¡Pasa a la acción! Descubre los beneficios de ponerte en marcha ya

Una de las grandes causas del malestar e insatisfacción que tenemos en nuestro día a día es la incapacidad de pasar a la acción. Nuestra mente es una máquina de crear casi infinita así que, aunque queramos, es imposible convertir todo aquello que pasa por nuestra cabeza en actividad. Esto nos causa un problema, porque nuestra zona cerebral más ancestral, la reptiliana, está entrenada para ponerse en marcha. Todo lo que no sea actuar nos genera pérdida de confianza, fuerza, poder y voluntad, y acaba afectando a nuestra autoestima. Obviamente, al no poder convertir todo en acción, es un paso previo fundamental antes de actuar el fijarse unas metas y unas prioridades, así como escribirlas para sacarlas de nuestra cabeza y poder tener claridad a la hora de abordarlas.

Una vez hecha esa priorización, es esencial pasar a la acción sin demora. Cualquier acto bien enfocado y alineado con nuestras metas, por pequeño que sea, tiene unos enormes beneficios.

Los beneficios de ponerse en marcha y actuar

Cuando actuamos con sentido y sin dilación, las ventajas de hacerlo son numerosas y de amplio calado para mejorar nuestro bienestar.

Aumenta la confianza. Una acción alimenta otra acción, y va llenando nuestro depósito de confianza. Nos hace vernos capaces, y esto genera una mayor sensación de poder.

Proporciona seguridad. Cuando actuamos, desarrollamos un cierto grado de independencia, y cuanto más independientes nos vemos, más seguros nos encontramos.

Aumenta la fuerza y la voluntad. Ponerse en marcha es igual que lo que sucede con nuestros músculos. Cuanto más los ejercitamos, más los fortalecemos. Con la fuerza y voluntad sucede exactamente igual. A más acción, más se recarga nuestra fuerza y mayor refuerzo de la voluntad.

Perdemos el miedo. El miedo tiene uno de sus orígenes en quedarnos paralizados. El simple hecho de hacer cosas tiene un efecto liberador sobre nuestros temores. Además, la experiencia nos va demostrando de lo que somos capaces y de que nada a lo que nos enfrentamos es tan terrible como lo que imaginábamos.

Desbloqueamos nuestra mente. Nuestro cerebro se bloquea porque recibe demasiados impactos que se convierten en tareas pendientes, y se van acumulando hasta que nos acaba paralizando. Hacer cosas vacía nuestra cabeza.

Mejora el equilibrio emocional. Cuando el cerebro va acumulando cosas y las va dejando sin hacer nada con ellas, se va rebosando también nuestro caudal emocional hasta llegar a desbordarse más fácilmente y sin control. Sobre todo, el no actuar crea sentimientos de enfado y de ira. Si pasamos a la acción, al aumentar el nivel de confianza y liberar pendientes, reducimos esa tensión.

Aprendemos. La experiencia es una extraordinaria vía de aprendizaje, que confronta la realidad con lo que pensamos y hacemos, y esto es una excelente fuente de aprendizaje.

Mayor realización. Actuar contribuye a hacer las cosas tangibles y esa materialización nos ayuda, paradójicamente, a trascender. La trascendencia es una combinación armónica de hacer, sentir y pensar.

Ponerse en acción tiene incontables beneficios, como hemos comprobado. Y depende solo de nosotros el iniciar ese camino.

Descubre cómo el coaching puede ayudarte a ponerte en marcha

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