Se nos olvidó disfrutar

Velocidad y preocupación. De manera silenciosa, estas dos palabras se han colado en nuestros segundos, en nuestros minutos, en nuestros días, en nuestras semanas, en nuestros meses y en nuestros años. El progreso no es progreso si no es veloz. La vida es menos real si no hay preocupación. Las sentimos y las palpamos. Están en nuestro hogar y en la educación de nuestros hijos, está en nuestras familias, en las amistades, en el trabajo y en el ocio. Ya no corremos para algo, sino que simplemente corremos. Ya no nos preocupamos por algo, simplemente estamos preocupados. Se han convertido en estados del ser moderno. Somos si corremos, somos si estamos preocupados.

La velocidad escamotea momentos, y la preocupación achica espacios. Momentos y espacios son la salsa que liga el disfrute. El momento es ese segundo que se queda eterno cuando disfrutamos. Solo lo disfrutado viaja con nosotros a lo largo de toda nuestra existencia, nos acompaña, nos conforta, nos da sentido. Se hace recuerdo y se convierte en eterno. La velocidad es fugaz y es olvido.  La memoria es la peor amiga de la rapidez, y sin memoria apenas somos.

El espacio es ese lugar tranquilo y quieto, que nada ni nadie perturba. Es ese sentirse a salvo que da cobijo a nuestra sensibilidad. Sensibilidad para ver lo bueno, lo increíble y lo único en cada cosa. Con la sensibilidad comienza todo, sin ella nada empieza.

Agilidad, adaptación, responsabilidad, sensatez, compromiso… Todas son palabras que nuestro tiempo ha unido indisolublemente a la velocidad y a la preocupación, y las ha divorciado de la pausa y el disfrute. Pero no hay mayor muestra de sensatez, compromiso y responsabilidad que aprender a disfrutar de lo que nos rodea, y no hay agilidad ni adaptación que no comience con una pausa.

Un disfrute que no es hedonismo, ni placer inmediato y fugaz, sino mantenido y a veces sufrido, ganado y merecido, repetido y consciente, no instintivo. Un disfrute personal, único e intransferible, alejado del consumo y del mercado. Un disfrute que no es pereza sino desarrollo profundo. No hay progreso ni vida sin disfrute.

De tanto correr y de tanto preocuparnos, se nos olvidó disfrutar.

 

Si te ha interesado este artículo y otros del blog elfactorpersona.com y quieres plantear alguna colaboración, puedes contactar en oscarfajar@gmail.com

 

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