¿Qué distingue a las ideas exitosas del resto? Descubre el factor que diferencia a aquellas ideas que triunfan frente a las miles que se quedan en el camino

La historia está llena de personas que tuvieron una idea pionera e innovadora que se anticipaba al futuro, que era visionaria y claramente útil, pero que no triunfó. Y, sin embargo, esa misma idea con pocos ajustes se convierte en una historia de éxito poco tiempo después en mano de otra persona.

Cuando nos enfrentamos a entornos novedosos donde creamos algo diferente, la gente no suele tener una concepción clara ni definida de lo que necesita o desea, y normalmente siquiera se ha parado a pensarlo. Esto significa que las ideas y las cosas no tiene un valor objetivo per sé, sino que en buena parte es algo subjetivo que se va añadiendo a nuestra forma de vida, a nuestra cultura, hasta que queda definido ese valor que luego irá evolucionando.

Es ahí donde entra el factor diferenciador, el que hace que las ideas adquieran ese valor. Un factor que es aplicable a cualquier aspecto de nuestra existencia que queramos hacer diferente y exitoso. Carrera profesional, relaciones sociales, etc.

La convicción, el factor diferenciador definitivo

Una idea puede sobrevivir a una mala gestión, a una mala comunicación, a una mala venta (aunque todas estas variables y otras sean también esenciales) pero no puede subsistir si detrás no la sostiene una convicción real y verdadera de que va a funcionar. La convicción es la fuerza que empuja, la que genera tracción y arrastra lo demás. Sin ella, nada es posible.

La convicción funciona en dos direcciones. La primera de ellas es interior, hacia nosotros mismos, y la segunda es hacia los demás, lo que transmitimos. Y lo que la convierte en fundamental y definitiva para el éxito es que desencadena numerosos efectos entre los que encontramos los que siguen:

Focalizarse sin dispersiones. Nada hay más peligroso para una persona que desea sacar adelante una idea que la dispersión. La dispersión y falta de foco nos desconecta constantemente, nos despista y nos obliga a reconectarnos de continuo, lo que nos lleva a cometer errores, genera cansancio y desconfianza. La convicción, por el contrario, nos enfoca y nos focaliza.

Aprendizaje continuo y flexibilidad. La convicción nos lleva a agudizar todos nuestros sistemas de aprendizaje para llevar adelante nuestra idea, adaptándola y mejorándola a cada paso para conseguir que salga adelante.

Antídoto contra el sabotaje interno. Ante los momentos de duda y el lenguaje negativo que nos puede llevar a sabotearnos internamente, estar y sentirse convencido se alza como una barrera que contiene todas las emociones y sensaciones negativas.

Despierta la ley de la atracción. Cuando nos mostramos convencidos de algo, vemos oportunidades donde otros solo ven obstáculos. Parece que todo se confabula para favorecernos porque somos capaces de ver más allá de las señales más evidentes.

Motivación, resistencia y resiliencia a tope. La convicción es un motor de la motivación, nos mueve y nos hace resistentes a cualquier golpe. Hay una creencia superior que lleva a que todo lo que nos suceda negativo lo reinterpretemos en clave positiva y lo reajustemos a nuestra meta.

Consistencia y coherencia. La convicción alinea todas nuestras acciones y las dota de coherencia y consistencia, y permite hacerlas comprensibles para nosotros y para los demás. Las enmarca y facilita su transmisión.

La convicción se transforma en acción. Cuando nos mostramos fuertemente convencidos de algo, la consecuencia inmediata es que nos ponemos en marcha para lograrlo. Nada se nos pone por delante.

Surge el compromiso verdadero. La convicción nos provee de sentido a lo que realizamos y a ese sentido le sigue un compromiso que nos mantiene firmes en nuestro objetivo.

A corto y a largo plazo. Cuando damos entrada a la convicción y la practicamos, somos capaces de aprovechar las ventajas de actuar en el corto plazo sin descuidar una proyección a mayor plazo que nos permite ser pacientes para alcanzar lo deseado.

Argumentos que convencen. Nuestra propia convicción se convierte en la búsqueda de argumentos que a su vez tienen la capacidad de convencer a los demás. Somos capaces de conectar mejor las cosas y de buscar más denodadamente aquello que justifique y permita extender nuestra idea.

Genera emoción que traspasa. No solo proporciona argumentos racionales, sino que crea una corriente de emoción que permite saltar las barreras de los demás y hacer que puedan seguirnos.

Genera confianza. Es una realidad, poseemos un sesgo que nos lleva a confiar más en aquellos que muestran convicción en aquello que dicen y proponen.

Es contagiosa. La convicción es contagiosa. Las personas deseamos creer en cosas y quien muestra convicción, es un creyente de su idea y va capturando seguidores.

Si realmente quieres ocasionar un cambio en tu vida, comienza por una idea y comprométete con ella.

 

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