¿Cuándo debo cambiar de trabajo? Conoce las claves que te ayudarán a saber cuándo hacerlo

Nada es para siempre, y el trabajo tampoco es una excepción. Y menos en nuestros días. Sin embargo, todavía subsiste la idea de que es un mal menor que hay que tolerar para poder tener tranquilidad y seguridad, y continuar disfrutando de determinadas cosas que, sin ese empleo, sería imposible tener.

Y es así como, aún siendo conscientes de que hay muchas cosas que no funcionan, dejamos correr días, meses y los años, pasando un tercio de nuestra vida en un lugar donde lo mejor que podemos decir es que nos deja indiferentes, cuando no nos hace infelices.

De repente, nos convertimos en una especie de zombies, asumiendo que perdemos 8 horas diarias de muestra vida con total normalidad. A mí me ha pasado. Si tú también has vivido o vives esta situación, te invito a conocer algunos puntos que te harán reflexionar sobre si ha llegado el momento de cambiar de trabajo.

No hay trabajo seguro. Cuanto antes lo entiendas, más dueño serás de tu destino

Antes de entrar en estos puntos, es importante recordar que no hay trabajo seguro. Si lo que te frena es la seguridad de una nómina, deberías tener en cuenta lo siguiente:

Lo primero es que tu seguridad depende de cómo vayan los resultados (y no siempre). Ya puedes haber tenido un desempeño increíble durante años y años, que si los resultados no se cumplen, tu puesto puede correr peligro.

De otra parte, ningún trabajo es autosuficiente. Las interdependencias son cada vez mayores y tu desempeño muchas veces depende del rendimiento de otros. Si este no es bueno, tu trabajo se resiente y puede precipitar una salida.

También debes tener en cuenta a tus jefes. Es habitual cambiar de jefes cada cuatro o cinco años como mucho. Cada cambio de jefe supone poner tu cuenta a cero y volver a demostrar lo que puedes valer y lo que has hecho. Una falta de sintonía con tu jefe puede hacerte caer de tu puesto.

Y no debes olvidar la vertiente política de las organizaciones. Al ser un sistema donde las personas se relacionan, se producen conflictos de intereses, fricciones y tensiones que originan luchas internas en las que puedes verte involucrado sin quererlo y sin motivarlo directamente.

¿Y qué decir del aspecto emocional? Pues que, te guste o no, y hayas hecho lo que hayas hecho, las empresas se renuevan y la memoria de tus logros se desvanecerá. Así lo manifestaba Marcos de Quinto a su salida de su cargo en Coca-Cola, donde tras más de 35 años siendo una institución, afirmaba que tenía claro que en unos años nadie le recordaría en esa empresa, y narraba como ejemplo una visita a Oriente donde, en una de las oficinas de Coca Cola, ya nadie se acordaba de un directivo que durante más de 30 años fue allí la gran referencia y casi un mito. Polvo somos y en polvo nos convertimos en la empresa.
Así pues, existen numerosos factores que no dependen directamente de nuestro desempeño, y que pueden provocar la salida de la empresa. ¿Es entonces tu situación tan segura como pensabas?

Partiendo de esta premisa, nunca está de más que, de vez en cuando, revises alguno de estos puntos que ahora comparto para saber si estás en un momento de cambio de trabajo.

Claves para saber si debes cambiar de trabajo

Aunque cada caso es un mundo, hay algunos lugares comunes que todos deberíamos comprobar de vez en cuando para saber si hay que continuar donde estamos o poner en marcha un cambio. He aquí algunas claves.

Falta de respeto a los horarios de manera constante. ¿Tienes la sensación de que tu jornada laboral es una carrera sin fin? Si recibes correos sin distinguir cuando acaba tu horario a diario, si no se respetan los fines de semana y cualquier día es un día de trabajo, si te exigen responder de manera casi inmediata en cualquier momento, si las reuniones se convocan si tener en cuenta tu agenda… Cuando esto ocurre de forma continuada, hay un problema serio porque no hay una buena organización ni un respeto hacia tu trabajo y tu persona.

Sensación de que aportas poco valor. Si tienes esta impresión, si te preguntas el por qué te pagan por lo que estás haciendo, es que se están desaprovechando tus capacidades, estás infrautilizado y perdiendo el tiempo en tareas que sirven de poco (reuniones, correos, presentaciones, informes,…)

No conoces el contexto en el que se toman las decisiones. Si simplemente ejecutas decisiones pero nadie te las justifica, explica y contextualiza adecuadamente, estás en riesgo de quedarte aislado y desmotivado.

