Vivir en titulares

Cuesta creer que hubiera un tiempo en el que no existían los titulares. Apenas cien años atrás comenzaban a balbucear los primeros destacados en alguna prensa y publicidad. El titular era una excepción en un mundo donde la atención no era un bien preciado, o más bien en extinción como hoy nos sucede. No hace falta remontarse tan lejos para comprobar cómo hemos cambiado. Revisar los telediarios de comienzos de los pasados años ochenta es descubrir que no existían los titulares, mientras que una década después los titulares apenas ocupaban cincuenta segundos. Hoy todo es diferente. Los titulares se extienden por espacio de más de cinco minutos y se convierten en un informativo condensado y jibarizado para permitir el abandono de una buena parte de la audiencia una vez finalizados. Una suerte de invitación al escape. Y es que hoy nuestra existencia se vive en titulares.

En un mundo donde lo efímero se acepta como realidad absoluta y se renuncia a la permanencia y a la repetición para entregarnos a una renovación sin fin, a un movimiento incesante donde lo que cuentan son los principios y los finales, y no lo que transcurre entre ellos, los titulares son reflejo de nuestra forma de vivir, o más bien, nuestra propia forma de vivir. Hoy, contrariamente a aquella estrofa machadiana, todo pasa y nada queda, y lo nuestro no es pasar haciendo camino, sino más bien olvidar el camino. El camino es aquello que está entre el principio y el fin, ahí es donde la vida con mayúsculas se sitúa, ahí es donde se vive. Es en ese hacer camino donde se existe.

En cambio, nuestro vivir en titulares contemporáneo solo piensa en los comienzos y en los finales, y se olvida del camino, se olvida de vivir. El fogonazo atractor de un titular que se apaga con la velocidad de un fósforo es rápidamente sustituido por otro fogonazo aún mayor que se apaga también con una rapidez aún mayor.

El titular fagocita invisiblemente la vida, la devora en segundos para crear una nueva. Convierte el existir en puro tacticismo, en microplacismo porque el cortoplacismo se ha vuelto demasiado largo. Ya no hay medio ni intermedio, ya no existe una senda o un trayecto entre el inicio y el fin, un espacio y un tiempo donde todo sucede. Y es que las cosas ya no suceden sino que se suceden. Cuando algo sucede, ese algo requiere detenimiento, pausa y tranquilidad. Cuando las cosas se suceden, son empujadas y retiradas antes de que podamos detenernos y estar en ellas.

El titular no ocupa espacio, como tampoco lo ocupan ya nuestras vidas. El titular se comprime como nuestras existencias, y en esa compresión deja infinidad de huecos que nuestro mundo no soporta presenciar y que se dispone a rellenar con más titulares en una sinfonía de ruido incomprensible. Nuestra vida en titulares que no soporta el vacío se llena de más titulares, de más principios y finales que se suceden pero no suceden, que nos pasan por delante pero que no se detienen, ni nosotros en ellos. Angustiados por la vorágine del titular que nos deja exhaustos, buscamos unirlos a base de narrativas, de relatos imposibles porque nada dura demasiado para que exista el tiempo necesario que construya una historia sólida.

Nuestra vida en titulares es una vida que pasa, pero que no nos pasa. Es una existencia en tercera persona, no experimentada más que de una forma instintiva y pobre, fugaz y a medio gas, donde los principios y finales abundantes pero descafeinados sustituyen las ganas de más por otro nuevo titular que vuelve a alimentar el circuito. Y entre titular y titular, la verdadera vida se nos escapa con sus detalles y trazos finos, con sus recuerdos y sus anhelos, con su pasar haciendo camino, un camino que ese sí, siempre queda.

Óscar Fajardo Rodríguez es autor, ensayista y articulista. Ha publicado con el sello Oberón del Grupo Anaya el libro Insatisficción. Cómo necesidades ficticias crean insatisfacciones ficticias. Si deseas contactar para colaboraciones, escribe a articulistaxxi@gmail.com

Autor: Óscar Fajardo

Óscar Fajardo es escritor, ensayista, articulista, formador y conferenciante.

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