15 aprendizajes de este año para el nuevo que entra

Todos, aunque a veces de manera inconsciente, cuando cerramos el año valoramos cómo nos ha ido, lo que esperamos y lo que deseamos para el siguiente. Hay años que parece que nada ha sucedido, y otros en los que tenemos la sensación de que todo se ha removido y nuestra vida ha cambiado por completo. Lo cierto es que, de cualquier circunstancia, por pequeña que sea, podemos aprender mucho si tenemos la actitud adecuada. Os dejo algunos de mis aprendizajes de este año que, aunque muy personales, seguro que os pueden ayudar para enfocar el año que entra.

 

Espera lo mejor, prepárate para lo peor. En nuestras vidas hay acontecimientos no previstos que pueden sucedernos y cambiar nuestras vidas. Esperar lo mejor nos sitúa siempre en una actitud positiva y optimista, y prepararnos para lo peor nos coloca en un estado de buena disposición para enfrentar todo aquello que nos venga con la mejor predisposición. Lo importante no es lo que nos sucede sino como percibimos, vivimos y actuamos ante lo que nos sucede.

Tomar la responsabilidad de nuestras vidas. Somos los principales responsables de nuestras vidas. Delegar la responsabilidad de lo que nos ocurre en otros y en las circunstancias nos convierte en víctimas, y nos lleva a vivir con miedo, inseguros y a no actuar. Nunca debemos permitir no sentirnos responsables de lo que nos pase.

Ponerse en marcha y hacerlo ¡ya!. La principal causa del estrés en nuestros días es no actuar. Esto no significa hacer por hacer, pero es vital que nuestros sueños, ideas, pensamientos, no se queden ahí, en nuestra mente y que se conviertan en algo tangible. El mejor momento para hacer algo es ahora. Si uno quiere, encuentra cualquier momento ideal para comenzar. Hay que ser proactivo.

Ordenar valores y creencias y vivir conforme a ellos. La razón por la que no actuamos y no nos sentimos muchas veces plenos es porque no conectamos nuestros valores y creencias con lo que hacemos. Repasar y ordenar nuestros valores conforme a lo que queremos conseguir nos ayuda a tomar fuerza. Revisar nuestras creencias y reformularlas elimina los frenos a la acción.

Nuestro valor y potencial está en nosotros, no en lo que digan los demás. Somos nosotros los que estamos obligados a descubrir nuestro valor y potencial y a desarrollarlo. Lo que digan los demás, sea positivo o negativo, no debe marcar nuestra valía. Hay que conocerse bien, descubrir nuestro valor y hacerlo brillar. Las opiniones de los demás nos ayudan a situarnos, a vernos desde otra perspectiva, a sacar lo mejor de nosotros mismos, pero nunca, nunca, marcan lo que valemos.

Hay que huir del autosabotaje. Somos nuestro mejor aliado y el peor enemigo. No podemos permitir que el no puedo, el no valgo y el no sé se adueñen de nuestros pensamientos. Hay que huir del autosabotaje y transformarlo en sí puedo, sí valgo y sí sé.

Rodearnos de personas positivas. Siempre debemos buscar rodearnos de personas que nos inspiren y aporten una visión positiva de las cosas. El poder de lo positivo es inmenso, pero la trampa de caer en lo negativo es muy tentadora. Es necesario alejarnos de las personas negativas y buscar a las positivas.

Crear hábitos pero no hacerse preso de ellos. Es fundamental que nos procuremos hábitos que nos ayuden en la consecución de nuestros objetivos. Estos mecanismos ordenan nuestras vidas y nos enfocan. Pero también es básico no hacernos presos de ellos y tener una mentalidad de cambio cuando sea necesario. Ser presos de nuestros hábitos puede llevarnos a la obsesión y a no aprender.

Mente que aprende. Cultivar siempre una mente que aprende. Ver en cada cosa que vivimos y que nos ocurre una oportunidad de aprendizaje. Fascinarse por lo que nos rodea y mantener viva la curiosidad.

Mentalidad de abundancia. Tenemos que desterrar la mentalidad competitiva y pensar que hay abundancia. Esto nos lleva a pensar siempre opciones originales y a cooperar con los demás. No competimos, colaboramos. Y si no somos capaces de colaborar después de explorar opciones diversas, no tener miedo a decir que no.

Tratarnos con cariño, amor y delicadeza a nosotros mismos. Lo que nos digamos y cómo nos juzguemos, hemos de hacerlo con cariño, amor y delicadeza. No seamos injustos ni duros con nosotros y comencemos a cuidarnos. Solo así también podremos hacerlo con los demás.

Practicar la gratitud. La vida no es un trámite ni un sufrimiento. No podemos dejarla pasar. La vida es un regalo al que hay que sacarle partido. Dar gracias por ella y saber que cada día cuenta.

El secreto de las pequeñas cosas. Pensar en grande y actuar en pequeño. Ni más ni menos. En las pequeñas cosas está el secreto de una vida plena.

Hacer oír nuestra voz. No podemos dejar que cualquier circunstancia o persona pueda ahogar nuestra voz. No debemos traicionarnos, sino expresarnos y no tener miedo a las consecuencias. La coherencia nos hará sentir bien pase lo que pase.

Combatir la pereza. La pereza es nuestro peor enemigo. Hay que estar alerta y no caer en ella.

 

Y no olvidemos que el año será lo que nosotros queramos que sea.

 

¡Disfruta!

 

 

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