Lo auto infligido

Los psicólogos hablan de disociación, de la sensación de sentirse perdido, solo, vacío e irreal, así como del sentimiento de angustia, agobio e incapacidad de lidiar con las circunstancias como causas más comunes de las auto lesiones. Cuando una persona cae en ello, consigue propiciarse un falso alivio ya sea porque le hace sentir real y vivo o porque cree recuperar cierto control que le evite la angustia. Un remedio envenenado cuyo resultado no hace más que agravar la causa que lo originó, porque lejos de solucionarla, añade a ella el problema derivado por ese daño auto infligido. La sociedad, como cuerpo que es, está sometido a muchas de esas tensiones que sufren los seres humanos, y como ellos, a menudo se auto lesiona y se auto inflige daños que desde lo lejano nos resultan incomprensibles.

En toda la historia, no solo en nuestros días, ese cuerpo social padece momentos de desorientación, de vacío e irrealidad, y se percibe a menudo incapacitado para lidiar con determinados acontecimientos. Ante ello, reacciona también auto infligiéndose daños para ahorrarse esos incómodos sentimientos y adquirir una falsa idea de seguridad y control. Daños que no remedian el problema real, sino que atacan síntomas, que alivian pero no curan, y que terminan por agravar aún más la situación. Este devenir social es común y sucede en todas las eras porque nuestro movimiento ni es ascendente (no podemos discernir si estamos mejor o peor que antes pues depende de lo que cada cultura de cada tiempo ponga en valor) ni tampoco uniforme y lineal, sino que es errático y marcado por la situación y los remedios, donde lo auto infligido siempre aparece. Nada como las guerras para comprobarlo.

Ocurre, sin embargo, que hay épocas donde la sensación de desconexión, de irrealidad y de vacío es tan intensa, y también la falta de control y la incapacidad de bregar con los problemas tan pronunciada, que las lesiones que el cuerpo social se auto inflige pueden llegar a ser de un calado tan profundo que cambien totalmente la realidad. Hoy el vacío existencial de las sociedades avanzadas es inabarcable, la soledad e impotencia del individuo ante una globalidad interconectada e impersonal es insoportable, la desigualdad social llega a las orillas ya del mundo más privilegiado, la inseguridad ante un futuro que se nos hace depender falsariamente de cada uno de nosotros para convertirnos cada vez más esclavos es intolerable, y la vida enredada en un continuo presentismo nos ha dejado hastiados y extenuados. Ante ello, el cuerpo social aprovecha pandemias, virus o catástrofes como excusa para huir de esas situaciones y auto infligirse su propio daño ante la incapacidad de manejar todas esas circunstancias anteriores. Es su forma de esquivar temporalmente el vacío, de sentir que posee el control.

Lo auto infligido tiene una combinación extraña de ira y furia contra lo incontrolable, y de castigo auto impuesto y merecido por no cambiar antes las cosas. Es por eso que, como sociedad, experimentamos la ambivalencia de no sentirnos del todo bien pero tan poco querer regresar a lo anterior, de comprender y compartir la conveniencia de parar y vivir a la vez la angustia de estar parados, de mostrar enfado y esperanza casi indistintamente. Hoy vivimos un tiempo así, nos auto infligimos medidas y soluciones temporales para escapar de ese vacío exasperante del que provenimos. En lo auto infligido nos sentimos bien aunque sabemos que está mal, porque es evitativo a corto plazo pero escamotea el verdadero problema y sus causas, y peor aún, termina por hacerlo más profundo. Lo auto infligido tiene derivas extrañas y a veces muy peligrosas de las que debe huirse. De lo auto infligido solo se sale con la aceptación de que necesitamos un nuevo sistema y una nueva forma de vivir y estar en el mundo. Es hora de dejar de auto infligirse y auto lesionarse como sociedad porque su deriva es peligrosa, y de comenzar a crear algo diferente.

Óscar Fajardo Rodríguez es autor, ensayista y articulista. Ha publicado con el sello Oberón del Grupo Anaya el libro Insatisficción. Cómo necesidades ficticias crean insatisfacciones ficticias. Si deseas contactar para colaboraciones, escribe a articulistaxxi@gmail.com

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s