Lo suyo y lo contrario

No se nos oculta que la especie humana está esculpida a base de contradicciones. De un ahora sí, ahora no; de dos pasos para adelante y uno para atrás. Es nuestro andar por la vida un deambular entre la decisión y la retracción, entre el miedo y la audacia, entre la libertad y la sumisión. Quizás las contradicciones sean lo que nos hace más humanos y lo que nos permite evolucionar. Cada contradicción es un desacuerdo con uno mismo que nos lleva a una posición incómoda primero, a un replanteamiento después y a un movimiento en última instancia para resolver esa tensión. Y así desde que nacemos hasta que morimos.

Negarse la contradicción es negarse la posibilidad de conocerse en profundidad, de ser en todas nuestras dimensiones, de vivir con plenitud. Permitirse la contradicción es permitirse el perdón a uno mismo y a los demás. Solo quien se sabe en contradicción se sabe también falible, errático a veces, pero siempre pensante. La contradicción es un hecho vedado para quien no piensa y solo ejecuta. Parafraseando y aumentando a Ortega podríamos decir que ‘Yo soy yo y mis circunstancias y también mis contradicciones’. Las contradicciones cincelan nuestro Ser y nuestra identidad, la perfilan y dibujan, nos exponen a nuestras multitudes que dentro nos viven.

La contradicción es dolorosa porque nos sitúa en una momentánea falta de coherencia, algo que nuestro propio cerebro no admite. Si el corazón posee razones que la razón no entiende, la razón pronto pone en marcha todos sus mecanismos para entenderlas, para adaptarlas y socavar lo que es contradicción. La aparición de esa contradicción supone entonces un acto de consciencia, un despertar que nos sacude y despereza. La contradicción implica un ‘darse cuenta’ que resulta imposible ante la ausencia de la consciencia. Una existencia sin contradicción es por tanto una existencia sin consciencia, simplemente instintiva y animal. Unas contradicciones que son puntuales, temporales, que terminamos por resolver de una u otra forma para volver a vivir con coherencia y consistencia hasta la siguiente encrucijada, hasta el siguiente cruce de caminos que representa la contradicción.

Pero igual que la contradicción es algo consustancial al ser humano y necesario, requiere de apariciones puntuales, de duraciones temporales, de alternancias con la consistencia y la coherencia, porque si no, se convierte en un fenómeno insano, extenuante y peligroso. Sin embargo, hoy la contradicción es utilizada como elemento fundamental para mantener el sistema. La contradicción es empleada para fomentar una continua insatisfacción e incomodidad en las personas, que incapaces de vivir en ese estado de forma perenne, buscan apaciguarlo con el consumo permanente.

Nuestro mundo de hoy nos ofrece un panorama de contradicciones extendidas a todos los ámbitos de nuestra existencia. Se nos invita a consumir como única forma de sostener nuestra forma de vida a la vez que se nos avisa de la necesidad del ahorro para poder sobrevivir en un futuro. Nos alimentamos de lo que otros cocinan, de lo saturado que puebla todos los lineales de supermercado y a su vez se nos atemoriza con los riesgos de la obesidad y con la necesidad de cuidarse físicamente. Se nos dice que seamos lo que nosotros queramos, pero se nos conmina a que nos dediquemos a unas profesiones que contingentemente son ahora necesarias si queremos prosperar y progresar. Se habla de modelos de educación que hacen hincapié en otras cualidades más suaves, mientras se siguen aumentando los currículos con las materias más duras. Se predica llevar una vida más saludable mientras las nuevas fórmulas de trabajo implican trabajar más horas y con más sedentarismo. Se aplauden las virtudes de lo social y de los contactos a la vez que el mundo se ventila en las pantallas. Las contradicciones ya no son temporales ni puntuales, ni tan poco resolubles por la razón, sino que son continuadas, explicitadas con intención de hacernos sentir en un desencaje infinito, en un pasar de una orilla a otra en un movimiento incesante. Se nos dice que es posible cuadrar el círculo, ser y no ser, lo suyo y lo contrario, que existe la posibilidad de vencer esas contradicciones si consumimos, si vamos de un lado al otro sin cesar. El resultado es que la vida ya no es una contradicción rica y temporal que nos hace mejores, sino una contradicción continuada en la que no encontramos ni razones ni acomodo, y donde esa búsqueda incesante por lograr lo suyo y lo contrario nos deja en medio de la nada, hastiados, perdidos y exhaustos en una vida sin consciencia, entregada a los instintos. Y es que lo suyo y lo contrario jamás pudo ser, y nunca será.

Óscar Fajardo Rodríguez es autor, ensayista y articulista. Ha publicado con el sello Oberón del Grupo Anaya el libro Insatisficción. Cómo necesidades ficticias crean insatisfacciones ficticias. Si deseas contactar para colaboraciones, escribe a articulistaxxi@gmail.com

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s