¿Ver para creer? No, creer para ver

Vivimos ligeramente engañados. Pensamos que los sentidos son nuestra puerta de entrada de lo que sucede en el exterior, nos mandan impulsos eléctricos que nuestro cerebro decodifica, lo traduce en información y posteriormente lo interpreta, y todo en milésimas de segundo. Aunque en buena parte es así, existe algún matiz de bastante relevancia, como demostró en el año 1668 el matemático y filósofo francés Edme Mariotte al descubrir que una parte considerable de nuestra retina carece de fotorreceptores. Esto supone que hay momentos donde nuestra visión no es continua y se interrumpe. Sin embargo, nosotros jamás tenemos esa sensación y pensamos que todo lo que recibimos es aquello que vemos y que sucede sin interrupciones de ninguna clase. ¿Qué ocurre con esos puntos ciegos, por qué no los detectamos? Sencillamente porque el cerebro los rellena con sus propias inferencias. Hace suposiciones basadas en experiencias anteriores teniendo en cuenta los datos de entrada que acaba de recibir y rellena esos vacíos, por lo que todo nos parece un continuo, aunque no lo sea en su totalidad.

Esta experiencia fisiológica se extrapola a todas las partes de nuestra vida, a la forma de vernos a nosotros mismos y lo que nos pasa, a la manera de interpretar los acontecimientos, a las ideas que nos formamos de los demás y de las relaciones que mantenemos, etc.

Tenemos puntos ciegos continuados que nuestro cerebro rellena de manera inmediata, haciendo interpretaciones para darle una continuidad. Y esas interpretaciones siempre buscarán la coherencia con nuestra historia anterior. De ahí que no vemos para creer, sino que primero creemos y luego vemos.

Si no somos conscientes de este hecho, y de la subjetividad de las cosas que vemos y experimentamos, interpretaremos las cosas como blanco o negro, pensaremos que las verdades, nuestras verdades, son absolutas y veremos francamente lastrada nuestra capacidad de entender las situaciones desde distintas dimensiones, que es la base fundamental para el aprendizaje.

Aceptar que lo que vemos es, en gran medida, parte de lo que creemos y no un hecho puramente objetivo, que una parte de lo que percibimos y vemos es una visión muy personal que en nada coincide con lo que otro pueda pensar y ver es un paso fundamental para evitar las polarizaciones, los enfrentamientos beligerantes y para descubrir la riqueza del extraordinario mundo que nos rodea.

La forma en la que rellenamos esos vacíos marca lo que experimentamos. Y a medida que experimentamos más y somos conscientes de ese funcionamiento, también vamos cambiando esos rellenos y alterando nuestras percepciones y experiencias. Ese es el mecanismo interno que define nuestro aprendizaje, maduración y evolución.

Todo parte de cambiar la ecuación y aceptar que el creer es un acto que precede al ver, y no al revés.

 

Si te ha interesado este artículo y otros del blog elfactorpersona.com y quieres plantear alguna colaboración, puedes contactar en oscarfajar@gmail.com

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