Muerte a la excepción, viva la regularidad

Amamos el hype y el sobresalto. Nos encantan los héroes y los villanos, las grandes hazañas y las grandes tragedias, lo nuevo frente a lo gastado, lo desconocido frente a lo conocido, nos morimos por un buen titular, adoramos cualquier cosa que venga con el marchamo de ‘lo nunca visto’, cuanto más se grite es mejor y todo es o blanco o negro. Lo fuera de lo común es ahora nuestro común y la excepción es la norma. Nos movemos entre polos extremos, bueno o malo, útil o inútil, etc. y entre medias, la nada, un desierto donde ahogarse, donde no ser escuchado y sentirse invisible. Un lugar poco recomendable en unos tiempos donde se elevan a los altares la marca personal, la visibilidad, la relevancia y el ser encontrable en las redes. Somos buscadores ansiosos de retuits, recomendaciones, me gustas y nos encantaría habitar siempre en los primeros resultados de búsqueda. Esteroides para nuestro ego.

El resultado son millones de voces gritando cada día más para hacerse oír, buscando el golpe de efecto hasta quedar casi afónicos. Dopamínicos perdidos, emocionales ininteligentes con nuestra amígdala cerebral en continua excitación, es ese nuestro verdadero y oculto perfil.

Cambiar el paso es algo ya casi prescriptivo. Elogiar la regularidad y la repetición, el día a día callado y silencioso, constante y perseverante, la continuidad frente al sobresalto, la normalidad versus la excepcionalidad. La regularidad es fiable y confiable, comprometida y fiel. No, no es anodina, porque solo en ella podemos apreciar nuestros recovecos más escondidos, aquellos que nos sorprenden y hacen excepcionales. La repetición no es volver sino revolver, porque nada es igual cuando regresamos, empezando por nosotros mismos. Así son los clásicos, aquellos que nunca acaban de decirnos todo lo que nos tienen que decir, y que hace que siempre volvamos a ellos. Nada que haya permanecido con nosotros durante siglos dejó de provenir de la regularidad y la repetición.

Ir despacio e ir callado sigue siendo ir, pero apreciando los detalles con más intensidad y precisión. Del trazo grueso al matiz, de la emoción incontrolable al control de la emoción, del ruido al silencio, de las cadenas a la libertad. Muerte a la excepción, viva la regularidad.

 

Si te ha interesado este artículo y otros del blog elfactorpersona.com y quieres plantear alguna colaboración, puedes contactar en oscarfajar@gmail.com

 

 

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