De casualidades y causalidades

Estar donde las cosas suceden. Hay personas que parecen estar dotadas con el don, tocadas con la “fortuna” de encontrarse en esos lugares y momentos donde acaecen las cosas importantes, donde nacen esos acontecimientos que quedan impresos allá donde nada ni nadie las borra. Gentes que despliegan su vida en un mapa de casualidades continuadas que nos admiran, al tiempo que se nos aparecen a veces casi imposibles e increíbles.

A tres cuadras del lugar donde asesinaron al líder liberal Jorge Eliécer Gaitán almorzaba García Márquez y fue nada más apearse de un tren cuando Stefan Zweig presenció de forma privilegiada y del todo imprevista el histórico exilio del emperador Carlos I de Austria. Anécdotas forjadas de casualidades y coincidencias, pensamos. Pero, hecho curioso, sea Márquez, sea Zweig o sean cualquiera de estas personas que se encuentran allí donde suceden las cosas, todos poseen una extraordinaria fuerza que les dirige en sus movimientos y les sitúa en esos lugares importantes, en ese espacio y tiempo precisos y preciosos donde todo es. Es la fuerza de la determinación y del compromiso. Es ese “todo lo que he hecho en mi vida ha sido empujar” que relataba el propio García Márquez, esa paciencia impaciente, esa espera activa, esa parada en movimiento, esa perseverancia silenciosa, que no hacen sino situarnos en aquellos momentos y lugares importantes. Aquello que en nuestra mirada ajena se antoja casualidad, resulta no serlo en absoluto. Más bien son causalidades de ese compromiso y determinación, de ese “empujar” que nos orienta como brújula natural a todos esos sitios donde pasan cosas.

Dejarse ir, vivir en la resignación, envolver la espera en una pasividad permanente o camuflarla de una actividad incesante a la vez que desesperada, nos aleja del territorio de la causalidad, o más bien de eso que desde ojos extranjeros creemos ver como casualidad. Solo el compromiso y la determinación otorgan ese pulso del saber estar activo a la vez que respetuoso y paciente en la espera que hoy nos toca. Solo con el compromiso y la determinación estamos siempre donde debemos estar. Son estos tiempos, más que nunca si cabe, tiempos de compromiso y determinación, de no arrojarse a la angustia de una espera pasiva, de no resignarse, de no capitular ni dejarse engatusar tampoco por la engañosa hiperactividad sinsentido tan propia de nuestros días. Son tiempos de equilibrio, de no engañar y no engañarse. Son tiempos de causalidad y no de casualidad.

Úrsula Iguarán, esa representación literaria paradigmática de la mujer latinoamericana comprometida que vive su vida con determinación, moría un Jueves Santo en las páginas de Cien años de soledad, mismo día en el que muchos años más tarde moría también García Márquez. ¿Casualidad?

 

Si te ha interesado este artículo y otros del blog elfactorpersona.com y quieres plantear alguna colaboración, puedes contactar en oscarfajar@gmail.com

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