La sociedad embudo

Trasvasar líquidos a recipientes de boca estrecha y hacerlo sin apenas derramamiento y desperdicio. Clara y explícita, así es la función del embudo que permite hacer accesible y distribuible lo que de otra forma sería mucho más complejo. Un trasvase en el que todo ha de pasar por el mismo lugar, concentrarse y condensarse, para finalmente hacer que el líquido termine en recipientes más pequeños, que constituyen en sí mismos un nuevo mundo, una nueva realidad más limitada. De la expansión a la contracción, de la extensión a la concentración. ¿Cuestión solo de líquidos? Probablemente no. Basta echar un vistazo al mundo del trabajo. Continuamente se publican listas con los puestos de trabajo más demandados. Si queremos prosperar, tener futuro y vivir bien (¿quién no lo quiere?), hay que procurarse uno de esos empleos (por cierto, cambiantes de semestre en semestre, pero eso daría para otro artículo). Así que todos viramos hacia aquella dirección, las escuelas, las universidades, los alumnos, …

Así, podemos encontrar cientos de ejemplos en nuestro mundo actual. Los tenemos en las manifestaciones culturales, en la educación, en la política, en la economía y hasta en el lenguaje que empleamos. En una sociedad de mercado, entregada al intercambio y a la transacción, lo más demandado es lo que impera. Hoy nuestro embudo es lo más demandado. Nuestra riqueza inmensa como sociedad y como humanidad se vierte en el embudo de la demanda, que nos concentra a todos, nos condensa y aprieta en una boca estrecha para depositarnos en micro universos que son mucho más pequeños y reducidos, y de los que salir resulta imposible o un nadar contracorriente. Solo lo que se desborda queda fuera, y como tal, es interpretado y tratado como desperdicio o rara avis, algo que queda al margen y que debe ser prácticamente obviado.

Y en ese embudo, las peleas por no quedarse fuera se convierten en competencias feroces porque el espacio para acomodarse es escaso, y nada puede ser percibido como abundante cuando hay que pasar por una boca estrecha. Nos inventamos una falsa meritocracia para justificar esa selección que no es nada natural. Aquellos que quedan dentro de esos recipientes minúsculos, que han pasado por el embudo, permanecen aparentemente protegidos, hasta que, metafóricamente, ese líquido no renovado y encerrado en tan disminuido recipiente, se pudre y no sirve. Ese recipiente y lo que está dentro ya no se demanda y pide ser trasvasado. Una nueva vuelta de tuerca del embudo de la demanda, una nueva y falsa selección natural, una nueva meritocracia, una nueva parcialización y parcelación de nuestra rica realidad y nuestro amplio mundo, que vuelve a convertirse en escaso.

El afán humano de sentir certidumbre y seguridad se ha volcado desde hace ya bastantes décadas en construir sistemas y micro mundos propios y limitados en los que pueda ejercer ese control. Mundos donde no todo el mundo cabe, y para los que necesita embudos en los que verter el futuro contenido en continentes disminuidos y reducidos. La hiper concentración y la hiper densidad son rasgos típicos de nuestros tiempos actuales, ya sea en el mundo físico o virtual, ya sea en el ocio o en el trabajo. Nuestra sociedad se ha entregado al embudo de la demanda para adquirir una cierta tranquilidad ficticia, una certidumbre quimérica e irreal por la que paga el precio alto de desigualdades, sometimiento y existencias vacías. Una certidumbre que cada vez es menos cierta para cada vez menos personas. Nunca es tarde para reconocernos como seres que no todo lo pueden controlar, para admitir que la imprevisibilidad forma parte de nuestra vida y que crear un universo ficticio al que se accede mediante embudos no la eliminará. Solo de esta forma aprenderemos a asumir la responsabilidad de nuestra propia libertad, a evitar la sumisión a artificios por miedo a esa libertad y a descubrir lo inmenso que es el mundo y el ser humano, frente a la escasez y las luchas intestinas que por ella provocan los embudos. Sí, otro mundo siempre es posible.

Óscar Fajardo Rodríguez es autor, ensayista y articulista. Ha publicado con el sello Oberón del Grupo Anaya el libro Insatisficción. Cómo necesidades ficticias crean insatisfacciones ficticias. Si deseas contactar para colaboraciones, escribe a articulistaxxi@gmail.com

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