumbrado, de lo que se convierte en obligación interior y no en forzado compromiso proveniente de terceros. Las sociedades más igualitarias tejen su base sobre lo consuetudinario, lo que no se ve pero se intuye, se acepta y respeta, y sobre ello crece lo explícito como forma de regular aspectos más específicos de nuestro funcionamiento. Cuando, como hoy nos sucede, lo explícito devora a lo tácito, todo deviene en fricción, desacuerdo, convivencias complejas, radicalismos, desarraigo y ausencia de sentimiento de comunidad. Recuperar lo tácito es asunto importante.  

Óscar Fajardo Rodríguez es autor, ensayista y articulista. Ha publicado con el sello Oberón del Grupo Anaya el libro Insatisficción. Cómo necesidades ficticias crean insatisfacciones ficticias. Si deseas contactar para colaboraciones, escribe a articulistaxxi@gmail.com

Autor: Óscar Fajardo

Óscar Fajardo es escritor, ensayista, articulista, formador y conferenciante.

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