Cómo una sociedad dependiente de la predicción nos hace cada vez más frágiles

Habitamos en una sociedad en la que los datos, su recogida y su análisis se han convertido en una verdadera obsesión. Una obsesión que la tecnología ha contribuido a incrementar haciendo que ese trabajo sea más rápido, fácil y de mayor alcance. Y todo ello con un único fin que es el de la predicción. Colocamos sensores, medidores, huellas y todo tipo de sistemas que recogen información variada y diversa para poder hacer predicciones. Anticipar cómo será el comportamiento humano ante determinadas situaciones, el tiempo que vendrá, el movimiento de los mercados y del comercio, la evolución de la naturaleza, las próximas profesiones… Queremos, deseamos y ansiamos que todo sea predecible para reducir la incertidumbre.

Pero los grandes cambios y los acontecimientos que realmente marcan un nuevo devenir nunca son ni serán predichos. Las grandes crisis económicas, las catástrofes naturales, nada ocurre como la mayor parte de las previsiones indican. ¿Porqué? Porque el modelo se sustenta en dibujar el peor escenario basado en algo ocurrido en el pasado. Inferimos hechos del pasado para llevarlos al futuro aun a sabiendas de que las circunstancias de cada acontecimiento no son repetibles cien por cien y en esa desviación, por pequeña que sea, está lo relevante. Un acontecimiento pasado que además, en su momento, fue también algo que no pudo ser predicho. Nuestro gran error es seguir pensando que podemos llegar a predecirlo todo y que cuantos más datos tengamos, más podremos lograrlo, queriendo erigirnos en una especie de modernos dioses. Pero en la vida siempre hay aleatoriedad y sobresalto, y además son esos cambios los que nos mueven y hacen avanzar, para bien o para mal. Creer indefectiblemente que todo es predecible nos debilita y nos hace frágiles.

Porqué lo predecible nos hace débiles y frágiles

Creer de forma incierta que todo es previsible nos lleva a prepararnos solo para lo que somos capaces de entender y ver claramente, pero lo que realmente opera cambios significativos nunca es predecible, por lo que cuando sucede nos encontramos con una fragilidad extrema para hacerle frente. Cuando queremos y creemos predecirlo todo, nuestra debilidad se incrementa por varios factores:

Aumenta el miedo a lo desconocido.  Nos convertimos en una sociedad dominada por el miedo. Queremos controlarlo todo y aquello que se nos escapa nos aterra. Cerramos ojos y mente a aquello que escapa de nuestras tablas de datos como si fuera una ficción que nunca va a acontecer.

Se exacerba la necesidad de prevención. Como todo es predecible, todo es prevenible. Si podemos predecir, podemos prevenir. Así que dibujamos numerosos escenarios y peligros posibles, y nos dedicamos a anticipar futuras consecuencias. Hemos de estar prevenidos para todo, pero ese todo se limita a lo que vemos y medimos. En cambio, el verdadero reto no es lo predecible, sino lo impredecible, eso para lo que no podemos prevenirnos por más que queramos.

Exceso de confianza. Aunque en aparente contradicción con lo anterior, configuramos nuestras vidas confiados en que las predicciones son fiables, seguras e infalibles. Nos dibujan fronteras y límites en los que nos sentimos cómodos. Por eso vivimos en una continua contradicción entre la prevención asfixiante y la confianza del control. Todo ello nos debilita.

Reducimos nuestro caudal de imaginación. El dato incontestable, la ciencia exacta que no falla. Esos son nuestros actuales tótems. La imaginación y el ver más allá con escenarios improbables que quedan fuera de lo medible carecen de valor. Pero es la imaginación la única sobre la que podemos cabalgar con éxito en la incertidumbre.

Seres pasivos. La imaginación es la que nos lleva a mirar el futuro de manera diferente, la que nos mueve y nos empuja. Cuando todo es predecible, sin grados de incertidumbre, nuestra motivación desciende.

Incapacidad de adaptación. Las especies que mejor se adaptan y sobreviven son aquellas que esperan lo inesperable, y cuando sucede muestran una actitud dispuesta al aprendizaje y a la supervivencia. Las predicciones y la fe inquebrantable en ellas nos hace inflexibles e inadaptativos. Lo que no está en los parámetros y no puede explicarse con modelos creados ad-hoc debe suprimirse y no puede ocurrir, hasta que sucede y entonces nos paraliza, no entendemos y negamos y nos resistimos al cambio.

¿Significa todo esto que lo predecible no sirve? En absoluto, lo predecible nos es muy útil para manejar los pequeños eventos de nuestro día a día porque nos da la tranquilidad y seguridad para poder desempeñarnos en nuestra cotidianeidad. El problema viene cuando elevamos las expectativas de esa predicción hacia el futuro de una manera exagerada y casi religiosa, y creemos que al igual que sucede con los pequeños acontecimientos rutinarios, también se puede anticipar con seguridad el futuro.

Combinar la confianza en el presente con la maravillosa incertidumbre del futuro, la tranquilidad del hoy con una imagen retadora del porvenir y la practicidad del tiempo actual con la imaginación que nos transporta a otro espacio y momento es la fórmula ideal para potenciar nuestra fortaleza y dejar de ser frágiles.

 

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