Sin Metas no hay paraíso. Descubre el increíble poder de ponerse metas en la vida y cómo fijarlas

¿Qué diferencia a las personas que destacan del resto? ¿Qué hacen que tengan éxito? Cuando observamos a gente que sobresale, pensamos que están dotados de un talento o una inteligencia especial que les impulsa y les ayuda a despuntar sobre los demás. Pero la clave no se encuentra en esto, sino en un paso inicial que parece menor y, en cambio, es el fundamental porque sin él no existe el resto. Son las metas. Detrás de ese éxito se encuentra siempre una meta clara que se persigue sin desfallecer y de manera enfocada. Algo que parece de sentido común pero que casi nunca practicamos. Distintos estudios recogen que vivimos un 95 % de nuestra vida con el piloto automático, con nuestro subconsciente, lo que significa que no nos planteamos para qué hacemos las cosas y lo que realmente queremos y deseamos. Otro estudio reciente recogía que un 47 % de nuestro tiempo lo pasamos pensando en el pasado, en el futuro o en otras cuestiones que nada tienen que ver con estar centrados en vivir lo que nos está pasando en ese momento. Si programamos nuestro subconsciente para que nos ayude a lograr lo que deseamos de verdad, lo pondremos a nuestro servicio y todo lo que hagamos sumará para lograr nuestros objetivos, y centraremos adecuadamente nuestra atención en ese presente.

Cuando fijamos nuestras metas adecuadamente, activamos lo que se llama la ley de atracción, porque hacemos que nuestro cerebro focalice sus zonas de atención selectiva hacia lo que realmente deseamos, y comenzamos a ver oportunidades que antes estaban a nuestro lado y por esa falta de definición del objetivo, no éramos capaces de ver. Las metas nos proporcionan la energía para ponernos en marcha hacia lo realmente importante y cada logro nos va proporcionando confianza y fuerza para continuar. Pero para que estas metas funcionen, hay que tener en cuenta una serie de factores.

Claves para que las Metas funcionen

Si queremos que nuestras metas causen el efecto deseado de transformar realmente nuestra vida, tienen que cumplir una serie de requisitos:

Delimitar los ámbitos donde fijaremos las metas. Salud, familia, relaciones, trabajo, dinero…Debemos decidir qué ámbitos son los más importantes en nuestra vida e ir priorizándolos para fijar en ellos las metas.

Claras y específicas. Las metas no pueden ser algo nebuloso e indefinido. Tienen que ser concretas y específicas, que sean claramente entendibles y recordables. Solo de esta forma seremos capaces de que nuestro subconsciente las fije adecuadamente.

Positivas. Su efecto no funciona si no están enunciadas en positivo. Si deseamos atraer lo positivo, no podemos fijar lo que no queremos, sino lo que queremos.

En primera persona. Es fundamental para interiorizarlas. Son nuestras metas, no las de otro y hay que vivirlas y sentirlas en primera persona. Sin esto, no hay compromiso.

Equilibradas. No pueden ser ni irrealistas ni excesivamente conservadoras. Deben suponer un reto alcanzable e ir paso a paso. Podemos fijarnos metas muy ambiciosas, pero hay que darles más plazo y establecer etapas intermedias.

Fijadas en tiempo. Si no hay límite de tiempo, no conseguiremos programar nuestro cerebro. Si le ponemos ese espacio temporal, de manera subconsciente lo automatizamos y se introducen en nuestro piloto automático para ir a por ellas.

Pensadas a futuro. Las metas siempre se piensan a futuro, no en presente. Cuando lo situamos en un horizonte de futuro, nos proyectamos, y esto nos motiva y nos mueve.

Visualizadas. Si las hemos hecho lo suficientemente específicas y claras, es importante visualizarse cómo estaremos en ese futuro logrando esas metas y traerlo al presente. ¿Cómo nos vemos y nos ven? ¿qué sentimos? ¿qué pensamos de nosotros mismos? ¿qué acciones estoy realizando una vez conseguida la meta? La visualización lo incrusta en nuestra mente con una imagen concreta que nos ayuda a su consecución.

Emocionales. La visualización ha de ir acompañada de una alta carga emocional positiva. Solo acompañándola de emociones conseguimos evitar que nos boicoteemos.

Focalización. Establecemos la meta prioritaria y no nos desviamos. Nos enfocamos en ella sin dudas y nos comprometemos con su consecución. No dejamos que otros asuntos nos despisten.

Escritas. Escribir las metas todas las semanas nos ayuda en tres aspectos: el primero de ellos es que las mantiene vivas y nos centra; por otra parte, escribir las hace tangibles y nuestro cerebro necesita tangibilidad para interiorizarlas; finalmente, hacerlo todas las semanas va cribando el interés real y nos vamos quedando con las realmente importantes para nosotros.

Vividas. Vivimos para conseguir esas metas. Nos levantamos y acostamos con ellas en la cabeza. No son una obsesión, pero siempre están presentes y comenzamos a actuar como si ya estuviéramos cumpliéndolas para empujarnos hacia su cumplimento.

Trabajadas cada día. Día tras día, trabajamos un poco sobre ellas. No dejamos de hacerlo en momento alguno. Construir el camino hacia la meta se hace día a día, no a saltos.

Seguidas. Cada poco tiempo comprobamos el grado de cumplimiento de las metas planteadas para saber si estamos o no en el camino correcto.

Debemos recordar siempre que el éxito no está en el talento, sino en una buena fijación de metas, en su claridad y en el trabajo enfocado a diario para lograrlas. Algo que depende fundamentalmente de cada uno de nosotros.

 

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