De sometimiento y dominación

De las distintas y variadas pulsiones dinámicas que existen en el ser humano, una de las más recurrentes, y a veces más ocultas y desapercibidas es la dialéctica que se establece entre el sometimiento y la dominación. Nuestra vida es una búsqueda continuada del equilibrio entre estos dos extremos que se tocan y conviven en una tensión permanente. Nos sometemos a nuestros progenitores, a jefes, a empleos, a convenciones sociales, a poderes más o menos fácticos, a instituciones, a dioses, a creencias y a obsesiones. De forma consciente o no tanto, permitimos que un sinfín de fenómenos y circunstancias internas y externas a nosotros nos sometan. De igual manera, también nosotros ejercemos dominación sobre hijos, compañeros, amigos, familia y otros muchos aspectos de nuestra existencia.

Requerimos combatir el aislamiento, sentirnos integrados, encontrar certezas, seguridades, aliviar la pesada carga de sentirnos absolutamente responsables de todas las decisiones que tomamos en nuestra vida, y encontramos en el sometimiento la más directa solución. Pero también necesitamos revelarnos contra ese sometimiento que a veces se envuelve en forma de rencor, y en consecuencia volcamos en actos de dominación la impotencia e incapacidad de eludirlo.

Una tensión que cuando se descontrola abriga la simiente de las grandes tiranías, de las dictaduras más nocivas. Clases medias que se sienten ninguneadas, que ven menguar su capacidad económica, su calidad de vida y su prestigio y distinción frente a capas más desfavorecidas a las que cada vez divisan más cercanas. Clases menos pudientes desmoralizadas al comprobar que su lucha por la igualdad y derechos parecen ir a ningún lugar, que sienten que todo se ha movido para que nada cambie. Todo agitado con la creciente percepción de que solo unos pocos se llevan buena parte del pastel y poseen todos los privilegios. ¿El resultado? Sometimiento y dominación exacerbados con una alta dosis de peligro. Sometimiento a poderes omnímodos con los que identificarse, sentirse seguros, integrados y ‘recuperar la dignidad perdida’. Poderes que aglutinan a todos alrededor del concepto de nación, y que califican de traidores a la patria a aquellos que se oponen a someterse y a perder su libertad. Dominación rencorosa contra el extranjero, el pobre y el diferente a los que se somete, denigra, humilla y persigue para revelarse contra ese sometimiento que enfada y limita. Semillas envenenadas de las que hoy crecen el Brexit, el Make American Great Again y sus múltiples primos hermanos de Polonia a Hungría, de Brasil a Singapur. Sometimiento y dominación fueron, son y serán el peor camino para superar la impotencia de no saber sentirnos y ser libres.

 

Si te ha interesado este artículo y otros del blog elfactorpersona.com y quieres plantear alguna colaboración, puedes contactar en oscarfajar@gmail.com

 

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