A largo plazo no estamos todos muertos, pero a corto plazo sí. Descubre los 10 beneficios de pensar a largo plazo

“A largo plazo, todos muertos” decía Keynes hace poco menos de un siglo. Y parece que, a día de hoy, hemos llevado su consejo al extremo. Vivimos una cultura de la inmediatez absoluta, del “lo quiero ahora”, donde aguardamos menos de tres segundos a que cargue una página web, en la que esperamos que nuestros pedidos online lleguen ya en unas escasas horas, donde esperamos dietas milagrosas que funcionen en un mes, aprender idiomas en semanas o cambiar radicalmente nuestras vidas leyendo un par de libros de autoayuda o asistiendo a alguna conferencia.

Nos hemos habituado a vivir en el hiper cortoplacismo y a funcionar con la respuesta inmediata, emocional e instintiva. ¿La consecuencia? Ansiedad, estrés, falta de control en nuestras vidas, desmotivación, falta de compromiso, sentimiento de urgencia que nos impide descifrar lo que es verdaderamente importante, y la vaga sensación de que la vida se nos va escapando sin hacer lo que realmente queremos, con la consecuente sensación de frustración e impotencia.

Olvidarte del corto plazo y de la inmediatez, y comenzar a pensar más en el largo plazo te proporciona una serie de beneficios que aportan mayor plenitud a tu vida. Descubre ahora algunos de ellos.

Los 10 Beneficios de pensar a largo plazo

Autoconocimiento. Si piensas a largo plazo y tu espectro temporal es mayor, te permites otorgarte más tiempo de reflexión. Te proporcionas espacios para conocerte mejor, tomar conciencia de lo que eres y cómo piensas, sientes y actúas y, a partir de ahí, hacerte responsable de lo que te ocurre y ponerte en marcha.

Control. Cuando dejas de actuar en el corto plazo, comienzas a planificar y a priorizar, y esto elimina ese sentimiento de urgencia y te aporta un mayor control sobre lo que haces.

Motivación. La motivación intrínseca, la que sale de dentro y no viene del exterior, es la más duradera y la que te mantiene activo e implicado. Pensar a largo plazo te proyecta al futuro y el futuro es una fuente de motivación intrínseca.

Compromiso. Nadie se compromete con las cosas cuando son poco duraderas. Si adoptas una visión con más perspectiva, aumentas tu compromiso y este compromiso es básico para no abandonar.

Confianza. Cuanto más compromiso adquieres contigo mismo, mayor confianza muestras en todo aquello que haces.

Decisiones. La calidad de tus decisiones aumenta porque manejas más información y utilizas mucho más los procesos de reflexión en lugar del instinto más básico.

Disfrutar el momento. Proyectarse al largo plazo reduce tus prisas en el presente, y te facilita detenerte en los momentos y disfrutarlos más.

Mejores relaciones. Cuando el corto plazo no te atenaza, eres más paciente y te das permiso para escuchar a los demás, lo que provoca que mejoren tus relaciones.

Más aprendizaje. Si se reflexiona más, se escucha más y se disfruta más intensamente y con conciencia del presente, tu proceso de aprendizaje será mayor y mejor.

Identidad más sólida. Finalmente, al tomar el control de tu vida y mirar más allá de lo instantáneo, irás construyendo una identidad más sólida y fuerte que te mantendrá firme ante cualquier eventualidad.

Como ves, pensar a largo plazo no significa “estar muerto” sino todo lo contrario. Piensa a largo plazo y dale más sentido a tu vida.

 

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