Bandazos continuados de la dirección. Cuando hoy te piden una cosa, y al día siguiente la contraria, y esto no es algo puntual, es que hay una clara falta de dirección competente que afecta a tu día a día y que seguirá haciéndolo, provocando que pierdas tu foco y seas menos eficaz.

No tienes capacidad de decisión. Si observas que tu capacidad de decisión sobre las tareas que realizas, tu área de influencia y tu tiempo han disminuido a niveles mínimos, tu puesto y perfil están perdiendo valor dentro de la organización.

Funciones que no cambian desde hace tiempo. Cuando lo has intentado, te has mostrado y preocupado para que tu puesto evolucione, pero sigue sin hacerlo, es momento de buscar alguien que realmente se preocupe de verdad porque evoluciones.

Quieres moverte pero nada de lo que ves en tu empresa te atrae. Puede que hayas decidido realizar un movimiento horizontal de puesto, pero no ves algo atractivo que te interese en la organización. Si te ha ocurrido esto, es que ya no hay motivación para seguir allí.

No recuerdas la última vez que aprendiste algo realmente motivador en el trabajo. Si bien es cierto que de todo se aprende, a menudo puedes sentir que hace tiempo que tu puesto no te proporciona experiencias ni personas de las que aprender. Es importante evitar ese estancamiento.

Desmotivado para aprender fuera del trabajo. Cuando no nos quedan fuerzas ni ganas para seguir aprendiendo cosas de nuestra profesión fuera del trabajo, es que estamos agotados mentalmente por la situación que vivimos y necesitamos refrescarnos. Es fundamental tener siempre una mente que aprende y no dejar que nada ni nadie sabotee ese impulso.

Ausencia de referentes internos. Mira alrededor. Si comienzas a encontrar dificultades para hallar personas que sean referentes para ti en algún ámbito (técnico, liderazgo, ético,…), es que la organización se está despoblando de gente valiosa.

Reconocimiento escaso. ¿Cuándo fue la última vez que recibiste un correo o una llamada de felicitación por algo concreto y definido? Si hace mucho tiempo de esto, la distancia con tus jefes es ya preocupante.

Falta de criterios claros. Si ya no sabes por qué se producen los ascensos, las promociones, los despidos, las decisiones de organigrama… es que hay una falta de criterios claros que va a afectar a tu tranquilidad y bienestar.

Se producen salidas constantes de personas. Bien sea porque son despedidos o porque ellos mismos se van yendo, observas que se está produciendo un goteo constante de salidas de personas.

Desconfianza con los compañeros de trabajo. Si notas falta de transparencia y que la gente calla más que habla y se guarda de decir muchas de las cosas que piensa, es que se ha extendido ya una cultura del miedo peligrosa de la que hay que salir, porque con el miedo es difícil construir algo positivo y motivador.

Ya no se hacen planes con tus compañeros más cercanos. Cuando ves que ya no hay interés en compartir algo más allá de las horas del trabajo de vez en cuando, y que todos están mirando el reloj para salir rápidamente, es que se ha adoptado una actitud defensiva y de protección ante un entorno que se ha convertido en difícil para la convivencia y del que se quiere huir.

Gran parte de las conversaciones son tóxicas. Si la gente se junta para hablar mal de la empresa, de la situación, de otros compañeros,… Hay un problema serio. Lo negativo tiene un gran poder para enganchar a las personas y hay que salir de ese círculo.

Aumentan las quejas de los clientes. Un incremento de las quejas de los clientes de manera generalizada está anunciando problemas serios de negocio de la empresa, y esto provocará medidas en su interior que pueden afectar a tu puesto de trabajo de forma no positiva.

Malos resultados económicos estructurales. Si los resultados económicos no han sido buenos y no han sido causados por algo coyuntural, sino que es algo estructural, la organización se verá comprometida a realizar cambios drásticos.

Problemas en tu salud física y emocional. Falta de sueño, cansancio continuado, sentimientos de irascibilidad y enfado, son algunas de las señales de que hay algo que no está marchando bien con tu trabajo.

Como comentaba al comienzo, los trabajos no son para siempre, pero lo que sí es para siempre es nuestra salud y nuestro bienestar. Poner estos dos factores como prioridad en nuestras vidas nos ayudará a que comprobemos estos puntos cada cierto tiempo, y tomemos las decisiones adecuadas para tener una existencia feliz. ¡La vida está llena de oportunidades y personas increíbles todavía por conocer!

¡Disfruta!

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