¿Cambiar la realidad? Comienza por cambiar la perspectiva

Hagamos una sencilla prueba. Tomemos una instantánea y preguntemos a alguien conocido qué es lo que le llama la atención de esa imagen. De la infinidad de detalles que existen, esa persona escogerá uno o un par de ellos. Si hacemos la prueba con más gente, observaremos que cada uno fijará su atención en cuestiones determinadas no siempre coincidentes. Es decir, misma foto, percepciones diferentes. Ante la realidad objetiva y enmarcada que nos muestra esa imagen, cada persona atiende y ve una parte muy pequeña de la misma, que no siempre o casi nunca es similar a lo que detectan los demás.

Y es que la realidad no es aquello que se nos muestra con toda su extensión ante nuestros cinco sentidos, sino aquello a lo que nosotros prestamos atención. El resto del cuadro queda totalmente desenfocado. Esta atención selectiva y esa toma de perspectiva suele ser además un acto inconsciente por parte de nuestro cerebro. La cantidad de estímulos que recibimos en cada momento es tan alta que sería imposible, inútil y un desperdicio de energía procesar todo conscientemente. Eso que vemos, que realmente es solo una pequeña parte de todo el conjunto, es lo que nosotros entendemos como realidad, que nada tiene que ver con lo que otros perciben y entienden como realidad. Esto supone que existen tantas realidades como personas. Es este el origen de muchos factores positivos, como el efecto multiplicador que posee el trabajar con otros puntos de vista en equipo, y de otros negativos como la polarización, las conductas excluyentes o la manipulación.

Las realidades, nuestras realidades, no son objetivas y están enmarcadas por las perspectivas que adoptamos. Aquí está la causa por la que cuestiones tan aparentemente objetivas como el tiempo no se viven igual en distintas circunstancias. Objetivamente, los minutos siempre constan de sesenta segundos, pero los apreciamos de forma diferente dependiendo de la perspectiva que adoptemos y como los enmarquemos o nos los enmarquen. Cuando estamos esperando para ser atendidos y nos adelantan que serán diez minutos, si somos recibidos a los siete minutos, sentiremos una sensación de satisfacción. En cambio, si nos dicen que seremos atendidos en cinco minutos y tardan siete, surgirá el malestar. El tiempo objetivo de espera ha sido el mismo, pero la perspectiva desde la que vemos las cosas es diferente.

Siempre hemos de tener presente que lo que vemos no es la realidad, sino el producto de nuestras percepciones.

Cambia las percepciones y cambiarás las realidades

Cualquier alteración que deseemos realizar en nuestra realidad siempre comienza por un cambio de perspectiva. Y ese cambio requiere de la participación de la consciencia. Volviendo al ejemplo del comienzo, si antes de echar un primer vistazo, alguien desde fuera nos propone que busquemos un determinado objeto, inmediatamente se despierta nuestro consciente que examinará la imagen más lentamente, y con mayor detenimiento hasta hallar el objeto requerido. De esta forma, hemos alterado nuestra perspectiva y, consecuentemente, hemos obviado los elementos que detectábamos al comienzo para identificar otros, percibiendo así una realidad totalmente diferente.

Es imposible cambiar la realidad si primero no cambiamos la perspectiva desde la que la miramos. Podremos viajar, conocer miles de personas y tener infinidad de experiencias, pero siempre observaremos lo mismo si no interrumpimos ese ejercicio inconsciente que ejecuta el cerebro.

La consciencia programa y el subconsciente ejecuta. Si deseamos alterar la perspectiva para ver la realidad de otra forma, hay que romper la pauta inconsciente y realizar un ejercicio voluntario de “revisionado” con otros ojos y con otras prioridades. Y esos ojos suelen ser interiores e invisibles, que vienen definidos por nuestro propósito, nuestros valores, creencias, deseos y motivaciones, elementos todos ellos que dirigen nuestra atención a la parte que queremos ver de la realidad.

Si deseamos cambiar la realidad, hemos de comenzar cambiando nuestra perspectiva. Reprogramar nuestro subconsciente llamando a un acto consciente y a través de ese acto reexaminar propósito, valores, creencias, deseos y motivaciones, que son lo que marcan fundamentalmente el dónde miramos.

 

 

Si te ha interesado este artículo y otros del blog elfactorpersona.com y quieres plantear alguna colaboración, puedes contactar en oscarfajar@gmail.com

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