Recuperar ‘el otro’ valor

Trece acepciones distintas. Pocos vocablos existen en nuestro vocabulario actual que posean tantos significados como la palabra valor. Pero como ocurre con los diez mandamientos, nuestros tiempos las han encerrado en dos, la utilidad y el beneficio. Hablamos de valor de uso, de valor económico, de valor de mercado o de propuesta de valor, y todo ello nos remite a lo economicista y a lo utilitarista. A lo que nos sirve, lo que nos es útil, a lo que nos proporciona algún beneficio tangible, y lo hace ya mismo.

En un mundo que todo lo reduce a una cuestión de mercancías, de intercambios y de transacciones, donde una ‘mano invisible’ mece nuestra vida, nuestras relaciones, nuestros destinos y hasta forma de querer y de dar y recibir afectos, es el valor entendido como utilidad y como beneficio lo que prima, lo que nos hace diferentes, lo que nos proporciona posición y porvenir, lo que nos procura reconocimiento. Pero interpretar el valor de esta forma nos convierte a todos también en productos, en mercancías que solo entienden de intercambios y de transacciones. Vivimos obsesionados con ese aspecto del valor, con definirlo adecuadamente, con lograr que sea diferencial respecto al resto, con transmitirlo con claridad, porque en ello nos va nuestra propia supervivencia. Como mercancías y como productos que somos, hemos de vendernos, nos tienen que comprar, y nada como ser útiles, como poseer valor.

Sin embargo, el valor también habita otros territorios semánticos que nos susurran firmeza, fuerza y valentía. Unos territorios que hemos olvidado, que ya no visitamos enredados en nuestro artificio de producir más para seguir produciendo más. Hoy como nunca y como siempre, hemos de regresar a aquel lugar recóndito y perdido donde mora ese ‘otro valor’ que nos inunda de valentía para dejar de ser una mercancía, un producto que ansía tan solo ser útil para el beneficio económico; que nos irradia fuerza para empujarnos contra la corriente y que nos otorga la firmeza que nos mantiene en pie ante los avatares y las dudas del duro camino. Sí, el valor es mucho más que ser útil económicamente, es mucho más que beneficios, porque también nosotros somos mucho más que eso.

 

Si te ha interesado este artículo y otros del blog elfactorpersona.com y quieres plantear alguna colaboración, puedes contactar en oscarfajar@gmail.com

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