El poder del silencio

Vivimos en un mundo repleto de ruido, y apenas ya nos damos cuenta. Hasta tal punto de que en Europa perdemos anualmente el equivalente a 45000 años de vida saludable por la contaminación acústica a la que nos vemos sometidos. Pero ese ruido no solo está relacionado con esa contaminación. Cada vez nos escuchamos menos entre nosotros, respetamos menos los silencios y practicamos una suerte de monólogo continuo, en lugar de un diálogo con los demás.

Ansiedad, estrés, hiperactividad, falta de concentración, conflictos en las relaciones, menor creatividad, peor calidad en el aprendizaje. Estas y otras muchas consecuencias son provocadas por el ruido.

Por contra, el silencio es poderoso. Posee múltiples beneficios que mejoran nuestra salud, nuestro rendimiento y nuestra relación con los demás. Descubre ahora algunos de esos beneficios.

Los beneficios del silencio

Mejora nuestro bienestar físico. Cuando estamos sometidos a estímulos auditivos continuos, nuestro cuerpo reacciona físicamente descargando cortisol, la hormona del estrés, porque esos estímulos auditivos se interpretan en nuestro cuerpo como una señal de alarma a la que reaccionar. Tensa nuestros órganos y nuestros músculos. El silencio actúa en sentido contrario. Nos permite segregar endorfinas y serotonina que nos aportan felicidad y serenidad, reduciendo el estrés.

Regenera nuestro cerebro. El silencio tiene un efecto similar al del dormir. Permite regenerar las neuronas en el hipocampo, lo que mejora nuestra regulación de las emociones, la memoria y el aprendizaje.

Potencia nuestra creatividad. Permanecer en silencio dispone nuestra mente adecuadamente para realizar conexiones neuronales y para generar nuevas ideas.

Reordena y estructura nuestras ideas. No solo nos ayuda a generarlas, sino a ordenarlas y estructurar nuestro pensamiento. Las reordena y ubica adecuadamente para poderlas recuperar cuando lo deseemos.

Aumenta nuestro autoconocimiento. El conocimiento de uno mismo requiere el poner en marcha los procesos cerebrales reflexivos. Este es un trabajo que se realiza en buena parte en la corteza prefrontal, y dicha zona del cerebro se activa cuando practicamos el silencio.

Incrementa nuestro bienestar emocional. Estamos sometidos a continuos impactos que somos incapaces de asimilar, eso nos hace reaccionar con nuestro sistema más instintivo y nos impide gestionar las emociones adecuadamente, provocando tensión y desequilibrios. El silencio nos aporta distancia ante esos impactos y que no reaccionemos a todo instintivamente, ayudando a regular nuestras emociones y aportando bienestar.

Impulsa la calidad de nuestras decisiones. El ruido nos lleva a actuar impulsivamente en muchas ocasiones y esto hace que tomemos muchas decisiones precipitadas. El silencio permite ese tiempo necesario para la reflexión, valoración y actuación más racional.

Beneficia nuestras relaciones sociales. La falta de escucha fomenta los prejuicios y malas interpretaciones, y es un generador de tensiones y de problemas en las relaciones. Además, nos impide comprender a los demás. El silencio nos proporciona ese espacio para conocer a los demás, para mostrarles respeto y, finalmente, para desarrollar empatía hacia ellos.

Desarrolla la capacidad de concentración. Cuando estamos en silencio, activamos nuestro sistema ejecutivo cerebral formado por la corteza prefrontal, la corteza del cíngulo y la corteza orbitofrontal, todas ellas fundamentales para inhibir nuestros impulsos y focalizarnos en un objetivo determinado.

Permite una obtención de información de más calidad. Íntimamente relacionado con el anterior punto, cuando nos concentramos, somos capaces de extraer información de mayor calidad, con más matices y detalles.

Proporciona un aprendizaje más eficaz. El silencio facilita un aprendizaje más eficaz no solo porque nos concentramos mejor y obtenemos información de mayor calidad, sino porque todos los circuitos neuronales y partes del cerebro relacionadas con la reflexión y con la memoria a corto y largo plazo se ponen en funcionamiento.

Y es que el silencio es una poderosa herramienta que podemos practicar todos los días y usarlo para mejorar nuestro bienestar general.

 

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