Que no te engañen. Tienes tiempo, mucho tiempo

La concepción del tiempo es una de las grandes trampas de los tiempos posmodernos que vivimos.  El tiempo se agota y es oro. No podemos malgastarlo en algo que no resulte productivo y útil en apariencia. Hay que aprovechar cada tren porque puede ser el último. Los segundos son demasiado largos ya. La paciencia y la espera no se contemplan. Agilidad, flexibilidad, dinamismo y acción están en el ranking de las cualidades deseadas. Y sobre todo, el presente continuo. Mirar atrás es de nostálgicos y el futuro es lo que construimos en el presente, se dice. La lentitud exaspera y la velocidad nunca es suficientemente veloz.

Nacemos y morimos. Esos son los puntos de referencia posmodernos. Y entre medias ocurre una vida con cada vez menos tiempo para hacer demasiado. Queremos aprender pero en semanas o meses, no más. Trabajar en el mismo lugar y en una misma cosa toda una vida es ahora un anacronismo. El tiempo libre es una sucesión de actividades que se contratan y nos pasan por encima. Nuestras relaciones se cuantifican en likes. Lo que leemos ya no se mide en páginas, sino en caracteres. Los compromisos se rompen antes de ser iniciados. Hacer y rehacer, tejer y destejer, lo importante es estar en movimiento. Como ir montados en una bici, dejar de pedalear es quedarse descolgado, ‘el gran pavor’, y luego caerse. No hay perspectiva, no hay horizonte, solo mirar hacia abajo y correr. Depresión, ansiedad, angustia, agotamiento y falta de sentido son las recetas que extiende la compresión del tiempo a nanosegundos.

Pero que no te engañen, ni te engañes. Tu tiempo nunca acaba si trabajas para la posteridad, para dejar en las personas y en los lugares donde estés esas semillas que crecerán cuando tú no lo veas. Allí los segundos se trasforman en eternidad, la velocidad se hace pausa y la flexibilidad da paso a la convicción. Pasado, presente y futuro se convierten en un continuo que nos acompaña a todas horas para reconfortar, hacer e imaginar a partes iguales. El compromiso es firme, la voluntad encuentra su lugar y el comprender se adelanta al entender. Allí las emociones no se gestionan, simplemente se viven y experimentan. Y los resultados no son motor sino consecuencia.

No, el tiempo no se agota, es infinito. Tienes tiempo, mucho tiempo.

 

Si te ha interesado este artículo y otros del blog elfactorpersona.com y quieres plantear alguna colaboración, puedes contactar en oscarfajar@gmail.com

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