Lo real, lo financiero y las desigualdades

El mundo siempre ha sido desigual. La desigualdad es inherente a la vida, desde el momento en el que los seres vivos en general, y los humanos en particular, somos diferentes. Nuestra unicidad nos hace por fortuna distintos, pero nuestro ser único porta en su envés la desigualdad. La humanidad, desde la inclusión del ámbito privado en la esfera de lo social, ha ideado artificios y mecanismos para intentar rebajar las desigualdades, mientras potenciaba ese ser únicos de cada individuo. Una dinámica tensa, interrumpida a veces por la irrupción de acontecimientos diversos que ha dejado en nuestros días una concienciación y sensibilidad mayor que nunca a la hora de combatir esas desigualdades, pero a la vez una percepción de que los últimos tiempos vuelven a acrecentarla.

Las desigualdades no son solo económicas o de ingresos, sino de índole tan diversa como lo educativo o lo afectivo. Infinidad de cuestiones la provocan, desde lo puramente biológico a lo geográfico, lo climático, lo cultural o lo tecnológico. Y también lo financiero. Las grandes bolsas del mundo más desarrollado cerraron el año pasado con alzas de más del veinte por ciento. Nuestra economía real, esa en la que todos vivimos, en la que consumimos, en la que percibimos nuestros salarios y gastamos nuestro dinero, creció a un ritmo del tres al seis por ciento en el mejor de los casos.

Esas diferencias crean desigualdades. Cada vez más dinero de la economía real se trasvasa a la financiera, apoyado además por la creciente virtualización de nuestra realidad. Se trasfiere a una economía inaccesible para gran parte de las personas en la que se requiere información, preparación y recursos sobrantes para poder participar de ella. Los recursos que fluyen hacia lo financiero y crecen en él son recursos que se detraen de la economía real, esa en la que nos encontramos la mayoría de las personas. El crecimiento desmedido de lo financiero no crea riqueza sino que la reparte entre los elegidos, no distribuye sino que crea élites, no nos iguala, sino que nos desiguala.

Lo financiero ha dejado de ser un medio para hacer crecer la economía real y se ha transformado en un fin en sí mismo. Un mundo con su propia ingeniería, su propia arquitectura, su propio lenguaje. Un lugar donde la especulación cobra dividendos. Un lugar que crea desigualdad. Necesitamos más realidad y menos finanzas.

 

Si te ha interesado este artículo y otros del blog elfactorpersona.com y quieres plantear alguna colaboración, puedes contactar en oscarfajar@gmail.com

 

 

 

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