Ni tan libres ni tan autosuficientes

‘Simplemente hazlo’, ‘Tú decides’, ‘Si quieres puedes’… podríamos seguir así durante un buen número de párrafos con mensajes, sentencias y frases que nos interpelan a ser los dueños de nuestro propio destino, de nuestra propia vida. Están en la publicidad, en la política, en los trabajos, en las escuelas y universidades, en todas partes. La premisa siempre es la misma, identificar la libertad con trasladar a las personas la máxima y única responsabilidad de todo aquello que les pueda acontecer. Si fracasamos, es porque no nos hemos gestionado adecuadamente. Si triunfamos, es porque hemos sabido invertir adecuadamente nuestros recursos y esfuerzo.

Somos autosuficientes y siempre hay muestras de personas ‘hechas a sí mismas’ que nos sirven de inspiración, que nos relatan que es posible, que nosotros también podemos. Elevamos al cuadrado la importancia de una meritocracia supuestamente objetiva que funciona como juez ‘imparcial’ que nos clasifica y ordena en base a unos criterios que, y aquí está la trampa, nosotros no decidimos. Podemos soñar con lo que deseamos ser, pero si queremos estar integrados y progresar, obtener reconocimiento social y sentirnos seguros, hemos de plegarnos a esa meritocracia y a sus criterios. Y en esos criterios, el fundamental es el de ser productivos. Poseemos potestad para gestionarnos como queramos, pero siempre formando parte de una gran cadena productiva donde representamos un factor más, el factor humano.

Bajo la apariencia de libertad, lo somos menos que nunca, haciendo en muchas ocasiones cosas que no quisiéramos hacer y viviendo con la inseguridad de ser absolutamente dependientes de variables que no podemos controlar, aunque se nos diga que sí. Convertirnos en un factor productivo dentro del mercado nos hace tan pronto prescindibles como imprescindibles. Y ni nuestro trabajo, actitud o historial puede salvarnos cuando la economía sufre una de sus crisis.

La autosuficiencia está en el discurso, pero no en la realidad. La libertad de elección no es tal, sino que está marcada por elegir aquello que nos haga más productivos y atractivos para el mercado.

Hacernos creer dueños absolutos de nuestra libertad y golpearnos contra una realidad diferente nos lleva al terreno de la frustración, de la culpa y de la resignación. Ser conscientes de ello es el primer paso para ser realmente libres.

 

Si te ha interesado este artículo y otros del blog elfactorpersona.com y quieres plantear alguna colaboración, puedes contactar en oscarfajar@gmail.com

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