La cultura nunca falla

Releo estos días las memorias de Stefan Zweig e imaginariamente me encuentro sentado en el salón Bösendorfer escuchando un concierto e, imaginariamente también, disfruto de la particular acústica de sus vetustas paredes revestidas de madera. Es el último concierto y allí sentadas hay poco más de cuatrocientas personas que se resisten a su cierre. Un edificio moderno, funcional y “útil” ocupará su lugar en un futuro. Se apagan las luces y tratan de echar a la audiencia, pero allí nadie se mueve. Todos se resisten a salir de aquella sala que en otros tiempos pisaran Chopin, Brahms, Rubinstein y Listz. Pasan los minutos que se hacen quince, luego media hora, una hora y así durante mucho tiempo más. Ninguna persona se levanta.

La sala ya no existe físicamente, pero el vivo recuerdo que Zweig trasladó a la página escrita la convierte en inmortal (¿dónde estará en cambio aquel edificio funcional?). La cultura, esa cosa en extinción que nunca se extingue, resurge como Ave Fénix en momentos de zozobra para rescatar al ser humano y recordarle, paradójicamente, que nada lo hace más humano que la cultura. Pausa en la rapidez, cordura en la locura y perspectiva en la vorágine. Frente a la fragilidad y la zozobra, la robustez de lo clásico atraviesa pandemias y contiendas, modas y tecnologías.

La cultura es la retaguardia invisible que nos sostiene, nos contiene y nos expande. Si rompe filas quedamos huérfanos de pensamiento, huérfanos de sentimiento. Es ella la que rellena los huecos y recovecos más íntimos para darnos sentido. Es ella quien divisa la belleza en lo que es bruto y feo. Es ella la que brinda el mejor refugio en tiempos difíciles y nos empuja a la intemperie desafiante de lo desconocido en tiempos de expansión.

Siempre ha estado, siempre está, siempre estará. Hoy ya no está el salón Bösendorfer, pero está Zweig, está Chopin, está Brahms, está Listz, está Rubinstein, y siempre estarán. Hoy la cultura es refugio en los salones y en los balcones de nuestras casas, y también en las redes, y mañana, como siempre, será también intemperie desafiante. Ella nunca se olvida de nosotros, nunca falla, y tampoco nosotros debemos olvidarla ni fallarle cuando todo esto pase.

 

Si te ha interesado este artículo y otros del blog elfactorpersona.com y quieres plantear alguna colaboración, puedes contactar en oscarfajar@gmail.com

 

 

 

 

 

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