Lo elegido frente a lo dado

Hiper individualistas como somos y como nuestra sociedad nos ha enseñado a ser, lo dado apenas encuentra ya hueco en nuestras vidas frente a lo elegido. O al menos en la apariencia. Descreídos de dioses y deidades sobre naturales, endiosados a cambio en nuestro propio yo, relegadas las obligaciones con los demás frente a los derechos subjetivos y al deber con uno mismo, todo es elegible y nada ha de ser impuesto. Lo dado es imposición y violenta nuestra libertad. Todo es elección, y nada puede ser dado. Lo elegido resulta siempre finito, cambiable e intercambiable. Nuestra vida es ahora un puzle que podemos montar y desmontar. La multiplicidad de opciones disponibles nos llama al cambio continuado.

Lo dado es inmutable y permanente, es sólido y poco dúctil. Nuestros tiempos vaporosos exigen flexibilidad, agilidad, renovarse y reinventarse. Todo lo mezclamos, todo lo cambiamos, desde la cultura a la agricultura, desde la orientación sexual a la orientación social. Somos millones de cosas y no podemos perder la oportunidad de serlas. Nos transfiguramos y lo hacemos no ya en momentos de crisis, sino a cada minuto y a cada segundo. Todos somos mestizos.

Probar y cambiar para nunca encontrar. Ahí reside el gran problema, desplegarnos sobre un suelo movedizo que nunca nos sujeta. De tanto ser tantas cosas, acabamos siendo ninguna. De tan independientes que deseamos ser, acabamos siendo más dependientes que nunca. Las cadenas de la elección perenne y el cambio infinito son invisibles pero firmes. La libertad del individualismo acérrimo y extremo es cautivadora y un cautiverio a la vez. La responsabilidad hacia uno mismo y el olvido del resto es tan sexy y atractiva como alienante y destructiva. Sin lo dado apenas existen fronteras y límites que nos sitúen, reafirmen y permitan desplegarnos hacia el futuro. Sin lo dado todo es un presente difuminado, irreal, un baile de identidades superficiales e intercambiables que desconciertan y despistan. Lo ganado solo cobra su verdadero sentido cuando se precede de una renuncia. Elegirlo todo sin permitir lo dado no es ganar, sino una pérdida silenciosa y dolorosa.

 

Si te ha interesado este artículo y otros del blog elfactorpersona.com y quieres plantear alguna colaboración, puedes contactar en oscarfajar@gmail.com

 

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