Reescribir historias

Estos tiempos, y cuáles no, son especialmente propicios para la metáfora y la búsqueda de similitudes. Hoy me viene a la frágil memoria la historia de aquel escritor norteamericano que, tras una azarosa vida en otros oficios, tomó la determinación de encerrarse un par de años en un minúsculo piso de la ciudad para escribir su gran obra. Con dinero escaso, cumplir los plazos fijados para terminarlo era fundamental. Finalizado el manuscrito y antes de que editorial alguna lo hubiera contratado, un fatal incendio destruyó parte de su piso, y con él también su creación. Desolación, frustración, impotencia y enfado fueron las inesperadas invitadas de aquel momento que debía haber sido todo lo contrario. Un incidente ajeno e imprevisto echaba por tierra no solo dos arduos años de trabajo, sino algo más, sus esperanzas y expectativas de arrancar una nueva vida como escritor. Como historia con final feliz (si no, no la hubiéramos conocido), el protagonista del relato decidió volverse a encerrar en su minúsculo inmueble y, a base de tesón, perseverancia e imagino de buenas dosis de desesperación, reescribir la historia que finalmente se convirtió en un éxito.

Cuántas historias truncadas, cuántos manuscritos de vida se han destruido en pocas semanas y cuántos otros vendrán más adelante. Historias aún no culminadas, historias que estaban naciendo, creciendo y que condensaban no solo el esfuerzo económico, sino ilusiones y porvenires. Es ahí donde más duele, cuando se trunca aquello que aún tenía mucho por desarrollar, por vivir y por dar. Y es ahí también donde resulta más difícil encontrar las fuerzas para reescribir la historia, porque la anterior no estaba aún finiquitada, sino todo lo contrario, se encontraba en desarrollo, en crecimiento. Lo que antes era energía se transforma súbitamente en desfondamiento, y lo que pocos meses antes eran interrogantes sobre cómo seguir mejorando se transfiguran hoy en un triste cuestionamiento de si merece la pena continuar.

Hoy, si cabe más que ayer, donde ya era más que protagonista, la supervivencia vuelve a ocupar el centro de gravitación de muchas vidas. Y en ello se alumbra el peligro de dejar deslizar por el sumidero de la vida todas esas esperanzas y expectativas que hasta hace poco parecían vivas como nunca. Pero cada libro que no se reescribe es una pérdida que, aunque hoy parezca invisible para el resto, empobrece nuestra sociedad y la hace un poco más triste. Pero no estás solo. Muchos estamos reescribiendo ya nuestros libros. Y necesitamos que tú vuelvas a reescribir tu historia.

Si te ha interesado este artículo y otros del blog elfactorpersona.com y quieres plantear alguna colaboración, puedes contactar en articulistaxxi@gmail.com

 

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