Palabras gastadas, palabras vacías

La cultura del mainstream llega a todas las esquinas y recovecos de nuestra vida. Lo que antaño fue exclusivo del universo del entretenimiento (series, películas, música) y de los medios de comunicación, hoy aterriza en política, ciencia, arte y cualquier otra disciplina imaginable. La marea de la ‘corriente popular’ lo alcanza todo, también nuestras palabras. Ellas son nuestra forma más valiosa de expresarnos, de entendernos y entender, de sentir, de pensar, de estar y de ser. Son nuestras, y son de todos. Nuestras porque en su elección nos definimos y dotamos de identidad. De todos porque son nuestro vehículo para comunicarnos y ser comprendidos.

Igual que un gesto o una mirada, las palabras que seleccionamos y que hablamos se pegan a nosotros, forman parte de nuestra personalidad y nos distinguen.  Nuestras expresiones revelan lo que somos y lo que no somos. Se recuerdan y se extrañan. El universo más personal está creado por órbitas de palabras.

Frente a ello, el mainstream, lo masivo, lo reconocible y popular. Palabras de obligado uso si queremos ser vistos, encontrados y localizados en la red. Palabras básicas si deseamos ser etiquetados e identificados como expertos. De eso depende nuestro estatus, nuestro trabajo y reconocimiento. Palabras que siempre deben aparecer hasta que pasan de moda, empleadas por millones de personas. Palabras que de tanto significar, ya no significan. Gastadas y mal usadas sin haberlo pedido. Ellas son las primeras damnificadas. Se las explota, estruja y coloca como aliño en cualquier discurso hasta que dejan de ser útiles. Palabras convertidas en un recurso productivo más. Palabras cómplices sin quererlo del camuflaje de mediocridades, de pereza de pensamiento, de cobardía.  Palabras que se entronizan y llegan al top del ranking para luego caer en el olvido. Palabras víctimas del mercantilismo desbocado y del consumismo atronador que todo lo tritura. Usar, tirar y cambiar. El mainstream de las palabras iguala y anula nuestras peculiaridades, transforma y empequeñece, difumina nuestros contornos y nuestra personalidad. El mainstream de las palabras es una dictadura silenciosa, un lugar donde millones de personas se esconden de sus temores a aceptar sus limitaciones, sus diferencias, sus particularidades, sus rasgos únicos.

Innovación, creatividad, transformación, empoderar, propósito, …  Las que son, las que vienen y las que vendrán. Palabras gastadas, vacías. Palabras que camuflan.

 

 

Si te ha interesado este artículo y otros del blog elfactorpersona.com y quieres plantear alguna colaboración, puedes contactar en oscarfajar@gmail.com

 

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