La nueva acción colectiva

La riqueza se concentrará, el nivel de explotación crecerá, los capitalistas se harán más ricos y poderosos y las capas intermedias se verán empujadas al proletariado. Mientras, la sobreproducción y explotación, sumada a la capacidad cada vez mayor de organización de los trabajadores, hará que la dinámica del capitalismo firme su propia defunción. Transcurrido algo más de un siglo, estas palabras de Marx resuenan ahora con una fuerza inesperada en nuestros días, y en especial aquello referido a la concentración de la riqueza, que se aparece ante nosotros como una profecía tristemente cumplida. Condensada en un uno por ciento de la población global el ochenta y dos por ciento de la riqueza total en el mundo, con una producción que crea ya más excedentes de lo que se consume y con un ascensor social totalmente averiado, nuestra sociedad actual ve evaporarse las clases medias, mientras que el precariado es la nueva forma de empleo, a pesar de presumirse de ser la época con los trabajadores más formados de la historia.

Sin embargo, no sucede lo mismo con la segunda parte de la predicción, aquella que preconizaba un levantamiento en masa para cambiar el sistema. La combinación de una exaltación del individualismo y de las libertades individuales como fin supremo e irrenunciable magistralmente resumidos en la idea del “si quieres, puedes”, su acompasamiento con una pléyade de derechos subjetivos y personales frente a lo social, y la apelación constante al mérito como “factor objetivo” clasificador dio la puntilla a una acción colectiva que desde los años ochenta del pasado siglo en adelante ha ido perdiendo progresivamente su espacio para prácticamente desaparecer. Algo que la tecnología y un rol de los Estados disuelto entre la maraña de organizaciones supranacionales han acelerado aún más. La acción colectiva ha dejado paso a un individuo “solo ante el peligro”, disgregado y desamparado que se moviliza a golpe de hashtag e impulsos emocionales de corta duración para pasar inmediatamente a otro asunto, pero que se siente impotente para cambiar las cosas.

Estos nuevos tiempos han creado riesgos para acrecentar las desigualdades, pero también oportunidades imprevistas e inesperadas para resolverlas y atajarlas. Pocos momentos han resultado tan propicios como este para diseñar una acción colectiva moderna, que tenga en cuenta las nuevas formas de organizarnos, el papel de gobiernos, instituciones y grupos de interés, la confluencia de lo global y lo local, o la manera de relacionarnos socialmente que desplegamos en los tiempos de hiper conexión. Los cambios profundos y no solo de maquillaje requieren de acciones colectivas sólidas, mantenidas en el tiempo, que posean una representación variada de la realidad social de nuestros días y que sean capaces de crear marcos culturales compartidos que calen en la sociedad. Recuperar la acción colectiva sin apagar la libertad de cada individuo, sacarle del aislamiento mientras se respeta y defiende su autonomía, proporcionarle voz, amparo y protección sin que se ahogue y disuelva en la masa. Los nuevos tiempos necesitan de una nueva acción colectiva.

 

Si te ha interesado este artículo y otros del blog elfactorpersona.com y quieres plantear alguna colaboración, puedes contactar en oscarfajar@gmail.com

 

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