Nuevas lógicas

Si hay una peculiaridad de las ciencias sociales es su incapacidad de ser exactas por no poder ser plenamente empíricas en la demostración de sus hipótesis. El material con el que trabaja, los seres humanos y sus relaciones, y el propio ámbito de estudio y experimentación, donde la sociedad es el laboratorio, lo hacen improbable. Así, las lógicas que rigen nuestro cuerpo social, esas ideas que se expresan sin que haya entre ellas contradicción aparente y que se manifiestan de forma coherente, no dejan de ser algo mucho más cercano a la creencia que a la comprobación empírica. Esto supone que para nuestro correcto funcionar, hemos de construir lógicas a las que le damos una consistencia indiscutible, pero que se basan en creencias de escasa base demostrada.

Las sociedades necesitan lógicas para su funcionamiento, porque requieren de ideas que detrás tengan certezas (aunque no sean más que meras suposiciones), es decir, creencias, que además proporcionen un escenario común y compartido. El problema es que, como sucede con las creencias, tienden a cronificarse, a endiosarse y no discutirse, y perpetúan mecanismos claramente disfuncionales o cuanto menos inútiles para el tiempo en el que se vive. Las lógicas están tan interiorizadas en nuestras relaciones, en nuestros modelos de desarrollo, en la concepción de la vida y el progreso, que desmantelarlas supone en apariencia, solo en apariencia, un reto casi imposible, porque parece como si destruyéramos nuestro esencial (nada más lejos de la realidad).

Nuestra sociedad está exhausta y cansada. Lo vemos hoy y lo veremos seguramente con más intensidad en el transcurrir de los meses. Ha estado viviendo en un continuo esprint desde hace décadas, sin saber muy bien hacia dónde corría, con el único fin de mantenerse en movimiento. Cuando alguien está exhausto y de repente, se para, y comprueba con desazón que ha estado en una rueda continua para permanecer en el mismo sitio y con una condición peor de la que comenzó, no desea volver a incorporarse a esa rueda frenética y sin sentido. Demasiado cansancio acumulado, demasiado tiempo y esfuerzo invertido para terminar peor de lo que comenzamos es algo que ya está latiendo en el corazón de mucha gente. Reiniciar la rueda con la misma lógica de funcionamiento ante una sociedad cansada, que quiere algo nuevo y diferente, aunque no sabe aún qué, es retrasar y prolongar el dolor de un cambio de lógicas que tiene que producirse y que se producirá.

Ha llegado el momento de pensar e implementar nuevas lógicas, nuevas ideas y certezas que serán creencias, que no serán exactas ni empíricas, pero que alumbrarán el nacimiento y desarrollo de una nueva sociedad. La lógica antigua hablaba de consumo como motor social, de progreso medido en términos de crecimiento económico infinito, de bienestar traducido en la posesión, de empleo como vía básica para acceder a los derechos sociales, de entronización del riesgo, de individualismo como bien absoluto, de competencia como dinamizador de los avances, de la naturaleza como despensa de recursos, de la educación como despachador de  factores productivos, de la incentivación monetaria como principal motivador de las personas.

Lógica antigua que dejó de lado tanto el Ser como lo humano, que defendía que solo hay recuperación y progreso cuando se consumía, que vinculaba el empleo al servicio de ese consumo y convertía el trabajo en una moderna prisión al que cada vez estábamos más encadenados hasta llegar a un retiro casi imposible, que no entendía que vivir es algo más que consumir, y que producir es algo más que generar réditos y beneficios económicos. Una lógica que no comprendía que el desarrollo integral de los seres humanos es el verdadero progreso, y que el resto es retroceder a un estadio casi primitivo. Una lógica que educaba para introducir a las personas en la gran factoría de la producción y de la competitividad, en lugar de permitir la expansión del intelecto. Una lógica que cronificaba y acentuaba las desigualdades. Una lógica que estaba entregada al “ahora” y al “cuanto antes”, que calificaba la rapidez y lo ágil como bienes de alta cotización (¿rápido para qué? ¿ágil para qué?…)

Crear nuevas lógicas es ahora una tarea acuciante, porque son esas lógicas, esas creencias compuestas de ideas más certezas que construimos de manera artificial, sin empirismo, las que van a definir los futuros escenarios en los que todos terminaremos por vivir. No hacerlo es condenarnos a una perspectiva más cercana a lo caótico. Es tiempo de nuevas lógicas.

 

Si te ha interesado este artículo y otros del blog elfactorpersona.com y quieres plantear alguna colaboración, puedes contactar en articulistaxxi@gmail.com

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