¿Por qué resulta tan difícil ser original en nuestros días? Los 11 factores que nos alejan de ser originales

Partamos de una definición sencilla de lo que es ser original. La originalidad es cultivar y desarrollar una perspectiva propia y diferente del resto, y expresarla a través de nuestros pensamientos y actos, alejándonos de las corrientes masivas. Potencialmente está en el interior de todos nosotros, pero en la realidad, cada vez nos cuesta más serlo, y el resultado es que nos vamos pareciendo unos a otros como malas copias. Sin embargo, la originalidad es una de las principales vías para nuestra realización como personas, porque afecta directamente a nuestra esencia, a lo que deberíamos ser y no somos.

La tecnología, la globalización y un capitalismo exacerbado son los marcos que han propiciado una serie de circunstancias que nos alejan de nuestra originalidad, propia, personal e intransferible. Estos son los 11 factores.

Los 11 factores que nos alejan de la originalidad

Visibilidad. Si no se ve, no existe. Vivimos en una época donde todo necesita ser etiquetado para poder ser encontrado y localizado en la red. Si no es posible encuadrarnos en una categoría, no se nos puede etiquetar y no se nos puede ver. Los buscadores y los algoritmos nos ignorarán, y esto significa dejar de existir. Así que intentamos jugar en las mismas categorías y con las mismas etiquetas para no quedarnos fuera. La originalidad, en cambio, resulta difícil de categorizar y de introducir en una taxonomía.

Tiranía de los datos. Da igual que sean falsos o verdaderos, y cuál sea su origen. Lo que ahora no está refrendado con datos, no es respetado ni tenido en cuenta. Cuando somos originales, lo que sustenta nuestro punto de vista en las primeras etapas es la intuición. Y la intuición no se lleva bien con el dato.

Socialmente aceptado y aceptable. La nueva inquisición es lo socialmente correcto. Ser original es provocar de una manera sana y constructiva. Y exige una inteligencia por parte de la sociedad para ponerla en el lugar que le corresponde y entender sus límites. Cualquier atisbo de provocación es mutilada y estigmatizada, porque no se entiende o quiere entender que se encuentra en un nivel diferente.

Corto plazo y resultado inmediato. Lo queremos todo y lo queremos ya. Deseamos que sea rentable y exitoso. Pero la originalidad no va de eso, sino de riesgo y de realización interna y personal, no de resultados externos y económicos, por lo menos en sus comienzos.

Fugacidad. Comprender lo original necesita tiempo y reposo. Y también esfuerzo. Hoy en día todo pasa demasiado rápido y fugaz. Nada permanece el tiempo suficiente para consolidarse porque puede la novedad.

Intolerancia al error. Nos pasamos todo el día pregonando la importancia de tolerar el error. ¿Por qué? Precisamente por lo contrario. Porque nuestra sociedad no tolera el error o lo hace arregañadientes. Está en el discurso, pero no se perdona. Afortunadamente, ser original es equivocarse.

Aislamiento social. Estamos más conectados y menos comunicados que nunca. Porque la comunicación real implica afecto, tiempo e interés real por conocer al otro, por escucharle y respetarle. Esa incomunicación nos aísla y buscamos como nunca el pertenecer a algo. Por eso adoptamos conductas similares que nos den la sensación de formar parte de algo. El resultado es que nos hemos alienado y hemos sacrificado nuestra parte original.

Popularidad. El éxito hoy se mide en likes. Ser popular es SER con mayúsculas. Pero la originalidad muy a menudo está reñida con gustar a todo el mundo. Es difícil actuar de forma diferente cuando se busca el mainstream.

Satisfacción de necesidades. Existe una gran obsesión por satisfacer necesidades, por segmentar mediante variables cada vez más complejas, y de automatizar ese proceso mediante máquinas. Pensamos que podemos delimitar claramente el pensamiento y el deseo humano, y nos obsesionamos por introducir lo científico en lo impredecible, dejando el instinto apagado. Pero el ser humano siempre posee un fondo de imprevisibilidad.

Especialistas. Primamos la especialización. Creamos silos de expertos que saben mucho de un campo muy limitado y poco de otras disciplinas. Y entre esas disciplinas, establecemos barreras y fronteras cada vez más densas. La originalidad es lo opuesto, y nace y vive de combinar perspectivas diferentes y saltar murallas.

Utilidad. Todo debe ser útil. El utilitarismo se ha elevado a la máxima potencia. Un utilitarismo identificado con la funcionalidad. La originalidad a veces está reñida con esa utilidad funcional básica, porque propone una utilidad más abstracta, que va más allá de lo tangible y evidente.

 

A pesar de estos 11 factores, la originalidad forma parte de nuestra esencia, y siempre ha sido y será capaz de superar todos estos impedimentos y el verdadero motor del cambio. Ser originales es ser humanos.

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