Cuidado con lo que deseas, tus expectativas pueden jugarte una mala pasada. Descubre cómo mantenerlas bajo control para conseguir resultados que te satisfagan

“Pensaba que esto iba a ser de otra manera”, “Me siento defraudado”, “Nunca imaginé que esto fuera a ser así”… Seguro que en más de una ocasión has pensado o pronunciado alguna de estas frases. Todas ellas son el resultado de expectativas defraudadas, de la diferencia entre lo que te imaginas y la realidad. Esa resultante, cuando no es positiva, te origina frustración, decepción y a menudo, desconfianza. En esa ecuación, a veces es difícil intervenir en la realidad. Sin embargo, actuar en tus expectativas resulta más sencillo y va a permitir que se disminuya esa diferencia entre lo que imaginas y lo que obtienes.

Para eso, es importante tener en cuenta algunas causas que originan que a menudo caigas en la sobreespectativa. Tenerlas bajo control es la mejor garantía para obtener satisfacción, reforzar tu confianza y no sentirse decepcionado.

Algunas claves para que controles tus expectativas

La memoria selectiva y la idealización del pasado.  Siempre que se mira al pasado, tu mente se queda con lo mejor para ahorrar un recuerdo doloroso. Esto hace que cualquier comparación de lo que obtienes con el pasado pueda provocar que no lo valores adecuadamente, porque lo estás comparando con algo idealizado. Procura no comparar lo que has obtenido con el pasado.

Visión de un futuro perfecto. Cuando miras al futuro, aunque el panorama no sea muy halagüeño, siempre piensas que no será igual para ti e imaginas ese porvenir perfecto. Los resultados de lo que consigas te parecerán que no están a la altura de lo imaginado. Sustituye el futuro perfecto por el futuro suficientemente bueno para ti.

Autopercepción mejorada. Es la tendencia a ver siempre la mejor cara de ti mismo. En tu cabeza existe una imagen que no corresponde siempre con la realidad. Es por lo que no nos gustamos cuando nos vemos en muchas fotos o cuando oímos nuestras voces grabadas. Has generado una percepción desde tu mejor ángulo, pero tienes muchos más ángulos. Es difícil satisfacer siempre esa percepción mejorada. Para evitarlo, sé consciente de que tú eres más que una sola perspectiva.

Fijarse solo en el éxito. Si ves un caso de éxito, solo conoces la punta del iceberg, el triunfo, pero no tienes un testimonio de todo el esfuerzo que a esa persona le ha llevado para conseguir dicho éxito. Esto provoca que cuando te esfuerzas y no consigues algo, te mires en el triunfo de otras personas y te desmoralices. No mires el éxito, mira el esfuerzo que hay debajo.

Los demás lo hacen mejor. Compararse con los demás nunca funciona. ¿Por qué? Solo ves su mejor parte, pero no todo lo que está oculto. La hierba no crece más verde en el jardín de al lado. Cada uno tenemos nuestro jardín. Recuérdalo siempre.

El efecto halo. Que hayas obtenido un éxito anteriormente no significa que vaya a ocurrir lo mismo en la próxima ocasión. Sé consciente de que cada circunstancia es algo nuevo y el resultado puede ser diferente.

Exceso de confianza.  Sobrestimar las capacidades propias es algo común. Esto te lleva a subestimar los riesgos a la hora de conseguir los objetivos que te plantees. Estima tus capacidades y mejóralas, pero no las sobrestimes.

Todo bajo control. Normalmente cualquier cosa que emprendas hoy en día tiene un alto grado de interdependencia, y muchas de esas dependencias escapan de tu control. Ten en cuenta que hay cosas que influyen en tu resultado que no podrás controlar enteramente.

Opciones múltiples. Si tienes muchas opciones, tus expectativas suben. Pero cuando escoges, te das cuenta de que tu opción no es tan completa como la suma de todas y las expectativas se incumplen. Reducir el número de opciones donde elegir es importante para no caer en este efecto.

Optimismo irracional. Creer que todo se arreglará finalmente, pase lo que pase, crea una ilusión falsa. Las cosas se arreglan cuando se actúa sobre ellas. No esperes lo mejor si no actúas sobre ello.

Tus expectativas son un motor excepcional para moverte hacia el futuro, pero para que te impulsen adecuadamente y no caigas en la frustración y desconfianza, es importante mantenerlas bajo control.

 

Descubre cómo el coaching puede ayudarte a manejar tus expectativas

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