La plaga del burnout. Conoce algunas de las causas que lo provocan y cómo prevenirlo

Si introducimos el término burnout en el buscador de Google aparecen casi ochenta millones de resultados, mientras que la Organización Mundial de la Salud ha declarado esta dolencia como una enfermedad. Estos dos datos dan idea de la preocupante dimensión que ha adquirido este síndrome en nuestros días, que lleva a miles de personas a padecer un agotamiento físico, psicológico y social con graves consecuencias para la salud.

Son muchas las causas que pueden originar esta situación, desde el propio carácter de las personas que pueden poseer una baja autoestima, confianza y menos tolerancia a las críticas, hasta el nivel de importancia que otorgan al trabajo en sus vidas, pasando por los compañeros, los clientes, los jefes, la cultura de la empresa… Sin embargo, existen algunas causas muy específicas que son típicas del tiempo en el que vivimos y que tienen una alta influencia en que el burnout se esté convirtiendo en una plaga, y afecte ya a un diez por ciento del total de la población que trabaja.

Algunas causas que originan el burnout sin darnos cuenta

Este síndrome es silencioso y posee etapas en las que nos va avisando hasta que llega a manifestarse en episodios más agudos. Igualmente, algunas de las variables que lo provocan viven con nosotros, son hijas de nuestra época y nos afectan sin apenas ser conscientes de ello. Cuatro son especialmente relevantes.

Pérdida de conexión con el valor final de nuestro trabajo. Probablemente la razón más importante de todas. Gran parte de los empleos que existen hoy han perdido la conexión con el valor real que aportan a otras personas, al entorno y al mundo. Se trabaja en lo intangible, hacia dentro y nos convertimos en el eslabón de una inmensa cadena de la que apenas tenemos noticias de su resultado final. ¿Para qué trabajamos? ¿Qué utilidad y beneficio aporta a los demás? ¿Es algo tangible que podemos sentir, ver o tocar? Si no se recupera ese sentido en el trabajo, esa utilidad clara, el riesgo de sentirse quemado aumenta enormemente.

Interdependencia excesiva. No es lo mismo trabajar en equipo que hacer que todo lo que realicemos sea interdependiente. Estamos viviendo una pérdida de autonomía y responsabilidad en lo que al final entregamos, y esto hace que vivamos desmotivados y frustrados a partes iguales, cayendo a menudo en la inacción. No poder tomar decisiones de forma autónoma nos convierte en dependientes primero, y en seres victimizados después que acaban perdiendo la confianza.

Velocidad y el cortoplacismo. Más rápido es el mantra dominante. Y la rapidez va unida al corto plazo. Sin largo plazo no hay posibilidad de construir perspectivas de futuro y sin ello, desaparecen el compromiso y la perseverancia, dos cuestiones fundamentales que evitan el síndrome del burnout. El cortoplacismo consume nuestras energías y nos deja sin aire.

Sin reto ni aprovechamiento de las capacidades. Pocas cosas son tan desmoralizantes para un ser humano como no tener retos ni ver cómo sus capacidades y sus competencias pueden ser aprovechadas al máximo. La idea de progreso nos hace sentir plenos, y para ello se requiere de un desafío y de la puesta en juego de las facultades de las que disponemos. Lamentablemente, buena parte de las personas solamente hacen lo justo para pasar el día.

¿Cómo prevenirlo? Di NO

Pocas fórmulas hay tan útiles como el NO para conseguir evitar los problemas del burnout.

NO a un trabajo donde no vemos el valor final que aportamos. Nadie debería pasar ocho o nueve horas cinco días a la semana haciendo algo que no sabe realmente el beneficio que aporta y la utilidad que tiene para los demás. Debemos preguntarnos para qué existe este trabajo y que valor final entregamos al mundo con nuestra tarea.

NO a la falta de autonomía. Sí al trabajo en equipo, a las conexiones con los demás, a los puntos de vista diferentes. Pero no a empleos donde no tengamos ni un gramo de autonomía para tomar decisiones y donde vivamos pendientes de aprobaciones interminables.

NO a una visión cortoplacista. Es indudable que el mundo es veloz y que la rapidez es necesaria, pero en su justo equilibrio. Decir no al correr por correr, al trabajar sin un sentido de final a más largo plazo. Si no somos capaces de ver más allá de hoy, ese trabajo no nos merece.

NO a la falta de reto y de aprovechamiento de las capacidades. Nunca debemos estar en lugares donde no existe un cierto desafío y donde no se permite poner en juego nuestras facultades y mejorarlas.

Liberarse del burnout, como casi todo en nuestra vida, comienza con una firme decisión interior.

Descubre cómo el coaching puede ayudarte a prevenir o superar el burnout.

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