La sociedad piramidal y la reinvención

En pocas ocasiones un estafador es capaz de generar un modelo de estafa tan atractivo y exitoso como para que sea replicado durante más de un siglo, y sea estudiado en los cursos y manuales de economía de forma persistente. A buen seguro, Carlo Ponzi nunca imaginaría que su sistema piramidal ideado en los años veinte del pasado siglo sería la mecánica que regiría nuestra forma de vivir. La fórmula de pagar altos intereses a los inversores con el dinero invertido por los futuros entrantes en el capital sigue en pleno vigor no solo en estafadores desalmados, sino que triste y peligrosamente, capitanea la manera de concebir nuestro funcionamiento como sociedad.

En el sistema piramidal existen dos mundos, el de los que lo controlan y se aprovechan de él, y el de los que invierten tiempo y dinero sin conocerlo adecuadamente y corren con el riesgo de quedarse sin nada de lo invertido. Dos mundos que nuestra economía replica bautizándolos como economía real y economía financiera. La primera es el mundo de la gran mayoría, donde trabajamos, ganamos nuestro sueldo, consumimos, compramos y vendemos. Es el tejido productivo sólido y tangible. La segunda es el territorio de la especulación, un espacio exclusivo de unos pocos que siguen unas normas distintas de lo real. Como oímos y vemos habitualmente, las bolsas siguen su propio ritmo, independientemente de lo que ocurra en la realidad. Pero ese mundo financiero no está desconectado del real, sino todo lo contrario, se alimenta de él a través del crédito, de anticipar dinero presente a la economía real a costa de una previsión de futuro incierta y falible. El resultado es que ya hace cuatro años el dinero en circulación en la economía financiera superaba en más de 125 veces la que circulaba en la economía real. Un sistema piramidal en toda regla.

Y sobre ese peligroso planteamiento hemos construido nuestra sociedad frágil. Para seguir alimentando la voracidad de esa pirámide, la economía real se somete a tensiones productivas que llevan a una sobre producción y esquilmación de recursos naturales, a un consumo enfervorecido que afecta a nuestra forma de relacionarnos y de actuar, a una competitividad despiadada, a una interpretación del ser humano como un factor productivo, a una desconexión entre la idea de trabajo y motivación, a una medición obsesiva de la eficiencia, de la rentabilidad y de la utilidad, a una primacía del oportunismo y el corto plazo, a una educación hiper especializada y funcional que debe “parir” hijos para engrosar la cadena productiva, a una inseguridad permanente del ser humano que ve constantemente amenazada su supervivencia (aspecto fundamental para mantenerlo preso en esa cadena productiva), a una sumisión encubierta en una idea falsa de libertad individual que está atada a esa productividad sin límite que fabrica cosas para no ser usadas. Un castillo de naipes vulnerable y frágil. Una casa de paja que, como en el cuento, se tambalea y desaparece ante cualquier soplido, dejando desguarnecidos a los más frágiles que, tristemente, cada vez son más. El sistema piramidal crece y coloca a toda la economía real (sin distingos ya de formación, trabajo, ni clases sociales) en serio riesgo de caída, de exclusión social. Y en esa realidad, las fuerzas políticas han quedado vacías de poder verdadero, disueltas entre la globalidad y el poder financiero. El resultado es la angustia de la desprotección, la vida convertida en mera supervivencia y la búsqueda obsesiva de certidumbres que alumbran sistemas autoritarios y fanatismos.

No cabe hablar de recuperación ni de reconstrucción de un sistema que en sí mismo anida la desigualdad y la fragilidad. Por eso ninguno de los habitantes de ese mundo real ansía en su fuero interno una vuelta atrás, porque nuestra sociedad está exhausta. No es recuperación ni reconstrucción, sino reinvención y sueño de un nuevo futuro lo que ahora toca.

Óscar Fajardo Rodríguez es autor, ensayista y articulista. Ha publicado con el sello Oberón del Grupo Anaya el libro Insatisficción. Cómo necesidades ficticias crean insatisfacciones ficticias. Si deseas contactar para colaboraciones, escribe a articulistaxxi@gmail.com

 

 

 

 

 

 

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