El prefijo que nos define

Transfronterizo, transgénero, transhumanismo, transversalidad, transecologismo… El ‘trans’ como prefijo que se impone, que antecede a palabras que capitanean los nuevos tiempos. Un prefijo ‘trans’ entendido como aquello que atraviesa, que cruza las fronteras tradicionales, ya sean organizativas, geográficas, sociales o de nuestra propia existencia como seres humanos. Nuestra realidad es hoy más ‘trans’ que nunca. Las enfermedades no son de un país sino transnacionales, los migrantes, que ya son pueblos enteros, se expanden más allá de su frontera natural mientras las ideologías políticas y las instituciones clásicas de antaño se muestran incapaces de abarcar esos nuevos espacios que lo ‘trans’ ocupa.

Tras el estatismo de lo posmoderno, lo ‘trans’ se erige ahora como una etapa natural posterior de una sociedad que desea moverse, aún sin dirección, y que apunta a numerosos lugares dispersos y aparentemente inconexos con el ahínco y la esperanza de terminar encontrando narrativas que permitan darle su contexto, hacerlas entendibles para la gran mayoría y proporcionarles la adecuada coherencia y dirección.

La sociedad de lo ‘trans’ es una sociedad de tránsito, nunca mejor dicho. Una sociedad que en su haber comienza a ser consciente de sus excesos pasados, que aun desordenada y desbocada a veces, muestra la sana y necesaria intención de moverse, de buscar nuevos caminos de futuro, de no resignarse ni lamentarse, de huir de su papel de victimismo perpetuo y de escapar al sometimiento material y consumista. Lo que es ‘trans’ nos obliga a pensar y a repensar, y lo que es más importante, nos interpela a tomar posición, a huir de la tibieza, del eufemismo poco comprometedor para pedir que nos retratemos, aunque solo sea para decir que todavía no tenemos clara nuestra postura. Lo que atraviesa, lo que es ‘trans’ nos sitúa de repente en nuevos espacios antes vacíos, desconocidos, en los que las referencias antiguas no nos sirven y hemos de encontrar nuevas fórmulas.

En esta sociedad se abren nuevos debates en los que la ética vuelve a ocupar, como en tiempo de cambios de grandes dimensiones, una posición de privilegio. Donde las preguntas que nos hacemos son más complejas y no esperan respuestas estereotipadas ni lugares comunes. Donde todo puede y debe volver a ser repensado en términos de relación. ¿Cómo nos vamos a relacionar con nosotros mismos, con nuestros trabajos, con nuestra comunidad, con el entorno, con la naturaleza, con la cultura y con el avance tecnológico, con nuestra existencia y nuestro ser?

Una sociedad ‘trans’ que en su debe se entrega al exceso, se encuentra excesivamente desperdigada como buena hija de un mundo posmoderno líquido, individualista y súper tecnologizado que nos aísla. Que encuentra en la hiper emocionalidad su principal resorte para impulsarse, pero que en esa entrega excesiva a la emoción desbordada se acaba diluyendo al poco tiempo, porque lo emocional empuja, pero es lo racional lo que mantiene. Una sociedad que es incapaz de desprenderse de lo fugaz, de la inmediatez, de la velocidad y de la impaciencia en sus reclamaciones. Que se obnubila con la protesta pero que no se preocupa de los segundos actos, de lo ideológico y lo profundo. Que desborda pasión, pero se olvida de la razón. Una sociedad ‘trans’ que ocupa las calles, pero no ocupa los pensamientos de la mayoría. Una sociedad ‘trans’ con demasiadas manos y pocas cabezas.

Pero la concreción, como siempre, llegará y lo ‘trans’ dejará paso a nuevos sistemas, a nuevas visiones del ser humano y de nuestra sociedad que aún no hemos definido, pero que tenemos la obligación de hacerlo con los mimbres que nosotros mismos nos damos. Soluciones que no serán enteramente nuevas, ni enteramente repetidas. Que beberán del pasado, pero se combinarán de formas diferentes para crear realidades distintas.

Entretanto, y como siempre, aparecen sus antagónicos que añoran lo pretérito, que levantan muros estériles, que buscan enemigos por doquier para engrosar las filas de la beligerancia, que siguen pensando en hegemonías y visiones unilaterales de la cultura y que se entregan sin remisión al proteccionismo.

Por eso, en este momento de tránsito, requerimos de paciencia y de enfoque, de convergencia y de valor, para comenzar a escribir con renglones rectos, sin cerrazón, pero sin el relativismo asfixiante de los últimos tiempos, una nueva época que aproveche lo que esta sociedad ‘trans’ que hoy vivimos nos está mostrando. Una sociedad que nos atraviesa, nos reta y nos invita a ponernos en movimiento con la esperanza y compromiso de un futuro mejor.

 

Si te ha interesado este artículo y otros del blog elfactorpersona.com y quieres plantear alguna colaboración, puedes contactar en oscarfajar@gmail.com

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